¿Por qué el Plan Zamora recuerda al Plan Ávila ordenado en abril del 2002?

Si tiene edad suficiente para haber vivido con consciencia los sucesos de abril de 2002 en Venezuela (o si ha leído sobre el tema), seguro que el Plan Zamora -activado por el presidente Nicolás Maduro este martes 18 de abril- le suena familiar, porque recuerda al Plan Ávila que el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez habría ordenado ejecutar a la Fuerza Armada Nacional y que ésta se negó a cumplir, lo que originó la -posteriormente negada- renuncia del Jefe de Estado más todo lo que vino después, culminando con el regreso de Chávez al poder al final de ese episodio.

No es una asociación casual, según expresó la presidenta de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, pues a su juicio el Plan Zamora en su fase verde -que fue la enunciada por el presidente Maduro en transmisión de VTV- no es más que el Plan Ávila con otro nombre, pero el mismo objetivo: reprimir una manifestación en contra del gobernante de turno a través de la militarización de la capital y el uso de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad ante la protesta, en este caso convocada por la oposición para este miércoles 19 de abril. Como también lo hiciera en su momento Carlos Andrés Pérez al ordenarlo durante “El Caracazo” en febrero de 1989.

Tras el anuncio del lunes 17, cuando el Jefe de Estado aseguró que había aprobado los recursos para que se entregara “un fusil para cada miliciano” y que orden de insurrección en los cuarteles y en los barrios -donde están quienes pertenecen a la Milicia Bolivariana-, el análisis de San Miguel parece más acertado. En especial luego del anuncio del diputado Diosdado Cabello ese mismo día sobre los cuerpos combatientes del Psuv, referido por esta misma vocera en su cuenta de Twitter.

A la calle el #19A… a pesar del Plan Zamora

Las reacciones a la activación del Plan Zamora se pulsaron rápidamente a través de esta misma red social. Dirigentes de la oposición -diputados, gobernadores y ONG defensoras de derechos humanos- manifestaron su rechazo al anuncio, como lo hizo también en bloque la Mesa de la Unidad Democrática y coincidieron al calificarlo como una táctica política para “desmovilizar” a los venezolanos que se espera marchen masivamente en todo el país este miércoles en contra del Gobierno de Maduro.

El gran desafío del Plan Zamora -cuyo antecedente más próximo fue cuando el general (GNB) Antonio Benavides lo definió como “incorporación del pueblo para ejercitar la transición de la actividad social normal frente al estado de conmoción interno o externo” en enero pasado, según El Universal– más allá de probarse como estrategia de la “unión cívico militar“, de hecho no será solo uno.

Por una parte, sabremos si tendrá mayor receptividad que el Plan Ávila hace 15 años, con las terribles consecuencias que conllevaría su activación; o si los cuerpos de seguridad del estado rechazarán este mandato que implica mancharse la conciencia -y las manos- con la sangre de personas desarmadas que sólo reclaman lo que merecen: una vida mejor para sí mismos, para su familia y para su país.

Pero por la otra, descubriremos si funcionará para intimidar y hacer mella en la motivación de una manifestación que se vislumbra mucho más masiva que las precedentes, tanto en Caracas como en el resto de Venezuela, cuyos participantes están decididos a hacer valer su derecho constitucional a la protesta, por encima del alambre de púas de la represión.

Lo que sí parece seguro es que aunque esta no sea una lucha de un día, valdrá la pena si gana la ciudadanía.

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