Las protestas no se detendrán pero la represión tampoco

Aimé Nogal M.

Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela, con estudios de periodismo. Especialista en Derecho Procesal Civil y experiencia en Derecho Electoral. Consultora empresarial en materia de Asuntos Públicos.

Luego de leer que un grupo de detenidos fue obligado a comer alimentos con heces durante su encarcelamiento en un centro de detención militar, concluyo que esa es la respuesta “oficial” a las “puputov”. Aclaro de antemano que tal razonamiento no tiene como finalidad justificar la conducta de los carceleros, sino dejar en evidencia que estamos en presencia de un juego de escalada, por lo que en los próximos días el incremento en el nivel de crueldad como respuesta a la protesta es un escenario con altas probabilidades de ocurrencia.

Es difícil descartar que el nivel de represión vaya a detenerse, evidencia de ello es el aumento exponencial de ataques a urbanizaciones y sectores populares por parte de grupos civiles armados; también la penosa cifra de 43 vidas que han sido arrancadas de sus hogares, la mayoría asociadas al ejercicio del derecho a la libre asociación y manifestación. La resistencia mostrada a pesar del ensañamiento contra quienes piden elecciones, implica para el gobierno una mayor necesidad de forzar a los ciudadanos a abandonar la calle, de ser necesario con más barbarie y más violencia. En este escenario de desgaste, el gobierno ha comenzado a intuir que la estrategia de atemorizar con la actuación de la GNB y de la PNB no está funcionando.

En 2017 las manifestaciones tienen un perfil existencial

A diferencia de las manifestaciones registradas en 2007 y luego en 2014, por cada abuso se multiplican las ganas de salir a manifestar, eso es una modificación conductual importante, a quienes regresan a marchar los anima la esperanza, de ahí el incremento en la visibilidad de los civiles armados.

Quienes han resultado heridos y logran ponerse en pie, vuelven a la protesta, a pesar de los ruegos de sus familiares, se ha transformado el sentir colectivo de la manifestación en negativo, destinada a expresar el descontento, a una fase superior que podríamos denominar de expresión existencial, esto es un convencimiento interno de que en estas condiciones no se puede vivir. Hasta octubre de 2016, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, se registraron 4 mil 725 protestas, pero eran demostraciones aisladas.

De ambos lados se preguntan, ¿cuánto durarán estas demostraciones? Es preciso recordar que esa necesidad de expresarse públicamente en contra del ancien régime estuvo en pausa desde julio de 2016, mientras había esperanza de celebración del referendo revocatorio; sin embargo, esto es distinto, no hay un dirigente opositor montado en una tarima enseñándole a los ciudadanos la tierra prometida, hay una fuerza reprimida que ha convertido en “gesta” cada manifestación, que ya tiene sus propios símbolos, mártires y que salió del gueto de Chacao–Baruta–Altamira.

Es un maremágnum de ciudadanía convencida de que es probable morir protestando, pero sin hacerlo también es alta la probabilidad. Ahora el chavismo paga con creces el costo de no haber podido imponer el Decreto 1011 y aplicar en toda su extensión la Ley de Universidades. Las instituciones universitarias siguen albergando en su seno a “los parteros de la historia”. ¿Y quién lucha contra la fatalidad del cumplimiento de los ciclos vitales? Que lo digan los exánimes líderes de los partidos tradicionales que impidieron, de todas las formas posibles, la expresión de su justo relevo.

La ruptura histórica

Alguna vez leí lamentarse al Alcalde Mayor Antonio Ledezma, sobre la suerte de sus aspiraciones Quejoso decía –me atrevo a parafrasearlo– que cuando quería aspirar a la Presidencia de la República, siendo militante en Acción Democrática, le criticaban por su juventud, y ahora era blanco del descrédito al acusarlo de ser bastante mayor para la generación actual.

La ruptura histórica existe, hay una vanguardia que se expresó en 2007, cuando se registró una alta participación de estudiantes en la vorágine que implicó el primer atentado contra la hoy –por los vientos que soplan– moribunda Constitución de 1999. Diez años después, los protagonistas en roles antagónicos ocupan espacios de poder. A propósito de esto último, es preciso recordar lo señalado en 2014 por el entonces ministro para la Educación, Héctor Rodríguez, quien al explicar el alcance de la “campaña para erradicar la pobreza” advirtió: “no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos”.

He ahí el quid del asunto. ¿Cuántos muchachos sacaron la cuenta sobre la inevitabilidad de la pobreza? ¿Cuáles son las inquietudes de quienes se resisten a emigrar a otro país? ¿Qué motiva a quienes protestan en sectores populares a renunciar a su única cuota del rentismo, llámese CLAP o Misión Nro 30?

De algún modo el país que venía crujiendo a cada pisada, revivió con un profundo sentido de pertenencia; para quienes han llevado la peor parte de las protestas, volver a la “normalidad” no parece una opción y, generacionalmente hablando, no lo es.

La “Generación Y” se emocionó con el auge antipartidos que tendió la cama a esta desastrosa situación, pero sobre todo vivimos antes de este desastre, y eso logra confortarnos de vez en cuando porque, a pesar de las dificultades, logramos adquirir una vivienda, un carro, estudiar el pregrado, pagarnos un postgrado, viajar al exterior, todas ellas realidades negadas para los que tienen menos de 30 años. Por ello la protesta es un tema ontológico: ¿existe la libertad? ¿Existe la democracia? ¿Existe el Estado de Derecho? ¿Existe el progreso?

Voté por primera vez en 1998, tenía 19 años, puedo recordar claramente cómo el estatus quo que adversaba a Hugo Chávez creía que todo lo podía, incluso evitar la victoria del barinés. En cierto punto, la pérdida de la conexión con la realidad social lleva a la derrota a los gobernantes. Quizás, después de todo, los voceros de este gobierno tienen razón en afirmar que hay un “pueblo rebelde”; lo que aún se resisten a entender es que la inmensa mayoría se ha cambiado de acera.

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  • CAMALEON

    Jejejeje….¿A que sabrá esa mierda?…¡que alguien me explique!…jejeje

    • BRUJO

      JE JE JE JE JE JE JE JE JE, SI NO SABES TU QUE ESTAS ACOSTUMBRADO A COMER ESA VAINA JE JE JE JE JE JE JE JE JE JE JE JE JE. ES EVIDENTE QUE LAS PROTESTAS NO SE DETENDRÀN Y NO CABE DUDA QUE EL EMPLEO DE LA REPRESION Y ASESINATOS POR PARTE DE TUS AMOS TAMPOCO, SI NO ENTIENDES DE ESTA FORMA TENDREMOS QUE BUSCAR MATERIAL PARA LA ENSEÑANZA ESPECIAL BUUUUUUUUUUUIIIIIIIIJIJIJIJIJIJIJI.

  • Elena Acosta de Antias

    Amiga te felicito, comparto tu opinión, esta magníficamente planteado, recoge de forma concreta y sintetizada la situación actual. Hoy hay crispación, estrés, desilusión desesperanza de ambas partes del grueso de la población, porque todos en ambos lados, a excepción de las cúpulas sufrimos lo mismo. Acompañado esto de amedrentamientos, amenazas, muertes, familiares ausentes, mas deudas, menos comida etc. y sin saber hasta cuando, por los vaivenes de la política.