Nada originales y todo hierve

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

Se ven cambios de signos políticos a nuestro alrededor. Hay alternancia en el poder –aspecto fundamental de los sistemas democráticos– en los países de la región y no se viven convulsiones sociopolíticas que sacudan a las sociedades.

Los perdedores pasan a ser opositores –unos más propositivos y colaboradores que otros- y los ganadores forman gobierno respetando el marco legal existente.

Son los casos de Argentina, Chile, Perú y Brasil (próximamente Colombia y México quizás tendrán gobernantes de otras tendencias), donde se han mudado las ‘franelas políticas’ y se encaminan sin estremecimientos pues han comprendido que distintas visiones nutren las perspectivas y que la naturalidad de los cambios no provoca conmociones dañinas.

Sin embargo, en Venezuela muchos creen que pudiera ser una catástrofe dantesca –más de lo que se vive hoy- si hay un viraje de símbolos políticos. Al mismo tiempo, hay algunos que se creen invencibles sin enterarse de que el Sha de Irán fue destronado, Pinochet perdió sus elecciones y los surafricanos le pusieron fin a la segregación racial. Todas estas transformaciones eran impensables en su momento y ocurrieron contra cualquier trampa o adversidad que quisieron imponerle a las fuerzas del cambio.

Aparentemente, muchos suponen que somos el origen de un experimento político nunca antes visto. Y resulta que no, puesto que cada acción del poder Ejecutivo no tiene nada de originalidad. Aún más, todas sus maniobras provienen de los manuales de principiantes de dictadorzuelos muy manoseados. Y ya hay varios antídotos para estos comportamientos.

No somos un caso insoluble ni mucho menos pionero. A lo largo de la historia, ha habido autócratas por montones y totalitarios en polvo que se han creído insuperables e inmortales. En distintas épocas, han estado entre nosotros gobernantes que han sido ‘fabricantes de pobreza’ y ‘productores de ruina’. En diferentes lugares, se ha insistido en promover el control absoluto del Estado como el sistema capaz de generar crecimiento, progreso y bienestar en la población, y sus resultados son ampliamente conocidos.

Igualmente, los acosos de las autoridades también se practicaron en otras latitudes para preservar el poder. Y todavía más, los países que han padecido procesos hiperinflacionarios siempre han terminado destronando a los culpables, pese a toda su propaganda manipuladora y sus quilates de cinismo.

Al final, las estrellas y los astros se alinean para derrotar constantemente a aquellos que se dedican a construir imperios personales que incitan a la crueldad y esos poderíos enfermizos que destruyen la moralidad.

Aunque, a decir verdad, hay otra formación que es más poderosa que la de las estrellas y los astros, o más enérgica que conjuros milenarios: el orden del pueblo cuando está resuelto a lograr su libertad. Esta determinación sí es implacable. A esto le temen más que a la maldición de Maracapana que una vez declararon. Saben que la olla sigue hirviendo y se huele el pavor.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

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