Mujeres y dinero

Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

Una de las mayores dificultades que encuentro en común entre la gran mayoría de mujeres que conozco y vienen a mis talleres, es el asunto de ponerle precio a su talento. Tasar el producto de su trabajo, cobrar lo que valen sus aportes, negociar sueldos, pedir aumento salarial, pedir un crédito al banco o cerrar un acuerdo que les favorezca en un negocio, son usualmente los temas más duros que enfrentan muchas de las emprendedoras, profesionales y mujeres de carrera.

Investigaciones recientes demuestran que existe una brecha salarial de género de casi 24% en los países de nuestra región. Por cada dólar que se le paga a un hombre, la mujer recibe 76 centavos de dólar por el mismo trabajo y dedicación. Esto se sabe y no se corrige. Trabajo en el área de RRHH desde hace muchos años y me consta que cuando hago una oferta salarial, 9 de cada 10 mujeres la aceptan sin contra ofertar. Exactamente, lo contrario ocurre con los hombres, 9 de cada 10 piden revisar el paquete de compensación originalmente ofrecido para que se ajuste a sus expectativas. Quizás por este hándicap de género, es que tan pocas estamos en altos puestos directivos, menos de 3% en las juntas directivas en el ámbito mundial.

Las mujeres sabemos negociar, no pareciera que es un asunto de técnica, porque cuando se trata de pedir para otros lo hacemos sin tropiezos. Es más bien la actitud negociadora ante nuestras propias necesidades lo que parece que no tenemos. A muchas eso de “venderse a sí mismas” está fuera de tener sentido. Esperan que los demás se den cuenta del valor de su trabajo y lo que aportan a la organización, perdiendo así oportunidades importantes para obtener los deseados resultados financieros personales.

El problema es que cuando las mujeres presionamos por un alza en nuestros precios, o pedimos más dinero por nuestro trabajo, o reclamamos lo que nos parece justo, o cobramos por lo que hacemos, somos vistas como conflictivas, demandantes, ambiciosas y mal educadas. Todo lo que huele a competitividad correlaciona negativamente con las mujeres, pero positivamente con los hombres. Socialmente se premia e incentiva un papel de sumisión por parte de nosotras.

¿Por qué pasa esto? Obviamente por la educación diferenciada que recibimos en torno al tema. A las mujeres nos enseñan a insinuar, a no pedir directamente; a aceptar sin reclamar; a ser cautas; a tomar un no como una respuesta definitiva y a no contrariar al otro. También, a desvalorizar y quitarle méritos al producto de nuestro trabajo, llegando al extremo de trabajar sin ningún tipo de remuneración en las labores de cuidado y domésticas, disfrazado todo ello de amor y bondad. Sin pago por la comida que preparamos, sin compensación por la ropa que lavamos, sin contraprestación de ningún tipo por los niños y adultos mayores que cuidamos.

Y esto es así porque se supone, desde la lógica del machismo, que los hombres deben ganar más porque son el sostén de la familia y que las mujeres están para reproducirse y cuidar el hogar. Los hombres para la vida pública, las mujeres para la vida privada. Los hombres a ser exitosos, las mujeres a dar soporte, por lo que los ingresos femeninos se suponen marginales y complementarios.

Entonces, ¿qué sentido tiene ganar dinero si siempre vas a estar de segunda y con objetivos limitados de superación personal? Gracias al cielo todo esto va cambiando, pero se mantiene esa extraña relación de amor -odio de las mujeres con lo monetario.

Múltiples creencias limitadoras con las que crecemos se disparan al momento de defender y fijar posiciones en torno al dinero, colocando al conformismo y la resignación como valor.

La incomodidad, timidez e intimidación que se siente cuando se está en la situación de pedir, el acostumbrarnos a que los demás nos digan lo que merecemos en lugar de establecerlo nosotras mismas, el no contar con una estrategia bien pensada para negociar por nosotras, todo es consecuencia del sitio a donde nos relega la cultura patriarcal. Muy pocas escapan a esta norma.

El pequeño detalle es que si no tienes autonomía financiera no tienes piso para trabajar sobre todos tus otros derechos. Eso lo sabe muy bien el sistema machista que domina el capital, y siempre te hará sentir mal cuando no te calles y exijas lo que te toca y quieras para ti. Pero si no defiendes tu propia valía, nadie más lo hará por ti.

Empoderarnos en torno al manejo del dinero es fundamental para alcanzar verdadera independencia. Todo lo que se haga en este sentido es un aporte para la construcción de una verdadera igualdad de género.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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