Recreando el futuro

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

Hacer el ejercicio de recrear el futuro, genera una sensación de temor y una pausa reflexiva con tinte desafiante. Intentar visualizar el mundo que viene, puede utilizarse para deprimirse o animarse, dependiendo de cómo lo enfrentemos. Detenerse unos 5 minutos para dibujar el año 2030, pudiera ser una distracción provechosa, sobre todo para los encargados de las decisiones de políticas públicas.

Como país, siempre hemos sostenido nuestra visión del mañana en una sola palabra: petróleo. Desde su aparición, le hemos cargado a esta sustancia todo cuanto puede imaginarse. Sin embargo, en la actualidad ya no nos alcanza. Aunque ahora sea más notoria la fatiga económica, la verdad es que el modelo rentista petrolero, que sirvió de base para construir nuestros circuitos como sociedad, se agotó hace varios años atrás y no resiste más voltaje.

Cuando se revisan las innovaciones que se proyectan en la siguiente década, nuestro país tiene una posición bastante comprometida en distintos ámbitos. No obstante, sólo haremos énfasis en el sector energético.

Sin anestesia debe considerarse que el producto de exportación encargado de conducir nuestra suerte por un siglo, poco a poco será desplazado hasta perder su protagonismo actual. Ciertamente, no será mañana, pero cada mañana es el acercamiento a su agonía. Por ejemplo, se dice que en el 2030 no existirán estaciones de gasolina, porque recargaremos la batería de nuestro vehículo eléctrico desde casa. Quizás hoy no lo podamos visualizar, porque no es sencillo desprenderse de las condiciones del entorno presente para advertir el porvenir. Pero, las potencialidades tecnológicas son infinitas y nadie duda de lo que son capaces.

Otra señal que debe alertarnos sobre la disminución de la preponderancia del petróleo, como principal fuente de energía del mundo, es el acuerdo de París. Para que se logren los objetivos firmados en ese documento (nosotros somos país firmante), es necesario cambiar la matriz energética, y esto implica transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles y el fin del carbono, porque si no, se agravará esa amenaza común para la humanidad que llamamos cambio climático. A buen entendedor, pocas palabras.

Por otra parte, los planes de inversiones de las grandes empresas energéticas están orientados al desarrollo de combustibles verdes, a la autogeneración con redes inteligentes y a mayores esfuerzos en financiamiento para iniciativas tecnológicas que contribuyan a reducir año tras año los costos de las energías renovables. En el mundo desarrollado –principales consumidores- ya se respira la transición energética como prioridad, por lo cual, es común ver buses eléctricos, edificios generadores de su propia energía y muchas iniciativas amigables con la ecología.

¿Nos hemos preparado para vivir más allá del petróleo? No, definitivamente no. Sin ahondar en detalles, sólo basta argumentar esta respuesta basada en la incipiente participación de otros productos diferentes al petróleo en las cifras de nuestras exportaciones.

No nos engañemos. De nada sirve proclamar con alboroto que nadamos en las mayores reservas petrolíferas del mundo, si sabemos que más de la mitad va a quedarse ahí, debido a las transformaciones que experimentará la humanidad.
¿Qué debemos hacer? Urge un replanteamiento de nuestro modelo productivo. Lo más razonable es sincerarnos y acordar que nuestro futuro está en el desarrollo de la petroquímica y en la industria gasífera. Y además, lo que se ha repetido hasta el cansancio: apoyarnos de la renta petrolera para fortalecer otros sectores ventajosos -como los servicios, la siderurgia y el turismo- que ayuden a diversificar nuestra estructura productiva.

Los cambios de paradigma son lentos, demoran mucho, pero siempre llegan. Debemos prepararnos porque nos servirá bien poco continuar fundamentando nuestro futuro en los minerales llanos y puros. En esta época las disrupciones están al acecho. Las nuevas tecnologías están poniendo la música y tenemos que bailar a su ritmo, si no queremos comernos solitos esas rocas impregnadas de hidrocarburos que quedarán. Las transformaciones seguirán su rumbo y no nos van a esperar.

Siempre me retumba esa frase del ex ministro de petróleo de Arabia Saudita, Ahmed Zaki Yamani, cuando expresó: “La edad de piedra se acabó y no por falta de piedras. La edad del petróleo se acabará y no por falta de petróleo”. Al menos preparémonos para aprender a sobrevivir con un petróleo mucho más barato. Esto ya toca la puerta.

Foto: Archivo Efecto Cocuyo

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  • LUIS

    en el 2030,,,,,,sr,,,en ese año es que mas países pobres van a tener que usar la gasolina,,,,,,,,, gasoil,,,aceites,,,,,gas,,,,,
    los carros electricos son un lujo,,,,,son de alto costo,,,,,y no se diga la electricidad,,,,,es de alto costo,,y las baterias de alto costo,,,,,,

    los carros electricos estan muy lejos de ser viables,,,,,,,,,,,,,,,,,,,el imperio de la opep y los países productores de petroleo y sus derivados,,
    no dejaran el negocio por lo menos 100 año,,,,,,,2118,,,,, ahora que inventen un carro de dos pistones a gas,,,,,,y gasolina,,,,que sea popular,para 4 personas,,,,,,tendria mucha venta,,,,,,,,,,,,,,

    VENEZUELA TIENE PETROLEO PARA MAS DE 200 AÑOS,,,,LO QUE PASA ES QUE VENEZUELA NO AMPLIA SUS REFINERIAS,,,,
    SE QUEDO CON PDVSA Y YA ESTA AGONIZANDO,,,,,,,TIENE QUE INVENTAR UNA PETROLERA NUEVA,,,,PETROVEN,,,,
    CON REFINERIAS PARA PETROLEO EXTRA PESADO Y PESADO,,,,,,,,,Y REFINERIA DE GAS LICUADO DONDE SE PUEDA ALMACENAR GAS LICUADO,,,,,,,SOLIDIFICADO,,,,,,,,,,,,,,EL FUTURO DEL GAS LICUADO SOLIDO,,,,,A VENEZUELA LE FALTA ESA INDUSTRIA,,,