Réquiem por Pablo Antillano - Efecto Cocuyo

Réquiem por Pablo Antillano

Pablo Antillano
Andrés Cañizalez | @infocracia

Investigador, periodista y defensor de la libertad de expresión en Venezuela. Tiene un doctorado en Ciencia Política y es profesor titular de la UCAB. Director de la asociación civil Medianálisis, dedicada al análisis y debate sobre el papel del periodismo.

Este 6 de febrero de 2019 falleció Pablo Antillano. Pablo fue de esas personas realmente polifacética, polisémica en la medida en que dominaba varios lenguajes, y por tanto difícil de encasillar. Se fue y con su partida, muchos -entre los que me cuento-, hemos perdido un interlocutor inteligente, un tipo con una mirada aguda y a la vez una forma pausada e inteligente de expresarse.

Conocí en persona a Pablo cuando ya estaba de regreso. Hacía tiempo que había dejado la trinchera periodística, por aquel tiempo producto de la crisis económica también sus actividades como consultor en el campo de la comunicación corporativa estaban de capa caída, y Pablo se disponía a reinsertarse en la vida universitaria, como estudiante de la carrera de estudios políticos en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Poco después de los sucesos de abril de 2002, con el impulso de Ricardo Uceda participamos de la fundación del capítulo venezolano del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), que se concretó en mayo de aquel año. A partir de aquel momento realizamos varias sesiones de discusión, algunas públicas y otras a puerta cerrada, con periodistas diversos y personas vinculadas al campo mediático.

Tulio Hernández, con quien ya me unía una amistad de larga data, me pregunta un día el por qué no participaba Pablo de estos espacios. No conocía yo a Antillano y si bien le respetaba, tampoco me atrevía a dar el paso por cuenta propia. Sostuvimos uno de varios almuerzos prolongados en La Candelaria, la zona predilecta de Pablo, en la que nos acompañó Tulio.

Pablo estaba muy preocupado, al igual que Tulio, por el papel del periodismo y los medios en un contexto de aguda polarización y abierta confrontación como era aquella Venezuela de 2002. Le pedí a Pablo que escribiera para la revista Comunicación, que entonces yo dirigía. A mediados de aquel año salió publicado el artículo “El periodismo venezolano sucumbe a la política”, que fue ampliamente comentado y citado en el campo académico.

Se trataba del regreso de Pablo a la revista Comunicación, editada por el Centro Gumilla, ya que en los años 70 Pablo había colaborado con otros textos, pero en aquel tiempo enfocados en el teatro y el cine. De hecho, Antillano figura como autor en el primer número de la ya cuarentona publicación trimestral.

El Pablo con el que comencé a trabar amistad en el 2002, era un tipo conversador, buen oyente, interesado en lo que ocurría con el periodismo en Venezuela y otras latitudes. Por recomendación mía y de Ewald Scharfenberg, el IPYS en Perú incorporó a Pablo en un consejo asesor internacional. Aquello me permitió compartir con él en un par de viajes internacionales, momento en el que prosiguió una conversación que no parecía interrumpirse pese a que no nos veíamos con frecuencia.

Pablo se paseaba por la idea de volver a la universidad, como estudiante. Ya era una figura de primer orden en el periodismo. Conversamos a propósito de mi formación que cabalga entre dos mundos, el periodismo y la ciencia política.

Sin ninguna prepotencia entendía que su presencia como estudiante en una escuela de periodismo causaría más distracción que otra cosa, analizaba en qué otra carrera podía cumplir con aquel deseo, una suerte de acicate, de culminar una carrera universitaria. Sobre aquello conversábamos en la época en la que nos encontramos con mayor frecuencia entre 2002-2005.

Pablo cursó la carrera de estudios políticos en la UCV y según leo comentarios de quienes fueron sus profesores, fue un tremendo estudiante. Yo le admiré por aquella decisión de que siendo ya una figura pública de peso en la vida venezolana decidiera sentarse a aprender como un bachiller cualquiera.

Asiduo lector de prensa, nacional e internacional, recuerdo halagos suyos ante algún artículo mío, que entonces publicaba en El Nacional: esta semana te botaste, carajito.

Por el 2004 estuvimos reunidos en varias oportunidades. Había tenido Pablo una idea que resultaba no sólo atractiva sino que efectivamente respondía a una necesidad. Tenía en su cabeza que un grupo de universidades crearan un sistema para medir el tamaño de la audiencia de los canales de televisión en Venezuela, así como sus verdaderas preferencias. El modelo que venía usándose desde hacía largos años sencillamente había hecho aguas y a Pablo le preocupaba lo poco que se sabía, en verdad, sobre el comportamiento de las audiencias de medios en el país. Aquella idea, lamentablemente, no pasó de ser sólo una idea.

Me crucé con Pablo cuando ya estaba de vuelta. El país había dejado de ser aquel país en el que él supo moverse a sus anchas para promover proyectos y empujar iniciativas.

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