¿Quién es nuestra referencia?

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

Si no fuese por el número de víctimas que arrastran las dictaduras y toda la calamidad que se respira, pudiera decirse que las dictaduras son las mejores comedias. Todo lo que pretenden son bufonadas y sólo traen consigo las peores enfermedades sociales. Intentan promover bienestar social imponiendo controles excesivos y van poco a poco autodestruyéndose. Procuran dominar la conducta humana y terminan revolcados sin remedio. Es incomprensible lo que persiguen. Por esta razón, me pregunto: ¿Quién es nuestra referencia?

Nos ahorraríamos mucho si dedicaran 10 minutos a ver a los lados un poco y aprender de las experiencias de quienes ya “vienen de regreso”. Miremos a los hermanos cubanos que están promoviendo reformas -bastante atrevidas-. Y están sorprendiendo al mundo cuando destacan que quieren reconocer el derecho a la propiedad privada en su nuevo proyecto de Constitución, o que van a sanear el sistema judicial e impulsarán la inversión extranjera (aunque hay muchos escépticos, con justa razón). Todas estas eran iniciativas impensables hace unos años atrás. ¿Y por qué lo hacen? Porque quieren modernizarse, y además entendieron que el modelo los retrasa diariamente en todos los sentidos.

Leer que en China son capaces de atraer cifras de inversión por el orden de 130 mil millones de dólares anuales y que comercializan 80.000 autos diarios, nos deja un poco aturdidos. Igualmente, enterarse de que en Cuba van a eliminar la palabra “Comunismo” de su Constitución, nos pone a dudar sobre cuál sistema implementamos por aquí o simplemente qué somos; no sabemos cuál es nuestra raíz fundamental, pues, se supone que imitamos a nuestros aliados habituales, pero los hechos nos dicen que también estamos muy lejos de ellos.

Navegamos por las aguas más tormentosas y todavía no le prestamos la debida atención a la hiperinflación alocada que acabó con todas las funciones naturales del dinero.

Estamos asfixiados por los gases tóxicos de los controles y aún no asumimos las responsabilidades de la desgracia socioeconómica que revelan todos los indicadores.

Entre tantas contradicciones de las decisiones gubernamentales, no debería sorprendernos si un buen día los ciudadanos le pasan por encima a todas las terquedades que nos tienen atascado en la era cavernaria. Esto no está lejos de ocurrir, porque la sociedad vive al límite supervivencia. La posibilidad de explosión social está latiendo, porque ya no hay cómo mantener la fantasía económica que brindó la sobrevaloración de la moneda nacional, las importaciones desbordantes, la chequera petrolera que nos pagaba cualquier capricho y todos los mecanismos perversos distorsionadores.

Para desatar algunos nudos sofocantes, podríamos empezar por acordar que ningún operativo militar acabará con la hiperinflación y que aquí no habrá ninguna estabilización económica posible mientras los infecundos dogmas imperen. Sería buen inicio si suprimimos todos esos pensamientos retorcidos y alcanzamos propósitos de correcciones. Porque si no, seguiremos pagando ese precio inhumano de ver la devastación de la República en cámara lenta.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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