La trampa de la salida democrática

capatahuellas

Ana Julia Niño Gamboa

Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela con experiencia en derecho constitucional y derecho administrativo. Asesora en la Oficina del ex Rector Vicente Díaz (Consejo Nacional Electoral). Profesora universitaria en las áreas de Ética y Legislación de la Comunicación (ECS-UCV).

No luce para nada inocente la jugada que está ejecutando el gobierno, con la activa, írrita e inconstitucional actuación del Consejo Nacional Electoral. Todo apunta, por un lado, a tomarle la temperatura al ánimo opositor, a ver si revelan algún plan que el gobierno no haya analizado; y por el otro, está el plan de hacer elecciones sólo en el supuesto de que el gobierno mismo diseñe a la oposición que le acompañe en la parodia. Por eso juegan a desaparecer a la mayoría de los partidos políticos, incluso a sus aliados incómodos.

Todo está orquestado, ya la Sala Constitucional del TSJ hizo lo que le tocaba: ordenó una supuesta legalización de los partidos que no alcanzaron el 1% de los votos en la elección parlamentaria y se inventa la prohibición de la doble militancia (dicen apoyarse en una ley que nunca citan) y ordenan al CNE regular el procedimiento incluyendo las captahuellas.

Las solícitas rectoras dan muestras de su colaboración con el gobierno y, de espaldas al electorado, diseñan la carrera de obstáculos que los partidos y los ciudadanos deben vencer para poder participar. Dejan de lado la convocatoria a elecciones regionales y queda pendiente el porsiacaso, es decir, el recurso para anular la tarjeta de la MUD por supuesto fraude.

No hay que olvidar que los partidos de oposición que deben ir a la supuesta legalización fueron a las parlamentarias con la tarjeta de la MUD y ganaron. Sólo en Unidad se ha vencido al gobierno. Por eso, muchos no entienden por qué los partidos se empeñan en ser validados por el gobierno, si quien valida y legitima es la ciudadanía. Los partidos siguen atendiendo a las trampas que se cocinan en Miraflores, mientras tanto descuidan al ciudadano y a su realidad diaria, actúan como si no entendieran (ni quisieran entender).

Antes se dejó en soledad al país que salió a exigir el referendo revocatorio, que se fajó a firmar manifestaciones de voluntad, y al que nadie, absolutamente nadie explicó el por qué del abandono de esa vía. Ahora le piden que vayan a identificarse como militantes de un partido y puede ocurrir que cuando despertemos no tengamos revocatorio, ni partidos ni elecciones competitivas, ni país. Ni mañana.

Habría que preguntarse si el gobierno necesita elecciones, cuál es el costo que está dispuesto a pagar si no las hace, y desde hace un buen rato todos los partidos de oposición en Unidad debieron ocuparse en pensar cómo elevar ese costo tanto interna como internacionalmente. Sabemos que la presión internacional es aire que refresca el golpeado ánimo del país, y que ella puede hacer fuerza hacia adentro.

Otra cosa que se debe preguntar la oposición en Unidad es si al gobierno le interesa recrear el escenario de que las elecciones regionales se posterguen indefinidamente; no hay que olvidar que estas no figuran en el Presupuesto Anual del CNE. De todos modos, tenemos un país presidencialista y la mirada internacional está atenta también a la legitimidad del presidente. De modo que la autoridad principal del país es formalmente legítima, se obtuvo por votación. Que haya sido en condiciones de grosero ventajismo, esa es harina de otro costal.

Esa legitimidad le da al gobierno una capacidad de maniobra que se extiende por lo menos hasta 2018. Frente a eso ¿qué ha pensado la oposición, qué plan está desarrollando para atender a esa realidad, habida cuenta del abusivo y autoritario ejercicio del poder por parte de Maduro y sus adláteres? No lo sé, pero creo que igual sigue de espaldas a la gente.

Necesario es que la Unidad trabaje y haga ejercicios para deshacer la efectiva mistificación que el gobierno ha aplicado en todas las áreas. Necesario es que se desnude esa táctica gobiernera de buscar una salida democrática que realmente se ha convertido en el juego tramposo de someter a la gente, no tanto por la fuerza directa, sino enseñándole a creer en su propio desvalimiento.

Las herramientas de la democracia siguen estando en la gente, no en las líneas leguleyas que traza el TSJ ni en los campos minados del CNE. Los partidos de oposición, la Unidad, debe voltear su mirada hacia la gente, hacia esa misma gente de la que Chávez se burló y de la que Maduro sigue abusando como parte de su legado. También hacia esas personas que quedaron en la orfandad cuando se dejaron arrebatar el revocatorio.

Foto: Efecto Cocuyo