Pregunto por preguntar

Ana Julia Niño Gamboa

Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela con experiencia en derecho constitucional y derecho administrativo. Asesora en la Oficina del ex Rector Vicente Díaz (Consejo Nacional Electoral). Profesora universitaria en las áreas de Ética y Legislación de la Comunicación (ECS-UCV).

Casi siempre escribo tratando de darme respuestas, de explicarme y compartir la visión que tengo de algunos temas. Pero estos tiempos raros se empeñan en ponerme del lado de las preguntas, cuestionarme y cuestionar todo, no desde la superioridad de lo que no sé, más bien desde el desconcierto, desde la duda sencilla, aunque no desinteresada.

Confieso que las actuaciones del gobierno y las de la oposición, me superan. Hoy no tengo respuestas, y vengo a dejarles mis dudas y mis preguntas. Prometo no copiar el estilo de Moncada en la OEA, por tanto no diré: “No me importan las reacciones, diré lo que vine a decir”.

No entiendo dónde está la afrenta y el injerencismo internacional cuando a un país democrático y respetuoso de los Derechos Humanos, Delcy dixit, se le pregunta por su cronograma electoral y se le pide que explique algunas situaciones que parecen no muy democráticas.

Supongamos que hay alevosía en Almagro y en otros opositores al gobierno de Maduro, pero ¿qué tan grave es pedirle a un Estado que exponga reglas de su juego democrático y el cronograma electoral? Demos por hecho que a 20 Estados del mundo les parezca mejor estar sin Maduro, pero qué tan grave es pedir que haya elecciones, no unas elecciones inventadas o extraordinarias, no. Sólo las elecciones que los tiempos constitucionales y legales fijan.

Supongamos que no hay presos políticos, sólo políticos presos ¿cuál es el problema en pedir juicios justos, juez natural, derecho a la defensa, debido proceso? ¿Qué es lo que tanto le arde al chavecismo?

Imaginemos que la elección en Amazonas tuvo vicios y que los tres parlamentarios de ese estado deben salir de la Asamblea. Ajá, salieron, pidieron su desincorporación ¿por qué se empeñan en inventarse el desacato de un órgano del Poder Público directamente elegido por millones de ciudadanos el 6 de diciembre de 2016? ¿Por qué no se decide el recurso (fraudulento) que denuncia el fraude en Amazonas, y se opta por dejar a un estado completo sin representantes, se les confisca su voto, y desde hace más de un año el TSJ no ha tenido tiempo de resolverlo porque anda ocupado haciéndole los mandaos a Maduro?

Es más, ¿por qué el gobierno de Maduro, en un ataque de dignidad no se va de la OEA y le planta la cara a la Constitución y suspende la suspensión de elecciones (así lo diría Maduro), se mide, evidencia el apoyo popular que tiene y le cierra la boca a los supuestos jetones del imperio?

¿Por qué un gobierno que habla de respeto al pueblo sin embargo deja a millones de electores sin Asamblea Nacional, y prefiere poner a gobernar a unos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que sólo cuentan con el respaldo de unos parlamentarios que fueron echados del Parlamento a fuerza de votos populares?

¿Por qué el más alto tribunal del país, aunque el más bajo en moral pública, saca una sentencia que es más bien una bofetada a la gente? Porque hay que decir que lo grave de la última sentencia del TSJ no es sólo que le quita protección constitucional a los representantes del pueblo, es que realmente se burla de la elección popular, deja sin efecto los resultados de una elección que se comprometieron a respetar, califica de traición a la patria todo ejercicio de ciudadanía que no se apegue a su antojo de gobernar como le dé su real gana. Ahoga el ejercicio de una gran mayoría de venezolanos que buscan salidas no violentas. En fin, estos tipos agarran la manoseada Constitución y, con el manido cuento de su respeto, la violan y la violan, y la siguen violando para hacerla respetar. Lo siento, no entiendo.

Además el TSJ, convertido en un instrumento ciego del autoritarismo, hace la parodia de control político (tarea de la Asamblea Nacional) sólo para darles más poder y control a los políticos que antes los designaron. Y, cínicamente, le dice a Maduro que tome medidas para evitar un estado de conmoción. Es decir, que evite el estado en que este gobierno tiene a Venezuela desde hace un buen tiempo. Mejor dicho que el conmocionador evite la conmoción, que se evite a sí mismo. Eso debe tener a Maduro muy conmocionado.

Moncada fue más efectivo que cualquiera de los líderes políticos de oposición porque en los minutos que habló en la OEA dio a los países miembros varias cucharadas de lo que a diario padece el país. Gracias, Moncada por demostrar lo que a veces nos ha costado probar: el autoritarismo y el malandraje que tenemos por gobierno. Ese embajador le dijo a los países algo así como <esta es la mamarrachada, este es el abuso al que sometemos cada día a los venezolanos>. ¿Y qué, qué me importa a mí?: “No me importan las reacciones, diré lo que vine a decir”, y así siguió con su pataleta.

No, no entiendo. Aunque a veces comprendo esa técnica gobiernera de huir hacia adelante, ahora parece que huye hacia la nada, huye de espaldas hacia el precipicio y nos arrastra a todos. Tampoco entiendo si es que Maduro y sus gobiernos están como el burro de Buridán, aunque igual nos matará de hambre.