Maduro se niega a sí mismo

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

“Y eso es historia viva (…) El pueblo aprobó las bases para hacer las elecciones (…) ¿Ustedes recuerdan que decía la burguesía? (…) Llamó a votar que ¡No! (…) Luego se dio la Constituyente (…) se dio el debate de la Constituyente (…) Por primera vez se hizo una Constitución, una Constitución, de puertas abiertas se hizo con el pueblo, la Constitución azul, nuestra Constitución de la Patria (…) La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. ¡Así nació! (…) 15 de diciembre de 1999, día glorioso (…) porque se aprobó la primera Constitución de la historia republicana de Venezuela aprobada por el voto popular ¿Quién se acuerda de eso? (…) muy poca gente (…) El olvido de la historia gloriosa y revolucionaria de la patria, puede ser parte de…la causa de que algunos compatriotas se puedan confundir en algunos momentos (…) porque cuando el pueblo aprobó la Asamblea Nacional Constituyente, comenzaba el camino (…)”

Nicolás Maduro. Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

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La historia no perdona. En ella se esconde cualquier documento escrito, audio o video que termina siendo la más contundente prueba en contra de quienes en algún momento expresaron palabras, que años después niegan con sus acciones o posiciones orientadas por hechos circunstanciales. Tales individuos, cuando niegan lo que ayer pregonaban, no sólo convierten en bazofia discursiva cualquier alegato histórico, jurídico o político, sino que esa lexis (si alguna la vez tuvieron), deja en evidencia que la credibilidad de estos no merece la mínima confianza ante cualquiera de sus planteamientos.

Sobre Nicolás Maduro existen muchos episodios de falsedades. Bastaría recordar cuando propuso al entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama que “cambiaba” a Leopoldo López por Oscar López Rivera, sin tal vez imaginarse, que meses después, Obama daría libertad a ese individuo, lo que terminó por hacer del propio Maduro, tragarse sus palabras, y decir que sobre tal situación, lo suyo había sido un “comentario jocoso”.

Ahora Maduro, después de cuatro años en el poder, en vez de reestructurar la ilegal deuda externa que ahoga las finanzas públicas, ha preferido pagarle a los más ricos capitalistas de Wall Street, razón por la cual, prefirió suprimir las importaciones de alimentos y medicinas para el pueblo, generando con semejantes medidas una imperdonable crisis social que ha arrastrado al pueblo al hambre y condiciones miserables de salud, porque no se encuentran los alimentos esenciales, ni existen medicamentos básicos ni siquiera en los hospitales ni ambulatorios, llegando tal aberración social, al punto de tener que ver a ancianos comiendo entre la basura, o soportar la indignación de que recién nacidos sean colocados en “cunas de cartón”.

Durante el tiempo en que Maduro ha estado en el poder, hemos tenido un empobrecimiento colectivo brutal, no sólo como el más numeroso de nuestra historia, sino también el más humillante, porque mientras el pueblo lucha por sobrevivir, quienes integran la cúpula madurista viven como jeques árabes, residenciados en mansiones o palacios de exclusivas urbanizaciones, a la par que se trasladan en costosas camionetas o faraónicos vehículos, y sin el mínimo pudor, junto con sus “socios”, colocan a Venezuela en las lista de los 10 países que más compran aviones de lujo para uso particular. O sea, una contradicción irracional que solamente puede ser vista en países donde la barbarie política ha arrasado con la sindéresis y llevado a todo un pueblo al ostracismo social.

Por ello, cuando ese pueblo indignado y humillado pero cansado de tanta podredumbre política ha exigido a Maduro que se vaya del poder, este no sólo niega la vía electoral, al suspender inconstitucionalmente los eventos políticos para elegir gobernadores y alcaldes, sino que llega al extremo de utilizar tribunales penales para suspender un eventual referendo revocatorio en su contra, conociendo de antemano que cualquier resultado electoral, sería tan desastroso como los obtenidos en relación con las elecciones parlamentarias de 2015, en donde el madurismo perdió las dos terceras partes de la Asamblea Nacional.

Y en esta vorágine de inconstitucionalidades y quiebra moral de la república, Maduro termina por convocar una “constituyente” en la cual sólo tendrían derecho al voto su despreciable claque y grupos de panegíricos que, al verse desplazados del poder, intentan por todos los subterfugios posibles imponer a la mayoría del pueblo ese ilegítimo e ilegal proceso electoral con la única finalidad de destituir a la fiscal general de la República, disolver el parlamento, y peor aún, perpetuarse en el poder sin importar las necesidades de la población.

Lo irónico es que Maduro, como promotor de tal ruptura constitucional, comenzando su mandato nos recordaba que tanto las bases comiciales para convocar la Asamblea Nacional Constituyente, como para aprobar la Constitución de 1999, todo fue aprobado por el pueblo, es decir, ese mismo pueblo al que hoy niega el derecho al voto, y además, venir a manipular diciendo que hay que darle “rango constitucional” a la misión vivienda, cuando en el mismo video dijo: “(…) y en esta Constitución está el derecho del pueblo (…) a tener una vivienda y un hábitat (…) aquí está en la Constitución”.

Maduro nuevamente queda al desnudo con la derogatoria que pretende dar en contra de la Constitución de 1999 y el pueblo de Venezuela. Sus palabras no sólo lo delatan sino que demuestran que su único propósito no es el bienestar de la gente, sino anteponer sus ambiciones por el poder, aunque tales acciones nos lleven por un capítulo muy sangriento de nuestra historia. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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