¿Puede la economía optimar la restauración ecológica?

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

La ecología de la restauración ha emergido como un campo separado dentro de la ecología, que en la práctica restaura ecosistemas y hábitats degradados mediante la intervención y la acción humana. Desafortunadamente, durante décadas los grupos empresariales y diversos medios de comunicación han elaborado una poderosa narrativa donde la protección al medio ambiente es mala para los negocios. Los responsables de proyectos que requieren permisos ambientales para impactar los hábitats de las especies y los recursos hídricos a menudo argumentan que las regulaciones “matan” los empleos. Sin embargo, encuestas recientes demuestran que la restauración de ecosistemas y hábitats es ampliamente aceptada por el público.

La restauración está embebida dentro de un marco económico, la necesidad de restauración suele ser un producto de una actividad económica pasada, mientras que la demanda de restauración y los recursos que se proporcionan para llevarla a cabo se regulan por las circunstancias económicas actuales. Para que los esfuerzos de restauración tengan éxito a gran escala, es esencial que los conocimientos de la ecología y la economía se reúnan. Pero una muestra reciente de más de 100 trabajos revisados en Venezuela por pares, arrojó que los profesionales de la restauración están fallando en establecer vínculos entre los beneficios ecológicos y socioeconómicos, subestimando la evidencia de los beneficios de la restauración como una inversión valiosa para la sociedad. Una de las fallas para un análisis a profundidad es que no contamos con una contabilidad detallada de la producción económica y los empleos que realmente se crean en el país a través de la conservación del ambiente y la restauración que forman parte de la “Economía de la Restauración”, que son llevados a cabo por una variedad de empresas existentes, incluyendo los que hacen movimientos de tierra, viveros, arquitectos paisajistas, empresas constructoras, etc.

¿Qué podría saber un economista sobre la restauración ecológica? Bueno, mientras que él o ella pueden no estar a la altura de la taxonomía o la ecología de las plantas y animales que son objeto de un esfuerzo de restauración, un economista puede aportar una considerable experiencia a la hora de evaluar los costos de un proyecto con soluciones propuestas por científicos dedicados a la conservación. La evaluación exacta de los costos probables es una dimensión importante en la restauración ecológica efectiva; sin embargo, la disciplina de la economía tiene mucho más que ofrecer. Ante todo hay que decir que es un proceso complejo con muchos desafíos ecológicos, técnicos, sociales y económicos, muchos de éstos pueden abordarse aplicando principios y técnicas económicas sólidas. Aquí hay cuatro aspectos clave de la restauración donde la economía puede proporcionar una valiosa asistencia: estimación de los beneficios de la restauración, estimación de los costos de restauración, selección y priorización de proyectos y fortalecimiento de los recursos financieros a largo plazo para su consecución.

En muchos casos, los profesionales relacionados con la rehabilitación de los espacios naturales impactados, no muestran los vínculos entre la restauración ecológica y la sociedad. Al hacerlo, subestiman los beneficios sociales de la restauración. La consideración de los beneficios sociales y económicos más amplios de la restauración puede ayudar a los profesionales a adaptar sus programas para promover un mejor compromiso.

Varios métodos económicos están disponibles para la evaluación de beneficios, que depende del tipo de valor que pueda producir el proyecto. Los métodos basados en el mercado generalmente son inaplicables porque la mayoría de los valores generados a través de la restauración no se negocian en mercados formales (es decir, son valores no comerciales). Los valores no comerciales tienen un valor de uso (por ejemplo recreación) o un valor de no uso (por ejemplo, preservando una especie amenazada para las generaciones futuras).

La información sobre los costos también es importante para la planificación de la restauración ecológica porque permite la toma de decisiones sobre si se deben conservar o restaurar, qué proyectos seguir y qué métodos utilizar. Una vez que los costos y beneficios se han medido adecuadamente, la elección entre los proyectos requiere un índice o métrica para ayudar a guiar los proyectos que se eligen. Una métrica es una fórmula o un modelo que “traduce” los diversos parámetros de un proyecto (como costo, eficacia y área) en una sola puntuación que puede compararse con la puntuación de otros proyectos. El uso de una métrica rigurosamente diseñada es aún más importante cuando se combinan múltiples beneficios. Incluso cuando se han evaluado correctamente los beneficios y costos de restauración, empleando un procedimiento de priorización apropiado, el fracaso es posible sin el apoyo financiero adecuado. Esto es particularmente cierto para proyectos a largo plazo (que llevan décadas). Si bien hay ejemplos de programas ambientales de larga duración, en la mayoría de los casos los programas ambientales tienen plazos de financiación cortos.

En vista de esto, podría ser útil que los Ministerios, Alcaldías, etc., consideren soluciones innovadoras para asegurar el financiamiento a largo plazo, una cuestión considerada por algunos como uno de los mayores obstáculos para la restauración. Si no captamos el conjunto completo de beneficios y costos involucrados en el proceso, nos arriesgamos a subestimar la restauración y tomar pobres decisiones de inversión.

En resumen, la economía tiene mucho que ofrecer en la restauración ecológica. Un mayor compromiso con la economía mejoraría la probabilidad de éxito de muchos esfuerzos en restauración.