Maduro condena al pueblo a morir de hambre

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

¡Un kilo de leche vale una quincena del salario mínimo! Así como lo leyeron. Y es que los alimentos simplemente se han hecho incomprables para los trabajadores. Y ante semejante realidad, Maduro lo que hace es “aumentar” salarios que son financiados con impresión de dinero inorgánico, que a su vez aumenta desproporcionadamente la masa monetaria del país, y por consiguiente, el único efecto inmediato que logra es que los precios continúen marcando su rumbo alcista, calamitosa situación económica que además se complica con la devaluación permanente de la moneda nacional en el llamado mercado paralelo.

Con tal realidad, ha quedado al descubierto que este gobierno solo pretende terminarnos de empobrecer en la más absoluta miseria, para que todos tengamos irremediablemente que pedirle que nos otorgue una bolsa de comida Clap, que a lo sumo durará dos o tres días en nuestras despensas, sin que tales suministros impliquen carnes blancas o rojas. O sea, es evidente que, más temprano que tarde, las muertes por inanición, es decir, por hambre, serán cada vez más comunes en la Venezuela petrolera.

De hecho, recientemente, murió un niño por falta de alimentos en un hospital tipo IV, ubicado en la capital de la República, lo que también comprueba que el hambre no sólo afecta a los hogares, sino que en los propios centros de salud pública y aquellos espacios como cárceles, e incluso cuarteles y destacamentos militares y policiales, la alimentación que reciben tanto niños como adultos, es simplemente una retórica, porque todo es entelequia.

Sobre el programa de alimentación en las escuelas y liceos, al cual ahora llaman demagógicamente “sistema de alimentación escolar”, en los últimos cuatro años, prácticamente ha funcionado menos del 25% de los días correspondientes al calendario escolar, más grave aún, es saber que las raciones que perciben nuestros niños y adolescentes son insuficientes, tanto en cantidades calóricas como alimenticias propiamente dichas. Es más, no podemos obviar, cuando aquella estudiante de bachillerato, increpó al presidente de la República en una de sus alocuciones, al decirle que sus compañeros “se desmayan del hambre”, y dejando constancia que les habían suspendido la comida desde hacía unos dos años.

Para qué referirme del resto de las denuncias sobre dotación, infraestructura, inseguridad y múltiples problemas de la institución educativa que describió la estudiante. Por supuesto, Maduro respondió con máximo cinismo, al decir que tuvo que ir al sector en donde se ubicaba el liceo, para enterarse de la situación. Es decir, lo que se denuncia a diario por diversos medios, reportajes y artículos al parecer no es de interés del gobierno, y menos del presidente de Venezuela.

Es casi seguro que Maduro volverá a “aumentar” el salario mínimo y el bono de alimentación (estimo en un 50% el primero y llevará hasta 20 unidades tributarias diarias lo segundo) a partir del 1-9-2017, lo cual traerá nuevos incrementos en los costos de productos, bienes y servicios, que intentarán ser “combatidos” con algún decreto de “congelamiento de precios” emitido por la “constituyente”, cuyo principal efecto será que en los próximos días, aquellos productos que tendrán más controles en sus valores desaparecerán de los anaqueles, originando más escasez y, por ende, los únicos beneficiados serán las mafias de las economías paralelas, mejor conocidos como “bachaqueros”, quienes terminarán por multiplicar 10, 20, 30, 40 y hasta 100 veces más el valor de lo que el gobierno pretende “solucionar”. En otras palabras, y en criollo: “será peor el remedio que la enfermedad”.

Sin embargo, mientras observamos al pueblo comer de la basura o morir de hambre, la otra cara de la moneda aparece, cuando por ejemplo, vemos a los jerarcas de la “educación”, tanto a nivel nacional como regional, comiendo en los restaurantes más costosos de la isla de Margarita, degustando de los más exóticos platos, y cuyos precios pueden superar lo que gana un docente promedio como salario en un mes. Verbigracia, mientras nuestros niños y adolescentes hasta se desmayan por hambre, así como tenemos un gremio de la docencia que pasa muchas necesidades. ¿Cómo hacen estos “funcionarios” para tener semejante nivel de vida, y además burlándose evidente del pueblo que no puede comer, al tomarse sendas fotografías con inigualables sonrisas que suben a las llamadas redes sociales, donde demuestran que ellos comen a placer?

Que un kilo de leche tenga como precio casi el 100% de una quincena del salario mínimo, es la prueba más contundente del fracaso de un gobierno, que sólo nos miente al decir que le “interesa el bienestar del pueblo”. ¡Hipócritas y mentirosos!

La única verdad es que desean vernos arrastrados a los pies de ellos como dueños del poder, para que les pidamos hasta un paquete de arroz o una lata de sardinas. Lo irónico es que mientras nosotros vivimos cada vez con mayor miseria, los hijos de la casta política del madurismo hasta viven, estudian y vacacionan en el exterior ¿Verdad, Jorge Rodríguez?

El madurismo es la perversión neototalitaria del siglo XXI. Maduro condena al pueblo a morir de hambre, mientras ellos viven como millonarios y oligarcas. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

Foto: EFE

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  • Josebasier

    Ahora resulta que el Ilegitimo pistolero de Puente Llaguno ahora es dueño de las CLAP.. negocio redondo pues..