La verdad oculta sobre la crisis económica de Venezuela

Carlos Hermoso | @HermosoCarlosD

Doctor en Economía. Profesor Asociado de la Faces en la Universidad Central de Venezuela, investigador y dirigente político.

En medio de la catástrofe de la economía venezolana, son muchos los venezolanos que tratan de explicar el fenómeno. Con la rabia a cuestas, en medio de la cola, es lógico que surja una que otra interrogante de ¿cómo llegamos a esto, luego de una bonanza que sin duda benefició a algunos? ¿Cómo se produce este fenómeno tan molesto cuando día a día crece la angustia, tanto como los precios? La escasez, por su parte, parece no tener freno y la gente se desespera en la cola ya que no van a alcanzar los productos a su puesto en la cola, mientras los bachaqueros ya sacaron lo suyo.

Hacemos a un lado la mitología chavista de la guerra económica, con cada vez menos argumentos por quienes la propagan y muy poco asumida por el chavista racional. De lo que no podemos prescindir es de los apologetas de las relaciones de producción y de cambio basadas en la propiedad privada de los medios de producción y de sus tesis religiosas acerca de la inflación y la escasez como resultado de los controles, supuesta expresión de un modelo fracasado, el comunismo o el socialismo. Además, difícil dejar a un lado las teorías subjetivas en las que descansa esta formulación general contra un comunismo que no se halla dónde.

Escalada de precios o inflación

Una cosa es escalada de precios y otra inflación. La inflación forma parte de la escalada de precios, pero no todo aumento de precios es por inflación. La inflación no resume la escalada de precios. Además, la inflación no es el resultado del aumento de los salarios. A la inversa, se aumentan los salarios para compensar la caída en la capacidad de demanda, aunque no en la misma proporción, para que los que ganan lo hagan más. Esto es importante ya que nos permite apreciar, por ejemplo, que en medio de la inflación unos ganan y otros pierden.

Ganan quienes cuentan con medios de producción en general. Sobre todo ganan los más competitivos. Los que logran centralizar mayores capitales. Es lo que explica que en este lapso de más de tres lustros, el grupo Polar haya pasado en la producción de alrededor de 32 productos al comienzo a más de cien en la actualidad. En el ínterin logró asociación con una de las empresas más importantes de lácteos en España, Calidad Pascual S.A.U, la tercera de ese país, por lo que ahora suma yogurt y otros derivados, así como vinos Pomar. Además de que es histórica su asociación con el Banco Provincial. Ganan, con todo y la merma de la capacidad de demanda social. Algunos quiebran, pero son absorbidos por los más competitivos. Esto es, algunos expropiadores son expropiados por otros que han superado la carrera de obstáculos.

Pierden los que cuentan apenas con su fuerza de trabajo, su capacidad para laborar. Ubiquemos que primero se produce el incremento de precios y, luego, los aumentos compensatorios. En el ínterin, los empresarios obtienen mayores ganancias. En la producción los obreros son más explotados. Aumenta la plusvalía y se reduce el capital variable, los salarios.

Aunque incalculable en su exactitud, el incremento de precios alcanza escalas nunca vistas en la historia moderna venezolana. Para este año, con creces, debe estar por encima del 1.000%. La inflación aporta un porcentaje importante en la escalada de precios en dos sentidos. De una parte el déficit y su cobertura con base en la emisión de papel moneda sin respaldo y mucho más allá de lo necesario para transar, conduce a un incremento de precios sustantivo. Sumemos que las perspectivas no lucen nada positivas.

El déficit fiscal es acompañado por una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de alrededor de 8%. Por lo que la tendencia a una mayor brecha fiscal, es dominante. Se ubica, la inflación, según cálculos conservadores, en 400% en lo que va de año 2016. Además, la inflación se convierte en un factor que estimula la demanda. Presión que conduce a que el consumidor busque hacerse de bienes aun cuando su precio se sitúe muy por encima del precio establecido, toda vez que tiende a aumentar y con ello el poder adquisitivo del bolívar es cada vez menor. Una carrera contra el tiempo, gastar en lo mejor posible con base en la naturaleza de las necesidades y los bienes que las satisfacen. Los pobres, comprando casi exclusivamente productos de primera necesidad.

Por su parte, la escasez aporta lo suyo y en muy buena medida. Cuenta para ello con el incentivo que representan los bachaqueros que crean un canal de comercio que permite no hacer cola ni sufrir de la angustia, a cambio de lo cual se paga mucho más por el producto.

Por último, la paridad cambiaria es otro aspecto que estimula la especulación y en general el incremento de precios. Sobre todo porque cada vez son menos los bienes que son importados a dólar protegido (Dipro). Por lo que se importan muchos bienes, en el mejor de los casos, a dólar Dicom, que ya se aproxima a los 600 Bs el dólar. El paralelo, por su parte, se sitúa por encima de mil bolívares. Pero al colocarse bienes en el mercado a dólar protegido, se especula de la manera más flagrante con la consabida protección de autoridades y colectivos chavistas. Mientras, ningún importador parece reconocer que importó a dólar Dipro o al Dicom, sino a dólar paralelo.

Todo lo cual conduce a un gran deterioro del salario real, contribuyendo la sociedad venezolana con el proceso de pauperización mundial propia del capitalismo. Se hace fehaciente una de las tendencias objetivas de las relaciones sociales basadas en el encuentro de productores independientes que buscan el beneficio privado. La pobreza que crece en un lado de la sociedad mundial hace que las riquezas acumuladas por los dueños de los medios de producción se hagan cada vez mayores. Se configura en la sociedad venezolana una tendencia a la pobreza crónica de un importante sector, condenado a no poder desarrollarse de manera sana. Ya sus secuelas comienzan a manifestarse. Son muchos los venezolanos cuya delgadez es notoria. En medio de la tragedia, no falta el sentido del humor característico en el venezolano cuando se afirma que es gracias a la dieta Maduro, o más familiarmente, de Nicolás. Parte de nuestra idiosincrasia. Lo que no obsta para que resaltemos que entramos en un período en el cual una generación está siendo castigada. Serán muchos los niños que sufrirán de los efectos que deja el hambre en las facultades físicas y mentales a largo plazo.

Pero no es gratuito que haya economistas que confundan el problema de la brutal escalada de precios que sufre la inmensa mayoría de venezolanos como sinónimo de inflación. Difuminan categorías o subsumen una en otra. No atinando en decir las cosas de manera clara. Es el caso de este asunto tan agobiante para la mayoría de los venezolanos. La inflación ya resulta una palabra detestable. Junto a la expresión bachaquero, resultan cacofónicas. Y es que van de la mano en el incremento de precios. Pero no son, como lo hemos visto, los únicos factores que determinan el incremento de precios. ¿Por qué?, porque además de esconderse que con inflación, algunos ganan, ponen en evidencia otros aspectos de la escalada de precios que muestran la cara rapaz de las relaciones de intercambio basadas en el beneficio individual.

Ya es un lugar común en la jerga de los economistas afirmar que el precio más alto es el del bien que no se consigue. Fenómeno cierto, producto de la rapacidad de las relaciones de cambio imperantes. Lo ven como algo natural del ser humano y no como el resultado de leyes impuestas por una manera de relacionarse los hombres para producir. No ubican que esa naturaleza humana puede ser superada.

Cómo no decir las cosas de la manera más digeribles. Hablar de estas cuestiones tan simples requiere de partir de la consideración de que hace falta la ciencia, sin ella no podemos llegar a la esencia de los fenómenos. Recordemos también que las cosas nos engañan, no se presentan como son. Lo que nos lleva a recordar que: “La sencillez de Martí es de las cosas más difíciles”. Pues sí, lo sencillo de decir que la inflación y la especulación, perjudican a muchos y benefician a pocos, requiere ir por el tortuoso camino de la ciencia. Pero el economista, de uno y otro lado, no solo hace ininteligible el fenómeno, sino que, además, lo distorsiona. Para colmo, plantea como salida la confianza que hay que brindarle a los que más ganan. Vaya contrasentido.

El dólar

Pero veamos más de cerca la determinación que puede convertirse en principal en la escalada de precios en esta etapa. El signo monetario venezolano pierde cada vez más su condición de ser equivalente universal para las transacciones cotidianas. Pierde capacidad para las transacciones de bienes inmuebles y muebles de uso durables. La moneda de cualquier país debe servir para eso. Cuando se deteriora su capacidad de compra deja de ser equivalente. En sectores de la población se observa la proliferación de intercambios sin el uso del signo monetario. Se cambian productos. Se trueca pues. Mientras, el dólar paralelo ha alcanzado un precio bastante elevado. El Dicom desplazará pronto los 600 bolívares.

Además, el bolívar pierde capacidad para atesorar. La inflación conduce a que quien posee bolívares trata de hacerse de dólares, de bienes inmuebles o muebles de alta capacidad de preservación de su valor, como vehículos y electrodomésticos, metales preciosos, entre otros. Tampoco sirve el bolívar como dinero mundial. Hace mucho dejó de ser divisa.
Partimos de que el precio de una mercancía gira en torno del valor de cambio que posea. Esto es, del tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Tiempo que supone una media internacional.

Así, la competitividad que se alcanza en una economía se promedia con la situada en otra menos competitiva. De anularse la fuerza de la oferta con la propia de la demanda, el precio expresa justo el valor de cambio de la mercancía, del tiempo de trabajo socialmente necesario. Si la presión de oferta es mayor que la demanda el precio se coloca por debajo del valor. A la inversa, si la presión de demanda es mayor que la oferta, el precio se coloca por encima del valor. Eso es lo que sucede con el dólar paralelo, de una parte. Mientras, las compras hechas en el exterior a un dólar pagado muy por debajo de su valor, genera las distorsiones antes dichas. Los precios no reflejan el valor objetivado en las mercancías importadas. Los colocan arbitrariamente por debajo de su valor.

Si tomamos al dólar como una mercancía específica, como principal equivalente a escala planetaria, partimos de las mismas consideraciones. Tiene un valor de cambio respaldado por la economía mundial y el oro abovedado. Con todo y que en torno del dólar se ha creado una burbuja, sigue siendo la principal moneda de reserva y de cambio en el mundo. Eso determina su precio. A escala internacional, al menos ya se reconoce que estamos volviendo al patrón oro. A nuestro juicio nunca ha estado anulado. Pero este es un asunto a atender en otra oportunidad. Lo cierto es que la guerra de divisas entre el yuan y el dólar, ha motivado que China se haya convertido en el principalísimo comprador de oro a escala planetaria. Rusia e India también la acompañan en la misma dirección. Lo que refleja que estamos en presencia de un proceso en el cual es probable que el dólar sea sustituido por una moneda con más respaldo en oro. Si el dólar no ha caído, obedece a los intereses chinos que aún lo sostienen habida cuenta de que, junto a Japón, son los principales tenedores de bonos de la deuda pública estadounidense. Pero el dólar sigue siendo la principal referencia a escala planetaria.

Ahora bien, por el hecho de que artificialmente se le coloque un precio, como el dólar protegido, Dipro, o el Dicom, antes el Simadi, entre otros, su precio real gira en torno de su valor. Por lo que, colocarle un precio arbitrario no resuelve el problema. Se crea una contradicción de ese precio con el valor de las mercancías obtenidas a escala internacional. Estas tienen un valor de cambio que, al ser colocadas en el mercado interno, presionan en dos direcciones, al menos por aquello del afán de lucro. De una parte se convierten en bienes apetecidos por quienes se ven impelidos a contrabandear. Al venderlas en el exterior, pueden colocarla justo en su precio, con lo que se obtienen pingües ganancias. En segundo lugar, el bachaqueo, nuevo oficio y nicho de grandes cadenas de especuladores, adquiere una dimensión cada vez mayor sin que haya sanción alguna para quienes lo ejercen. Lo que sucede tanto en el mercado interno como en el contrabando.

El precio gira en torno del valor. Esa es una verdad cuya vigencia es tan sólida como la ley de la gravedad. Solo en una sociedad con nuevos principios y leyes para su funcionamiento se puede atentar contra ella. Otras leyes de funcionamiento que la puedan domeñar. Mientras, sociedades como la venezolana, donde además de que las leyes del capitalismo operan de manera objetiva, la ley va acompañada en su realización y desarrollo, de una ética y moral al servicio del capital en general y del dinero habido de maneras diversas, fácil, ilegal e ilegítimo. Las distorsiones creadas colocando el precio del dólar en forma arbitraria y no en torno de su valor, llevan a la quiebra buena parte del aparato productivo y conducen indefectiblemente a estas distorsiones. De allí la adopción en su oportunidad de algunos controles para garantizar la erosión del aparato productivo en favor de la importación e importadores, mientras se estimula la demanda efectiva que requiere la realización de estos bienes.

El dólar paralelo ha caído alrededor de 20% si tomamos el máximo precio en que se situó y el mínimo alcanzado la primera semana de junio. Lo que refleja no solo que la aplicación del corralito bancario ha rendido su fruto, sino que el objetivo del Gobierno es unificar el tipo de cambio de manera gradual. De allí la proximidad del Dicom al paralelo. Aunque tal gradualidad vaya acompañada de medidas que permitan atemperar la grave crisis por la que atraviesa la economía de cara a los procesos electorales. Particularmente, busca el Gobierno paliar el problema del hambre que agobia a la mayoría nacional, con pocos resultados por cierto. Las elecciones a gobernadores y el revocatorio, por lo visto no podrán ser evitadas por el Gobierno, de allí su desesperación por paliar en algo el problema del abastecimiento, la escasez y las colas, haciendo uso, a su vez, de una criminal represión que ya deja varios muertos y heridos.

Estas contradicciones, sin embargo, no podrán ser saldadas en favor de la gente. Por el contrario, los precios alcanzarán niveles que harán caer más la capacidad de demanda social. El papel de los Clap ya resulta odioso para la gente. Si no eres chavista no recibes bolsas de comida. Algunos opositores, emblemáticos por cierto, cuando reciben la consabida, son sometidos al escarnio. Los chavistas lo presentan como muestra de su disposición a darle la dádiva a cualquiera. Pero es falso. Sabemos que no es verdad. Hay que mostrarse a favor del Gobierno para que el Clap correspondiente te otorgue la dádiva.
Sumemos que los acreedores, chinos principalmente, han de estar demandando medidas como estas. Esto es, estarán demandando una política económica que, corrigiendo distorsiones como las del tipo de cambio, permita mantener la capacidad de crédito del país y se garantice la tasa de retorno de los préstamos otorgados y por otorgar. Una política que garantice las inversiones directas que realizan y realizarán sobre todo en la minería.

El Gobierno chavista da muestras claras de seguir aproximándose al bloque encabezado por China. Brics representa la principal rivalidad para EEUU y sus aliados. Lo que no significa que ayudarán a Venezuela para que alcance su independencia y soberanía. Por el contrario buscan los chinos, rusos e indios, el bloque en pleno, convertirnos en un apéndice dependiente de sus economías. Es pasar de un imperialismo a otro. Lo que en la llamada IV República hicieron a favor de EEUU, condenando a Venezuela a servir al desarrollo de aquél imperialismo, ahora lo hacen de manera un tanto diversificada, favoreciendo a unos, los chino y rusos, y a otros, los mismos gringos. De eso parecen no decir nada los economistas.

La estrategia gubernamental, en esencia, no varía. Buscan afianzar el proceso de acumulación basado en la redistribución de la renta petrolera, sumando la propia que se obtenga en la entrega de concesiones para la explotación minera. Oro, coltán, diamantes, entre otros, ubicados en el Arco Minero, principalmente ─entregada su explotación a empresas importantes de Rusia, China e India, entre otras potencias─ servirán para alimentar esta perspectiva. No se plantea para nada superar la esencia de la política que ha imperado en décadas, que condujo a la catástrofe.

Es por eso que el trago seguirá siendo amargo para los pobres, de seguir al frente del Gobierno una gente que solo ha estado interesada en preservar su gran negocio. Para nada se han preocupado por el desarrollo nacional y los cambios estructurales que demanda el país. Nos han llevado a esta catástrofe y no observan intenciones de cambiar. Deber de quienes se presentan como alternativa es levantar nuevas esperanzas basadas en un proyecto de desarrollo nacional y de sentido popular.

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