Romero: el santo de la integridad - Efecto Cocuyo

Romero: el santo de la integridad

Es horrible sentarse a ver como gran parte de nuestra sociedad actúa desde el irrespeto, el ego, la falta de educación y la creencia de las verdades absolutas. Es triste leer los comentarios en las noticias de los medios de comunicación. Es que mire, esta bien si usted no cree en Monseñor Romero, si su religión no le permite creer en santos, si usted cree que no es válido reconocer la labor de un hombre que tuvo el valor de gritar cese a la represión en una época en la que todos callaban por pánico. Está bien, yo le respeto.

Lo que NO está bien es que desde su posición mental de “superioridad” juzgue y señale a quienes deciden creer o a quienes simplemente respetan la vida y enseñanzas de este hombre. Tampoco está bien que sin fundamento alguno, despotrique contra el legado de una persona de la que segura estoy, no ha leído ni una sola página de la historia de su vida. Usted crítica desde sus posiciones fanáticas: políticas o religiosas.

No soy una mujer religiosa, estoy muy lejos de ser alguien que amanezca en una iglesia los domingos, que rece en público para que me vean o que lea la biblia todos los días antes de dormir, que de diezmo, se confiese o busque un consejo en un cura o un pastor en sus crisis, no, yo no soy esa mujer. Pero aún así, puedo ver en Monseñor Romero un hombre de paz, un ejemplo de lucha por la defensa de los Derechos Humanos, un cura que bajó de sus comodidades y se acercó al pueblo que más lo necesitaban: les dio voz, los defendió, le salvó la vida a muchos y puso en la mirada internacional los cientos de violaciones y atropellos que sufrían los más pobres -en uno y otro bando- durante las décadas de represión militar en el país.

Y probablemente no andaré una estampita con la cara de Monseñor Romero en mi cartera, pero si me alegro y mucho por lo que significa para la historia de mi país que el primer nombrado Santo por defender los Derechos Humanos y el primer Santo centroamericano, sea un salvadoreño. También me alegraré porque su canonización da una esperanza de justicia para todas las atrocidades que se cometieron en la guerra civil. Y anhelaré que el ejemplo de Romero se traduzca en miles de voces que puedan señalar y criticar las injusticias que aún se cometen en mi país, que exijan justicia, que defiendan al otro; voces que se separen de sus “santos políticos” y puedan criticar sin ataduras ideológicas las atrocidades que en nombre de nuestra filiación justificamos, toleramos y hasta apoyamos.

Motivos para alegrarse

Ojalá algún día logremos ver que haciendo subgrupos religiosos, políticos y de clase, solamente contribuimos a que en una sociedad dividida sigan reinando “los más vivos”. Ojalá  podamos deshacernos de ese Síndrome de Procusto que tenemos en nuestro ADN y entender de una vez por todas que el de al lado es compañero y no competencia.

Y si luego de todo esto, aún considera que no tiene motivos para alegrarse por la canonización de Romero, al menos sonría al descubrir que hoy a nivel mundial los salvadoreños no estaremos en las noticias por los asesinatos, las pandillas o por que Trump volvió a decir que somos un riesgo para el mundo. Hoy estaremos en las noticias por un hombre que tuvo el valor que a usted le falta: que se atrevió a salir del anonimato y su lugar de comodidad para unirse a las necesidades de su pueblo.

Comentarios

No Comments Yet

Comments are closed

¡Suscríbete!