¿La seducción del mal?

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

Es inevitable pensar en la idea del mal cuando estás frente a unas personas que han llevado al país a una catástrofe humana. El socialismo venezolano ha sido capaz de resquebrajar la convivencia social del pueblo, hecho impensable hace un par de décadas atrás.

Hoy siento estupor al ver el daño que el proyecto socialista puede hacer en las organizaciones sociales, en las instituciones, en los servicios, en el cierre de posibilidades de vivir desde el propio sentido cultural sin someterse a las grandes estructuras societales hegemónicas. La distinción como proyecto y como realización humana está imposibilitada en un sistema que busca la uniformidad eliminando la diferencia aunque implique la muerte del otro.

Cuando la práctica de eliminación de la diferencia se instala como proyecto político, es inevitable que la idea del mal se haga presente. ¿El mal de quiénes? ¿Desde dónde es posible pensar la maldad? ¿A quién atrae este tipo de mal capaz de hacerse proyecto político?

En el proyecto está el atractivo, cuando leemos expresiones chavistas como estas: “y nosotros, para demostrar al mundo que la MUD es una embustera, adelantamos elecciones. Y claro los terroristas rechazan lo que pidieron…”. Y el mismo argumento se repite para justificar la figura de la Asamblea Nacional Constituyente, vemos cómo opera un mecanismo demagógico desde el cual se utiliza el mismo lenguaje pero con un sentido y fundamento completamente distinto. No se trata de votar como acto formal; lo que buscamos es elegir y eso exige condiciones electorales democráticas, unas elecciones anticipadas requieren credibilidad, que sea un proceso transparente.

Desde el totalitarismo se habla de elección pero la democracia es un sistema basado en la confianza que generan las instituciones y normas que garantizan el principio de la libertad de elección y decisión ajustada a derechos. Por eso cuando el sistema electoral es utilizado como mecanismo de coacción y manipulación política, se quiebran las bases que lo sustentan. En este sentido, cuando del presidente de la república leemos expresiones como estas: “he ordenado al CNE extender el tiempo de inscripción al Registro Electoral…”, queda claro que no hay separación de poderes y, por tanto, no hay garantías de libertad. ¿Cómo pensar desde la democracia en un sistema que no reconoce la norma ordinaria, que la elimina, que sustituye el sistema de convivencia y acuerdos socio-político para imponer el suyo?

Para el socialismo lo fundamental son los fines y estos se reducen al poder que está en el camino de la dominación; se elimina todo obstáculo. La elección sin garantías es un mecanismo adecuado para el aparato socialista, según el cual se busca la “dictadura del proletariado” o, en nuestro caso, la tiranía del partido.

El mal está en la estructura del sistema y desde ahí seduce, para decirlo con Hannah Arendt (Los orígenes del totalitarismo, 1998, p. 254): “Los nazis estaban convencidos de que en nuestro tiempo el hacer el mal posee una morbosa fuerza de atracción. Las afirmaciones bolcheviques, dentro y fuera de Rusia, de que no reconocían a las normas morales ordinarias se convirtieron en eje de la propaganda comunista…” como seducción. Pero ¿a quién se seduce? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de esa seducción?

El quiebre del sentido de la convivencia está en el seductor, no en el seducido. El hecho de que los nazis pensaran que el mal atrae, no significa que tenga ese poder sobre todo el mundo. Quien se lo plantea es quien vive el mal como proyecto. Para ellos es camino y sentido, para todos los demás es sólo una posibilidad.

El morbo es una cualidad del poder totalitario. Quita toda la base material de la libertad, despoja al sujeto de su autonomía, de sus relaciones afectivas fundamentales y desde ahí produce el control. Despojando a la persona de los anclajes afectivos, la hace más vulnerable, ¿pero se produce inevitablemente el sometimiento al mal?

Esta interpretación me lleva al episodio revelador de la tentación de Cristo: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo…” (Mt, 4:1-3)

Jesús no cae en la tentación, la maldad pretende seducirlo, sin lograrlo. Hoy en día vivimos en Venezuela uno de los episodios más oscuros: el hambre como mecanismo de control, extrema vulnerabilidad, peligro de suspensión de la convivencia relacional afectiva, pero entre las posibilidades de vivir está la capacidad de replegarnos y reconstruirnos en la solidaridad. ¿Podremos como cultura sobreponernos al mal?

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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