Países con mayor biodiversidad tienen menos investigación científica

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

La biodiversidad y las amenazas a su existencia no están uniformemente distribuidas en todo el mundo, por lo que algunas áreas demandan una mayor atención en investigación científica. Es decir, si la investigación está menos orientada hacia las áreas más biodiversas, podrían acentuarse los impactos y se reduciría nuestra capacidad de proteger y manejar los ecosistemas indispensables para el bienestar del ser humano.

Analizando unos 10.000 artículos científicos sobre la conservación ambiental, publicados en distintas revistas del área desde el año 2014 hasta la fecha, encontramos un inmenso desajuste en términos de necesidad y esfuerzo. Los países para los cuales el conocimiento es escaso coinciden ser los lugares del planeta donde más urgentemente se necesita la investigación. Por ejemplo, en el 12% de las publicaciones relativas a la conservación de mamíferos provienen de los países con mayor variedad de especies (es decir, Indonesia, Madagascar, Perú, México, Sudáfrica, Venezuela y Australia). Pero, considerando que estos países tienen el 37% de los mamíferos del planeta, el número de artículos es sumamente bajo. En contraposición, los Estados Unidos de Norteamérica deberían estar representados por aproximadamente el 0,5% de las publicaciones, sin embargo, posee aproximadamente el 20% de las publicaciones y es el país más estudiado en el tema de mamíferos. Comparativamente menos investigación se publica en los países más biodiversos.

En este sentido, otro ejemplo sería si consideramos la importancia de la conservación de la riqueza en vegetación de países como: Ecuador, Brasil, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Colombia, Venezuela, China, Filipinas y Papua Nueva Guinea, que poseen el 70% de la vegetación mundial, pero solo tienen el 1,6% de las publicaciones sobre el tema.

Al profundizar un poco más, la situación empeora. La ciencia llevada a cabo en los países con mayor biodiversidad es a menudo dirigida por investigadores extranjeros que no están residenciados en esos países. Los científicos basados en países ricos en biodiversidad tampoco están representados en los más importantes foros internacionales. Adicionalmente, debemos tomar en cuenta que los investigadores dependen de los recursos financiaros que estén a disposición. En algunos casos para mantener las actividades en investigación, se estudian ambientes o especies que no corresponden a su país de origen, generando una aparente contradicción. Todos estos factores suman al sesgo en el campo de la ciencia de la conservación. Si la investigación está sesgada en las áreas más biodiversas puede ocurrir la pérdida y degradación de la biodiversidad que afectará negativamente a todos los niveles del planeta y especialmente a los sectores más pobres y vulnerables.

Los sesgos en las ciencias de la conservación también socavan nuestra capacidad de cumplir el objetivo 19 de la Convención sobre la Diversidad Biológica, que establece “para el año 2020, que el conocimiento, la base científica y las tecnologías relacionadas con la diversidad biológica deben ser ampliamente compartidos, transferidos y aplicados”. El análisis de las tendencias de publicación en la literatura de las ciencias de la conservación sugiere que no alcanzaremos este objetivo si no se abordan estos sesgos. El intercambio de información también está limitado por el hecho que la mayor parte de la ciencia que se está realizando en los países con mayores necesidades, se está publicando escasamente.

¿Qué debemos hacer al respecto? Se necesita una gama de soluciones. Esto incluye reformar las políticas de publicación de acceso abierto, mejorar las estrategias de comunicación científica, cambiar las prácticas de atribución de autores, mejorar la representación en los procesos internacionales, fortalecer la infraestructura y la capacitación de investigación en los países donde más se necesita, a la par de una política científica que invierta en ésta área. Por supuesto, hay grandes retos al intentar iniciar cualquiera de estas soluciones. Sin embargo, un punto de partida importante es que los investigadores examinen sus propias agendas y se centren en las áreas con mayor necesidad. Una cosa que podemos decir con certeza es que no vamos a cambiar la situación simplemente ignorándola.

En resumen, la investigación en conservación no se está llevando a cabo en los países donde más se necesitan, lo que exige impulsar los esfuerzos para preservar la biodiversidad global.