No basta rezar para salvar la democracia venezolana

Luz Mely Reyes | @LuzMelyReyes

Periodista venezolana, analista política. Especialista en Comunicación Organizacional con certificación en Periodismo Emprendedor en CUNY Graduate School of Journalism. Autora de Politikom, Con la Vagina bien puesta y co autora de Marketing Politico. Herramientas para ganar elecciones. Amo las campañas electorales, por dentro y por fuera.

Cada vez es más frecuente que a la pregunta cómo ves las cosas, responda: cada vez las veo menos. Es un decir, porque en realidad sí las veo, pero no como me gustaría que fueran.

Venimos de un 2016 muy complejo y 2017 puede tender a complicarse un poco más porque los problemas de fondo del país, como son el modelo económico y la crisis política, no terminan de ser resueltos. ¿A qué llamo resolver? A que cualquiera que sea el modelo, haya estabilidad, mayor gobernabilidad y una recuperación en lo económico.

¿Esto pasa por una mayor democracia? No necesariamente.

Es decir, la resolución de la crisis, no implica que mejoren los estándares democráticos. De hecho, una forma de manejo del conflicto venezolano es arreciar el autoritarismo del gobierno y el control social. La administración de la escasez a través de los Claps, la manipulación de los hechos y la táctica del miedo pueden permitir al gobierno correr el primer semestre de 2017.

En términos políticos podemos vivir quién sabe hasta cuándo en el limbo del choque de poderes. Con una TSJ usurpando funciones del Poder Legislativo y con un Ejecutivo que busca, desde el gobierno, satisfacer las distintas facciones. Este supuesto choque no tiene por qué ser resuelto porque le funciona al gobierno. Mantiene contra la pared a la  Asamblea Nacional y puede seguir operando, con el apoyo de un Poder Judicial cooptado.

Para esto se cuenta con un aliado inesperado. Y es la misma oposición representada en la Mesa de la Unidad. Sus constantes diferencias han logrado lo que hace un año parecía imposible: desperdiciar una votación inédita. La dirigencia antigobierno llega a 2017 devaluada, como la moneda nacional, golpeada, desmoralizada y desarticulada.

Recientemente, Edgard Gutiérrez, consultor político y director de Venebarómetro, reveló que en última medición de 2016, la autodefinicion política de quienes se identifican con la oposición cayó 10 puntos porcentuales.

Los números de ese sondeo hecho en diciembre  fueron:

Autodefinición política opositores: 43,3%, chavistas 29%, neutrales 23,7%.

Para noviembre de 2016 en este mismo indicador estos eran los números: opositores 52,8%, chavistas 31,4%, neutrales 14,8%.

¿Cómo se pueden leer estos números?

Este descenso lo atribuye Gutiérrez  al costo de participar en el diálogo  y la vez muestra desencanto, dice, ya que estos ciudadanos no migraron hacia el polo chavista sino que se ubicaron en el centro.

Desde mi perspectiva, el pecado de la MUD no fue  tanto haberse sentado a dialogar, sino hacerlo sin una clara estrategia y en situación de desventaja. Además del reiterado puje de sus fuerzas internas, que de tanto halar simultáneamente para distintas direcciones pueden terminar por implosionar una ya endeble plataforma de oposición.

En la acera de enfrente, el chavismo organizado en el Psuv, maneja sus diferencias con cuotas de poder. El presidente Nicolás Maduro ha logrado neutralizar a algunos, mejorar a otros, pero todo funciona en un frágil equilibro que se mantiene por varias características: la posición militante de la dirigencia, la conciencia del manejo del poder y la claridad de que cualquier disidencia será aplastada.

Mientras esto ocurre con los grupos políticos, la mayoría de la población venezolana no apoya al gobierno. Esto es un hecho consolidado en las encuestas y en casi todas las esquinas. El sufrimiento al que han sido sometidos los venezolanos no tiene comparación en los últimos 70 años.

El sondeo encargado por Venebárometro a la encuestadora Ivad, si bien anota la caída de la oposición, demuestra que el oficialismo no está mejor ahora de lo que estuvo antes de las parlamentarias del #6D, ni la oposición peor que para aquellos comicios. Estamos hablando de que en el sondeo citado, la autodenominación política de oposición descendió de 53% a 43%, mientras que para el #6D estaba en 35%. En cuanto a los que se autodefinen chavistas, se ubica en 30% pero el gobierno sigue con no más de 20% de apoyo y más de 90% considera negativamente la situación del país.

Sin embargo, el gobierno se ha atornillado. No hay a la vista algún indicio de que no pueda seguir haciéndolo. Cuenta con el control institucional y con el armado.

En este escenario, mucha gente se pregunta qué hacer,  cómo evitar que un gobierno autoritario se perpetué violando los derechos de las mayorías, abusando del poder y aplicando la Ley del Garrote.

La Iglesia Católica emitió recientemente un pronunciamiento, que ha pasado casi por debajo de la mesa, pero que contiene, a mi parecer, una clave para enfrentar este momento.

“Ante la desesperanza reinante, que paraliza la dinámica de toda buena y oportuna iniciativa, exhortamos a todas las agrupaciones políticas, a las distintas confesiones religiosas, a los gremios y asociaciones, a las universidades y al amplio mundo educativo, a los medios de comunicación, a lograr puntos de encuentro que favorezcan la articulación de los diversos sectores en un proyecto común de país. Tengamos confianza y esperanza en nuestras capacidades para cambiar la actual situación”. Iglesia Católica.

En este contexto,  llama la MUD a salir a la calle este 23 de enero. Una fecha dura de matar. Para los demócratas venezolanos es un hito que recuerda la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Es tan fuerte esa marca, que ni el chavismo en sus mejores tiempos pudo eliminarla del calendario oficial.

Este 23E será un buen momento para que no solo la dirigencia opositora haga pulso sino para que los venezolanos puedan evidenciar lo que muestran las encuestas: que una mayoría consolidada no quiere a este gobierno y que -además- los cambios que se exigen son en seguimiento de la Constitución.

Muchos venezolanos han intentado hacer algo, pero aún no termina de haber una conciencia mayoritaria sobre la necesidad de organización y acción cívica, democrática para ponerle un límite a los excesos gubernamentales.

El diputado Julio Borges lo decía en su discurso de juramentación como presidente de la AN: No hay salida fácil.

Tal como lo veo, la situación obliga a que las mayorías -no una élite- se agrupen en un objetivo común. Una resistencia pacífica pero constante para retomar la senda democrática. Este trabajo implica la convocatoria a todos los sectores del país, incluso los chavistas reales, los que creen en la democracia, para evitar que perdamos lo poco que nos queda de ella. Es una tarea ardua, pero los venezolanos de a pie tienen la oportunidad de cooperar con los líderes, de ayudarlos y no dejarse abatir por la desesperanza.

La democracia venezolana está realmente en la guillotina. Para evitar que terminen de decapitarla no basta rezar.