Los dramáticos asesinatos de una docente y un productor de televisión

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

En el día de la Divina Pastora, el gobierno nos mostraba el cómo se prepara ante un eventual ataque del “enemigo”, y por ello, en cadena nacional reaccionaba con sus armas, en una especie de capítulo que deberíamos enfrentar los venezolanos, en caso de que Maduro y sus acompañantes neototalitaristas se vieran amenazados ante la eventual salida del poder.

No nos equivocamos al decir que la llegada de Tareck El Aissami a la vicepresidencia de la República generaría más violencia en el país. De hecho, el recibimiento no ha podido ser más elocuente. En menos de 72 horas, entre los minutos que separan el Día de la Divina Pastora y el Día del Educador fueron asesinados una docente y un productor de una cadena televisiva nacional.

Ambos asesinatos, además de ser condenables en toda la extensión e intención por las características de los crímenes, son más dramáticos porque el primero ocurre dentro de la instalaciones de trabajo de la educadora, es decir, en una escuela, donde sería un pleonasmo recordar que la mayoría de seres que acuden a estos espacios son niños, mientras en el caso del joven que perdió la vida a manos criminales, iba rumbo a su residencia.

Para los delincuentes, no importan los sitios en los cuales deciden matar, y menos los horarios, lo cual indica que la ciudadanía está a la merced de bandas armadas, desadaptados sociales, pranes y cualquier otra denominación de quienes se han apoderado de las calles y avenidas del país, ante la debilidad de un gobierno que resulta fuerte para aplicar leyes e interpretaciones “jurídicas” contra sus adversarios políticos, incluso llevando a la cárcel a quienes piensan distinto que ellos en sus apreciaciones sobre la conducción del país, pero resultan cómplices, inertes, amorfos y por supuesto, practicantes de la impunidad sobre quienes desangran el pueblo inocente en cada rincón de Venezuela.

Es despreciable ver que en cadena nacional la cúpula del gobierno y sus aliados militares, casi que invocan el inicio de la guerra civil ante la pérdida de apoyo popular, mientras la delincuencia se desborda con máximo libertinaje para la ejecución de sus fechorías. Robos, hurtos, atracos, extorsiones, chantajes, secuestros y asesinatos copan la escena en cada ciudad, pueblo o vías de tránsito peatonal o de comunicación.

No existe lugar, ni geografía la cual no haya sido mártir de la alteración social. Desde medios de comunicación social hasta el más modesto de los hogares ha sido objeto de los antisociales. Las escuelas y los hospitales son frecuentados por malandros sin que exista autoridad que pueda detenerlos y menos aprehenderlos. Los autobuses son blanco perfecto de choros, que no tienen piedad alguna contra quienes terminan siendo sus víctimas. Y aunque suene insólito, hasta las propias bases militares y policiales han sido robadas.

Mientras los venezolanos tenemos que convivir con un país destruido por la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, tenemos que salir resignados de nuestros hogares con la incertidumbre de que tal vez no regresemos a nuestras casas, porque algún asesino puede cruzarse en el medio del destino y terminar por truncarnos la vida; verbigracia, el Derecho a la Vida en Venezuela se convirtió en entelequia.

Tenemos unos cuerpos policiales que han sido atomizados e infiltrados por los delincuentes. Una guardia nacional que sólo funciona para reprimir al pueblo. Un ejército quien no puede justificar el cómo las bandas de antisociales se ha adueñado de pistolas, fusiles y granadas de este órgano “castrense”, y unas autoridades que siempre le echan la culpa de todos los males de la sociedad en los términos de la delincuencia al “paramilitarismo” y la “extrema derecha”.

El madurismo como gobierno está desangrando al pueblo día a día, porque es el único responsable de la muerte de miles de venezolanos, así como de otros quienes quedan heridos, en muchos casos con consecuencias irreversibles sobre sus vidas. Sin duda, que el asesinato de una docente y un productor de televisión, son la escena repetida que vivimos todos los venezolanos, debido a la impunidad, la corrupción y la insensibilidad de un gobierno quien sólo se aferra al poder, pese a tener un rechazo inmenso de la población.

Ante tanta ineptitud gubernamental, se hace imprescindible una gran movilización en todo el país por exigir la vida de los venezolanos. No podemos continuar siendo pasivos ante la muerte, y menos convertirnos en seres conformistas de la degradación social y la podredumbre política.

¡Luisa y Arnaldo! La sangre derramada de sus vidas, nunca quedará impune, porque quienes hoy ríen por la muerte de ustedes y de miles de compatriotas que han caído por culpa de asesinos y una dirigencia política incapaz y ramplona, más temprano que tarde, tendrán que rendir cuentas ante la justicia. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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