Ladrón de dignidad

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Aparte del colapso que penetró la institucionalidad democrática en Venezuela, el país pareciera haber sido barrido por una horda de expoliadores, usurpadores y de timadores. Tan pervertida caterva de insanos, pareciera haber sido dirigida por otro pero de particulares condiciones. Es decir, por un ladrón de dignidad. Su historial como delincuente, revela tristes historias. Desde un vendedor de ilusiones, pasando por el papel de predicador de odio, de acusador de oficio hasta ser adulador de vocación. Así se permitió adquirir su mayor jerarquía convirtiéndose en un vulgar pero al mismo tiempo, un reconocido ladrón de dignidad.

Su más connotado proyecto, consistió en igualar hacia abajo razón por la cual, le dio por crear universidades tipo “liceo para jíbaros”. Así que a cuanto iluso se le acercaba por el gusto que sus sandeces animaban, lo convertía en amanuense de la corrupción. Por eso le dio por jugar al pobre, basado en la idea de disfrazar de interés general al interés particular. Fue momento para diseñar lo que fue un “golpe al orgullo patriótico”. En consecuencia, se entregó a dicha tarea partiendo del popular aforismo: “nada es para siempre”.

Estimuló prácticas de criterios éticos y morales bajo los cuales estableció algunos postulados que luego llegaron a servirle para instituir una doctrina política que, aunque bastante vacía de consideraciones y fundamentos ideológicos, su contenido rebosaba de preceptos que incitaban resentimiento, odio y venganza. Por tan descarriadas razones, las realidades próximas a la presencia de tan indigno ladrón de dignidad, tomaron un rumbo tan violento que le llamaron “revolución bolivariana”. Alevosamente, justificó la redacción de su torcida doctrina con una declarada “guerra de culpas” a la que luego le endilgaron el nombre de “guerra económica”.

En medio de tan pervertida vorágine que fue su “gran legado”, poco se atendió aquel aforismo sagrado que dice “Quien guarde su boca y su lengua, su alma guarda de angustias”. Pues así fue y las realidades se contaminaron de juicios que en nada respetaron valores y principios sobre los cuales se alza la vida constructiva del hombre.

Tanto desarreglo se dio en Venezuela, que ante el infortunio que caracterizó siempre el devenir de tan terroríficas lecciones de política barata, alguien se atrevió a insultar la razón. Quien así lo hizo, manifestó que “la dignidad es un complejo capitalista que un buen psiquiatra (como mi hermano) sabe extirpar”. Tan insensata consideración, fue el paroxismo del desconocimiento no sólo del concepto de “política”. También, lo dejó ver ante su propia gente.

Y lo peor fue que quien así señaló tan comprometida e insolente manifiesto de ignorancia, no ha escarmentado vivir de las migajas del socialismo. Tampoco entiende lo que envuelve el concepto de “dignidad” habida cuenta que la manida gestión revolucionaria que viene urdiéndose en Venezuela desde 1999 siempre ha buscado humillar al ciudadano de conciencia liberadora. Quizás con la intención de hacer de Venezuela un país a oscuras. O un país parado sobre bayonetas. Por encima de un país elevado sobre ciencia, tecnología, humanidades y arte. Un país donde se desprecie el talento por cuanto de su resultado podría levantarse un país ignorante que bien puede ser conducido de la mano pusilánime de un ladrón de dignidad.

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Comentarios

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  1. Desde que la Venezuela política se dejó abatir por amenazas blandidas a manera de “cantos de sirenas”, se apagaron las luces que iluminaban la salida de la crisis que padecía el país desde los años ochenta del siglo XX. Ahora, se revolvieron las cosas y se confundieron los objetivos de desarrollo. Todo retrocedió pues el país cayó en manos de un “ladrón de dignidad”. Léalo en esta entrega exclusiva de EfectoCocuyo​

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