Mientras la FIFA arde, la FVF parece desentenderse ( Opinión)

Por Ignacio Ávalos

Título original: ¡Gracias FBI!

 

I.

Desde hace rato se saben estas cosas (y otras).  Sobran las denuncias de todo tipo, formuladas de mil maneras en casi cualquier parte de la Aldea Balón.  El periodista escocés Andrew Jennings, es quien seguramente ha sabido meter más a fondo el bisturí. En su último libro, “Omertá: la FIFA de Sepp Blatter”, es donde describe, con más minuciosidad, “la mafia que gobierna el fútbol mundial”.  No obstante, ni ésta, ni ninguna otra crítica, ha hecho mella. La FIFA ha seguido, impunidad mediante, haciendo de las suyas.

Sin embargo, recientemente el FBI se le atravesó en el camino. En lo que comenzó siendo una investigación sobre la evasión de impuestos (cualquier parecido con el caso de Al Capone no es mera coincidencia) y el blanqueo de dinero de procedencia incierta, termino revelando una gran corrupción ligada al futbol a propósito de asuntos tales como elecciones manoseadas y tramposas, sobornos en la designación de la distintas sedes para  eventos internacionales ( no sólo, las copas mundiales), manejos turbios en la firma de patrocinios con grandes corporaciones, sospechas en la contratación de los derechos comerciales para la televisión y paremos de contar. Se destapó, pues, la olla y adentro apareció también el Presidente de la Federación Venezolana (FVF).

Estas cosas ocurren en una organización que lleva el ropaje inocente de una ONG sin fines de lucro (?), y que se permite actuar al margen de las reglas nacionales e internacionales, amparándose fundamentalmente en su estatuto 68, el cual prohíbe explícitamente el recurso a la justicia ordinaria de cualquier país. La FIFA tiene, así pues, sus propias instancias y reglas para resolver los problemas legales que se le presenten.  Se ha dicho que es algo así como si tuviera su propio Estado de Derecho.

 

II.

Pero, quien habría podido adivinar, que el FBI sacaría al aire la situación, permitiendo que jueces y fiscales norteamericanos sentaran a la FIFA en el banquillo de los acusados. Que desnudaría, de esta menar, la estructura de la organización, mostrando que lo ocurrido no es cuestión de casos aislados, sino del ADN según el que ella funciona.

El sentido común democrático indica que el poder no se puede ejercer sólo según le parezca a quienes lo ejercen. Que hay que someterlo a reglas, hacer que rinda cuentas, que se renueve cada cierto tiempo. En fin, hay controlarlo para que emplee de manera antojadiza, lo cual vale para todos los ámbitos de la vida humana: para un país,  una empresa,  un club de excursionistas y hasta para una guardería de niños.

Sin embargo, en el futbol (y en general en el deporte) no se gobierna según indican los cánones democráticos. La elección de las autoridades es amañada, los directivos se perpetúan en los cargos – hasta que el cuerpo aguante y la ambición descanse -, los informes de gestión son aprobados por un grupito de relacionados,  las cuentas son un misterio y como éstas, un rosario largo de arbitrariedades. Así las cosas, la FIFA manda a su aire en el Planeta Futbol. Como lo hace, desde luego, la FVF en el escenario nacional. En ambos casos se construyó un andamiaje convertido sistema, norma y rutina, ideal para propagar complicidades.

 

III.

¿Pasará algo después de lo que paso? ¿O solo será un susto, útil para aconsejar, apenas, cambios de fachada?. Por de pronto la inmediata re elección de Blatter no  fue una buena noticia. En vez de un gesto de auto crítica, el alto mando de la FIFA pareciera haberse decantado por la complicidad,  por el encubrimiento y por la defensa de sus intereses. Sin embargo, su renuncia, tres días después, deja ver, más allá de sus motivaciones, que acusó el golpe y que con su decisión de abandonar el cargo, contribuye a destrancar el juego y dejar que soplen los vientos del cambio.

No hay duda, pues, de que se le movió el piso a las autoridades del balompié. Aparte de la dimisión de Blatter, han empezado a asomarse situaciones muy variadas, cuya su envergadura y consecuencias son, por ahora, difíciles de calibrar. Inglaterra, por ejemplo, pide que la UEFA sabotee el próximo mundial, el que se llevara a cabo en Rusia. De otro lado, algunos hablan de un reacomodo de la geopolítica futbolera, con Asia y África reclamando mayor protagonismo.  Y Puttin, por su parte, señala que el escándalo esconde una maniobra norteamericana para retirarle a su país la sede del campeonato, una acción en formato de la antigua guerra fría.

En fin, vaya Usted a saber qué rumbo tomarán los acontecimientos. Lo que si pareciera cierto es que el gobierno mundial del fútbol no será igual después de este episodio. Y tampoco el gobierno del futbol venezolano, claro, aunque la FVF pareciera hacerse un poco la desentendida, mientras la fiscalía y los tribunales de la república miran hacia el otro lado (de paso, hay que respetar el sagrado principio de la presunción de inocencia, para también el de la necesidad de impartir justicia).

A uno no le gusta que el FBI (que no es precisamente una agrupación de carmelitas descalzas), haya sido el detonante de todo los que ha venido acaeciendo estos últimos días. Hubiese querido que fuera, más bien, el fruto de un movimiento transformador nacido de las propias entrañas del fútbol, pero como se sabe, las cosas, también las buenas,  solo a veces pasan como uno quiere que pasen

Gracias, pues, al FBI por los favores recibidos

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