Nosotras y el cambio

Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

Mi marido dice desde que me conoce que soy mucho más optimista de lo que resulta razonable. Nunca he sabido bien a cuál razón se refiere, pero él quizá confunde optimismo con pararse desde el bien, la actitud que nos lleva a esperar lo mejor de la gente, antes de construir juicios que, al menos en ocasiones, condicionan y limitan toda la relación.

En el juego de poder del género que se dilucida cada día, las expectativas marcan el futuro. Muchas mujeres me dicen que ya las cosas no están tan mal y que la mayoría de las mujeres mandan y hacen lo que les da la gana. En ocasiones hablan por su propia experiencia.

Sin duda hay muchas cosas que han cambiado positivamente y debemos alegrarnos. Sin embargo, las estadísticas no engañan. Menos de un diez por ciento de los países los dirigen mujeres. Menos de un 18% de las grandes empresas (en países desarrollados; el indicador es mucho peor en países del tercer mundo).

El 91% de los parlamentos no alcanza a una cuarta parte de la representación femenina. El maltrato, la discriminación, el no acceso, el abuso de poder, incluyendo múltiples formas de agresión sexual, siguen siendo la norma y no la excepción en múltiples aspectos de la vida social en este planeta. No son detalles. No es un asunto de significantes nada más. Es un asunto también de significados, de realidades que oprimen, de autocensura para evitar la muerte y la agresión.

Parados desde el bien, los hombres no son ni más ni menos culpables que nosotras. Nuestra actitud como hijas, como hermanas, como esposas y como madres condiciona mucho del desenvolvimiento de los hombres y mujeres que aún no toman conciencia y que confunden la esencia del feminismo: somos humanos todos, con nuestras semejanzas y nuestras diferencias, sin razón alguna para que la mitad de la humanidad resulte discriminada en su acceso al poder, empezando por el poder de su propia vida, de su propio sexo, del producto de su propio esfuerzo.

Desde hace tiempo el término sororidad se utiliza para definir una nueva forma de solidaridad entre mujeres. Quizá deberíamos crear también palabras para referirnos a los valores que deben ser reconstruidos y re-practicados en función de las necesidades de la mujer.

Deberíamos hablar de una nueva responsabilidad, porque cada familia debería abrir un espacio de revisión a los derechos y deberes que le asigna a cada niño y niña solo a partir de las expectativas que nos condiciona el género. Deberíamos hablar de una nueva honestidad, en la medida que abrimos espacios de reconocimiento de lo que somos y hacemos en términos de micro machismos, objetivación sexual y predisposición a la sumisión en las relaciones de pareja, en las relaciones laborales, en las relaciones de representación política…Al menos para poder hablarlo. No me refiero a la honestidad en el sentido de hacer el bien y evitar el delito nada más. Me refiero a la honestidad en términos de coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos.

Creo que nosotras, las mujeres, podemos cambiar radicalmente nuestra propia situación, sin guerras, sin venganzas, sin caos. Podemos construir disrupciones tan productivas, justas, sinérgicas y equilibradoras que liberen como brisa fresca posibilidades de creación y re-conocimiento hasta ahora desconocidas. Aún sin drásticas mejoras en el Producto Interno Bruto (que las habría) creo que sería suficiente la aparición sistemática de mentes libres donde antes había mentes encadenadas (desde ambos géneros) para que valga la pena tomar los riesgos. Cambiemos más nosotras y es probable que las quejas, vengan de donde vengan, pronto serán gradualmente más leves y dispersas comparadas con el reverdecer de millones de almas.

Si eres mujer y estás ayudando a educar otros seres, por ejemplo, tus propios hijos, no reproduzcas los modelos. Acude a formación básica que te muestre nuevas vías para conversar, repensar y reeducar. Si te sientes bien, adaptada, incluso plena, hazlo por los hombres y mujeres que hoy son pequeños y juegan ya reproduciendo estereotipos cargados de discriminación.

Hazlo por el futuro. No tenemos que esperar un par de siglos, podemos concebirlo e impulsarlo desde nuestro dominio privado, desde cada lugar de juegos, desde cada espacio de encuentro sexual, desde cada área de estudio o de trabajo, desde cada conversación. Por ellos también, junto a ellos. Por nosotras, por nuestras hijas y nuestros hijos. Por todo y por todos.

Foto: Hillsong.com

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