Poder y Género. ¿Cómo entendemos las mujeres la Competencia?

Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

Las empresas privadas compiten por espacios de atención de sus potenciales consumidores. Compiten con otras empresas que acceden a los mismos mercados. Pero también se compite dentro de las organizaciones. Se compite por promociones, incentivos, ascensos, remuneraciones, reconocimiento. Se compite por poder. El poder es una estructura de posibilidades que tiene origen diverso, pero pivotea a través de las personas y sus liderazgos.

Las figuras de poder nos acompañan desde la infancia. Nuestra madre y nuestro padre ejemplifican las capacidades que nos comenzaron a enseñar sobre libertad, restricción, premiación, castigo, construcción y destrucción. El crecimiento del poder individual, en sus manifestaciones físicas y mentales, acompaña la construcción de poderes sociales que nos insertan en la compleja maraña de interacciones de los primates humanos.

Las mujeres tenemos una percepción del poder algo diferente de la de los varones. El varón crece y se desarrolla muy condicionado por su rol en la guerra, por lo que su crianza conserva múltiples juegos y conversaciones que estimulan su desempeño agresivo en medio de los conflictos competitivos.

Las mujeres somos también muy competitivas, pero percibimos la competencia como una larga carrera de obstáculos en relevos, con múltiples participantes construyendo una ruta de desempeño que nos posicione en ventaja con respecto a nuestros competidores. Incluso aquéllos, nuestros competidores, tendrán para nosotros un espacio de interacción no definitiva, no necesariamente cargado de derrota, ni solemos interpretar la derrota como humillación.

Esta situación se acentúa más en términos de liderazgo corporativo. En promedio, el estilo de liderazgo masculino es más proclive a considerar la autonomía, cierta infalibilidad y la energía física y mental como componentes del liderazgo, mientras que la mujer se siente menos propensa a sostener artificialmente estas lides y se siente más cómoda llamando a la colaboración a las personas a su alrededor, incluyendo ocasionalmente a sus mismos pares competidores.

La competencia interna en las organizaciones está cargada de roles preconcebidos que dificultan el acceso de las mujeres a los puestos de partida competitiva en condiciones equitativas con los varones. Las mujeres deben pelear este espacio con su propia conciencia sobre el doble reto involucrado –vencer las limitaciones de acceso al espacio competitivo y luego vencer al competidor- mientras aparentan estar pendientes de su imagen, construyen diálogos que no resulten agresivos o inhibidores para la masculinidad en su entorno y, al mismo tiempo, no destaquen en exceso sus debilidades para evitar que se active el varón violento y depredador.

Se requiere activar mecanismos que faciliten, desde la más tierna infancia, la protección del varón sobre los mitos de poder físico y la proactividad sexual, que luego habrán de consolidarse en ejercicios distantes y agresivos de poder, para darle cabida a nuevas figuras de masculinización ajenas a estos estereotipos y más proclives a considerar las limitaciones de cualquier guerrero, incluyendo el acceso a una sexualidad de responsabilidad y proactividad compartidas.

Se requiere asimismo a mujeres más capaces de construir organizaciones en las que quede claro que la proactividad es una actitud esperable desde ellas y la cooperación también es esperable desde ellos.

Avanzar hacia pautas de competencia y cooperación más naturales, profundas y extensivas en todos los espacios, es también una forma de completar un ejercicio competitivo global más armónico y posicionado con respecto a las necesidades de equilibrio de género en las organizaciones.

Ayudemos a los empresarios a comprender que deberían incorporar suficientes mujeres en sus cuadros porque, en cierto modo así, están asegurando un perfil competitivo de la empresa más sólido y sostenible.

Foto: Selección venezolana de baloncesto femenino (Archivo Cocuyo).

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