Paradigmas en agonía - Efecto Cocuyo

Paradigmas en agonía

Paradigmas en agonía
Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Abolir paradigmas, esquemas, tendencias o rutinas a partir de las cuales, históricamente, se han formalizado cuantos procesos posibles han condicionado y pautado realidades equivocadas, no es -ni será- un asunto de sencilla ejecución. Antes que todo se requiere tener la conciencia propia de un estado emocional que bien posea una memoria articulada a la esencia de país.

Igualmente, un razonamiento bastante cabal e integral del plano cognoscitivo por donde se mueven sus elementos. Y eso no es problema individual. Ni siquiera, porque es asumido por algún liderazgo presuntamente comprometido con luchas inspiradas por un proyecto histórico vinculado con posibilidades de desarrollo  nacional.

Cualquier actitud dispuesta a lidiar con la resignación sobre la cual se depara el maltrecho comportamiento sociopolítico, castrador de fortalezas y encubridor de posibilidades de superación, es la condición sine qua nonpara arrasar con el desaliento y el estado de anarquía que se ha enquistado en la conducta del venezolano. Particularmente, en lo que va de siglo XXI, así como también, en las postrimerías del siglo XX.

Lo que hoy vive Venezuela en términos de la situación de apaciguamiento que tiene postrado casi todo esfuerzo de avance en la línea que exige el desarrollo del país, es propio de resaltar. Fundamentalmente, dada la forma de crisis que ha somatizado. No sólo entendida como crisis de acumulación, o del tipo de crisis de dominación. Es al mismo tiempo, y quizás más agresiva, lo que ocurre a lo interno de lo que constituye una crisis de identidad, la cual ha arrastrado una crisis de ciudadanía. Y que a su vez, ambas incitaron una crisis de gobernabilidad.

El país insufló buena parte de sus capacidades, considerando que el mundo podía movilizarse con la suerte y recursos que le propiciaba la renta petrolera. Sin comprender que los anuncios que clamaba todo acendrado análisis prospectivo, auguraba el caos que el horizonte contemplaba como parte de sus componentes y elemento cardinal de variables intervinientes.

Fue así como Venezuela entró en fase de descomposición cuya velocidad de degradación, alcanzó valores exponenciales. Tanto fue el efecto causado por el proceso histórico de acumulaciones y distorsiones que vio venirse, que el mismo tren gubernamental tuvo que enrolarse en el caos inducido a fin de consustanciarse con el venezolano aporreado. Con el venezolano destrozado. Con el venezolano arruinado, en que fue convirtiéndose el otrora venezolano orgulloso de ser quien retrataba las realidades.

 Venezuela se transformó de un país potencia en civilidad, en transparencia administrativa, en productividad agrícola y agropecuaria, en acuicultura, entre otros rubros de fundamental arraigo económico, político y social, en un país que vive de no hacer nada. Porque hasta su condición de petrolero, la perdió a consecuencia del descalabro que padeció la industria de hidrocarburos. Igualmente, su condición de país minero. El socialismo llevó a Venezuela al marasmo.

Sin embargo, como dice el aforismo popular: “la culpa no es del burro, sino de quien lo arrea”. Así que no es absolutamente cierto que el proyecto gubernamental condujo el país a la situación de empobrecimiento que hoy sostiene. Caben otras razones, asociadas con el modo de otear los tiempos por venir. Así como vinculadas con la comodidad a la que la renta petrolera resabió, perversamente, al venezolano.

O con la actitud despreocupada de venezolanos que pensaron que el gobierno les daría todo. Y que por eso apoyaron al proceso revolucionario por creer que sería la solución esperanzada. Quizás por quienes sólo aprendieron a criticar cuanto “brizna de paja al viento” rozaba su cara. O con la presunción que la educación superior brindaba al proyectar esquemas de solución basados en realidades medidas cartesianamente. O sea, en dos escuetas dimensiones.

En fin, es un problema de paradigmas. Indistintamente de la condición, desde los paradigmas conductistas, hasta los constructivistas, cognitivos, cuantitativos, positivistas, fundamentalmente. No obstante, es importante advertir de sus reversiones, aplazamientos o diferimientos de sus ideas o datos manejados. Particularmente, dado el problema que su interpretación o aplicación genera. Problemas lingüísticos, epistemológicos, educativos y hasta de orden político, social y económico, cultural, ideológico, principalmente.

Nuevas referencias en todos los ámbitos

Ahora, la realidad apunta en dirección a nuevas referencias. Referencias éstas relacionadas con nuevas técnicas de hacer política, de hacer gerencia pública, de construir conocimientos, de llevarlos a los hechos, y de someterlos a los vaivenes que claman las exigencias en cualquier ámbito de vida.

Por tanto que, ante lo que estas movilizaciones  sociales, culturales, científicas, religiosas, educativas, intelectuales, económicas y políticas, reclaman, no deja lugar a dudas de que sus consideraciones está mutándose en virtud de nuevas demandas. De ahí que es indiscutible reconocer que, en la actualidad, Venezuela, como buena parte del resto del mundo, no escapa a tener todavía en uso, paradigmas en agonía.

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