No lo niegue

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

¿Qué sucede cuando los datos científicos no concuerdan con la visión que tenemos de nosotros mismos? ¿Cómo los negadores de la ciencia se las arreglan para convencernos de que la evidencia del calentamiento global, el VIH, la evolución y la seguridad de las vacunas son falsas? Para nosotros, los que preferimos permanecer basados en la realidad, los “negacionistas” representan un enigma. Muchos de ellos son inteligentes e informados, pero no aceptan los descubrimientos científicos como verdaderos. Al menos no cuando se trata de verdades incómodas que no cuadran con sus propios intereses. Un ejemplo sería el comportamiento de millones de personas en regímenes totalitarios quienes prefieren transformarse en convencidos fans, antes que aceptar una situación intolerable y la necesidad de arriesgarse al enfrentarla: lo más sencillo es cerrar los ojos y negar.

Según el escritor Michael Specter quien define al negacionismo como “un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable”. Afortunadamente, la mayoría de los fascinados por la ciencia (geeks) nunca negarían los hechos confirmados, donde múltiples estudios analizados por pares encuentran la misma cosa una y otra vez. Nunca se sentirían engañados al creer que miles de científicos han conspirado para mentirle a la gente a aceptar un consenso falso. Las creencias se mantienen cuando satisfacen una necesidad y fortalecen el sentido de identidad de las personas, de quienes son o de lo que aspiran a ser. Es así que Dan Kahan, profesor de derecho y psicología en la Facultad de Derecho de Yale, ve la comprensión pública de la ciencia a través de lo que él y otros investigadores llaman cognición cultural: “La cognición cultural puede influir en todo, desde lo que la gente cree que ha visto con sus propios ojos hasta cómo realizan un cálculo matemático”.

A finales de 2013, en los Annals of Internal Medicine (Anales de Medicina Interna) se publicaron tres artículos sobre el rol de los suplementos vitamínicos y minerales en la prevención de enfermedades o la muerte. El primero revisó artículos sobre multivitamínicos y vitaminas únicas o combinadas, que involucraron a más de 400.000 personas. La conclusión: no hay evidencia convincente que los suplementos previenen o retrasan el cáncer, enfermedades del corazón o la muerte. El segundo estudio, fue un ensayo aleatorio que siguió a 5.947 hombres de 65 o más años de edad durante 12 años, no encontrando diferencias en el funcionamiento mental o la memoria, para los que tomaron un multivitamínico respecto a los que ingirieron un placebo. Mientras, el tercero comparó un multivitamínico de 28 componentes con una alta dosis frente al placebo en 1.708 hombres y mujeres que habían sobrevivido a un ataque cardíaco previo. Después de 5 años, no se observó ninguna diferencia entre los dos grupos en cuanto a posteriores ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares. En resumen, los ensayos clínicos muestran que el betacaroteno, la vitamina E, vitamina A, ácido fólico y vitaminas B no tienen un beneficio claro.

Por supuesto, todas las vitaminas, por definición, son esenciales para la salud en pequeñas cantidades. Y aunque los médicos a veces prescriben vitaminas particulares para tratar condiciones médicas específicas, la mayoría de nosotros obtiene todo lo que necesitamos de los alimentos. Pero es la creencia generalizada que los suplementos vitamínicos pueden prevenir o tratar la gripe, enfermedades del corazón, cáncer, Alzheimer, etc. Creencias que no resisten a la observación científica. Pero, tal vez, y esto es sólo una suposición mía, el exagerado consumo de polivitamínicos sea debido en parte a la implacable publicidad y comercialización de suplementos.

Los productores de vitaminas, hierbas y otros suplementos no están obligados a demostrar que un producto es seguro o eficaz antes de venderlo. Además, pueden comercializar legalmente cualquier producto con afirmaciones vagas tales como “mantiene la función inmune”, siempre y cuando no digan específicamente que realmente trata o cura algo. Cualquiera que sea la razón, el público venezolano hoy en día está más inclinado a escuchar a una industria que vende suplementos “naturales” que a un establecimiento médico que vende una vieja y aburrida ciencia. En ese sentido, el estudio realizado por el Instituto Nacional de Higiene “Rafael Rangel”, determinó que los productos polivitamínicos no son considerados alimentos, sino una especialidad farmacéutica en donde se encuentran, por ejemplo, los adaptógenos. Conclusión que también arrojan los informes de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela.

Foto: Vix

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