Sembradío de dudas - Efecto Cocuyo

Sembradío de dudas

En la economía todo es dudas
Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

Uno de los graves problemas que enfrentamos los venezolanos in situ es la pérdida, cada vez mayor, de una habilidad y necesidad humana: el tener una cierta claridad sobre el mañana y después.

En Venezuela la cotidianidad se construye sobre imprevistos y dudas. La cantidad de acontecimientos y giros de envergadura obliga a vivir no solo al día, sino al momento.  En ese país, el futuro pareciera no existir.

La situación política social y económica venezolana ha sembrado al país de incertidumbre. Nadie puede prever qué pasará más tarde, mañana, los días o meses siguientes. Lo imprevisto, lo que no es “normal”,  es lo usual para la gente en ese país.  Un país que le es extraño.

¿Podré llegar al trabajo?, ¿habrá clases?, ¿se dará la cita?, ¿encontraré transporte?, ¿habrá agua?, ¿luz?, ¿internet?.  ¿Habrá pan en la panadería?, ¿el banco tendrá dinero en efectivo? ¿Me alcanzará lo que tengo para pagar (lo que sea)?.  De ese pedestre tenor son nuestras dudas existenciales.

Venezuela es un sembradío de dudas

Esta inédita y singular situación de incertidumbre permanente y en todos los planos nos ha producido una suerte de miopía existencial: solo puede verse lo cercano en el tiempo, tanto como lo inmediato. Cada vez vemos menos más allá.  Nunca las ilusiones han sido tan semejantes a los sueños, cargados de irrealidad.

Planificar, presupuestar actividades básica para el adecuado funcionamiento personal o institucional, es imposible.  A no ser con un alto riesgo de equivocación.  El gran problema de no poder planificar es que no se sabe hacia dónde dirigir los pasos, hacia dónde vamos.  Vida de invidentes.  Por ello, mucha gente ha salido corriendo del país.

Sin embargo, por razones de equilibrio psíquico –La incertidumbre genera angustia, desasosiego-,  la gente trata de reducir las dudas hasta alcanzar un poquito de quietud.  Se buscan fuentes autorizadas que ofrezcan luz pero también se juega al oráculo o la ojiva a ver qué nos dicen desde más allá, escuchamos/leemos a vaticinadores de oficio, inventamos respuestas y explicaciones nosotros mismos.  Lo mismo da: no sabemos qué.

Para colmo, en la búsqueda de explicaciones solo admitimos el vaticinio cuando está en línea con lo que deseamos y, entonces, la  realidad se preña de deseos, no de factibilidades.

Junto a eso, los vertiginosos acontecimientos hacen que en Venezuela se viva como en una montaña rusa o americana.  Con altibajos, subibajas.  El día a día en vilo. La adrenalina a millón. La tensión en alto.  El  cansancio y exasperación de a toque.

Y no solo es sucesión de eventos en el país sino la intensidad de cada uno. El país no para en producir noticias que revuelven la vida.  No es exageración  En eso llevamos años.   Es agotador.

Y junto a los eventos está la cantidad de rumores, advertencias, amenazas, insultos potenciados por la redes virtuales.  La noticias falsas forman parte de la agenda diaria.  Provienen de analistas políticos, económicos, sociales surgidos de la nada.  Todos dueños de la verdad.

Las redes virtuales son un campo minado de especulaciones, enredan mucho. Hay gente que confunde opinión personal  con información, con verdad.

Esas redes, necesarias hasta lo imprescindible también pueden ser perniciosas en términos informativos.  Al menos hasta que aprendamos a movernos en ellas.  Algo que me llama la atención  en las redes venezolanas es la ingenuidad de la gente. Ávida de información, de certezas, es capaz de creer cualquier cosa.  Pareciera que esto fuera una conejera.

Para última hora

Si lo predecible, en Venezuela, es solo lo inmediato, en ese lapso hay que actuar.  La postergación puede tener un alto costo.   Más que nunca, la célebre frase de la telenovelística venezolana en boca de aquel personaje, Eudomar Santos, ha adquirido vigencia: Como vaya viniendo, vamos viendo.

Pero como siempre, es necesario planificar aunque sea algo, hay que hacerlo sobre certidumbre existente, aunque sea poca.  No sobre lo incierto, sobre lo que se especula, sobre lo que “posiblemente” ocurrirá.

Y, para reducir el costo de la incertidumbre y la consecuente improvisación en cualquier plano, sería conveniente hacer nuestra otra frase célebre de la publicidad extranjera pero aplicable, más que nunca, en este país: “Just do it”,  hágalo, ya!.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

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