Los hombres si bailan

Los hombres si bailan
Leoncio Barrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

En Caracas, como en muchas ciudades del mundo, se está bailando en plazas públicas.  BAL, baile al aire libre, lo llamamos.  A diferencia de aquellas muchas metrópolis, limitadas por el clima a pocos meses de movimiento, en la Sultana del Ávila se puede bailar todo el año, sin parar. El asunto es que algo pasa allí: ellas bailan, ellos, no tanto.

Las sesiones de baile al aire libre caraqueño que más convocan suceden en la Plaza San Jacinto, en el centro de la ciudad, donde acude gente de los llamados sectores populares, y en la Plaza Los Palos Grandes, en el Este, donde baila gente de los llamados sectores medios.  Dos mundos sociales en la misma ciudad.

Esos escenarios han permitido observar aspectos de la llamada socialización de género o cómo los hombres y mujeres se expresan corporalmente de acuerdo a su sexo. Todo marcado por factores socio-culturales.  Por supuesto que el tema de género es mucho más diverso que esto pero para lo que voy a decir, quedémonos con lo convencional: hombres y mujeres que se expresan, se mueven como se establece para cada sexo.

En San Jacinto el baile al aire libre es una fiesta mixta, expresiva.  Los hombres  sacan, bailan, se deslizan con  libertad corporal.  El cuerpo es suyo como el de la pareja y el espacio. Son los reyes de la fiesta. Casi no paran de bailar. Ellas no se quedan atrás, para nada. No hay negra que baile tanto, como mi negra Asunción, dice la popular letra de una canción.  Suena el guaguancó y ellos se hacen música., se sueltan; ellas se dejan llevar.

En Los Palos Grandes el baile tiene una expresión corporal más comedida.  No tanto por parte de ellas como de ellos.  Los hombres que allí bailan, sobre todo los importados, saben echar un pie, tienen su tumbao, pero a la mayoría de sus vecinos les cuesta no solo ir a la plaza a bailar sino que algunos van y solo ven. Pocos se atreven a moverse en público. Suenan los timbales y ellas son las reinas de la fiesta aunque bailen solas.

Lo que sucede con los BAL de ambos espacios nos dice que la pauta impartida a los varones de una misma ciudad con respecto a la expresión corporal varía según su entorno cultural: a unos los educan sobre la base de la soltura, a otros, de la contención.

A pesar del machismo imperante en los sectores populares, el cuerpo del varón es su gran instrumento  no solo para ganarse el sustento, defenderse sino para  disfrutar.  Los hombres de  esos sectores hacen alarde de su cuerpo mostrándolo con poco pudor, lo gozan en sus casas y en la calle, sin mayor diferencia. En la plaza cuidan la apariencia en el vestir, van de fiesta pero el cuerpo sigue siendo el que han aprendido a expresar y gozar.

En los sectores medios la relación con el cuerpo pareciera estar más problematizada, más impregnada de vergüenza y el consecuente recato.  Tanto en las mujeres como en los hombres, pero la represión desde afuera y la auto infringida es mayor en ellos. Mientras menos expresivos sean, más serios, se supone que más hombres. Varón que se mueva mucho puede ser sospechoso. El baile, como el sexo es movimiento. La pauta en los sectores medios parece ser moverse solo en espacios íntimos, donde apenas una persona o pocas lo vean. La plaza es pública; en la plaza no te muevas.  Hay sus excepciones, claro.

Cada día bailan más

Pero los hombres, en general, en cualquier parte del mundo, sobre todo los de generaciones jóvenes van rompiendo amarras, se van liberando de las férreas pautas tradicionales de la masculinidad.  Van mucho más lento que sus compañeras generacionales, eso sí, pero también han cambiado y seguirán haciéndolo.

Aún los movimientos sociales que reivindican las nuevas masculinidades no tienen la fuerza de los  feministas pero lenta, suavemente se van moviendo y así como se ha logrado aceptar que los hombres sí lloran, con el baile al aire libre en Los Palos Grandes intentamos impulsar que los hombres sí bailan, que no tienen porqué tener miedo a hacerlo públicamente.   Tan simple como eso y ya es liberador.

Ver también

Permiso para bailar

 

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