Efecto Cocuyo

La reflexión es un deporte extremo

Quiero dedicar este primer artículo a la reflexión. Tal vez lo primero y lo más básico que surge decir acerca de la reflexión es que es una acción que distingue al ser humano. Y esto no por básico es poca cosa. Nuestra especie tiene en la reflexión una posibilidad que abre nuevas posibilidades, si así lo elige.

Lo siguiente que quisiera compartir acerca de la reflexión es que es una acción que demanda tanta audacia como un deporte extremo. Aquí nos detendremos. Digo esto porque es como bajar desde la cima en una bicicleta montañera. Hay que estar presente, alerta, y hay que ser dúctil para adaptarse a todo aquello que salga por el camino para darse cuenta y fluir sin caer, o para caer y seguir. Es decir, para reflexionar es condición sine qua non soltar las certezas, estar presente, no pegado a lo que pasó, no a otra cosa que no sea el proceso de la reflexión que se vive en el instante exacto en el que ocurre.

Si usted va agarrado de lo que sabe, de sus ideas y propósitos, no va en modo reflexivo. Quien dice que reflexiona y es el mismo después de reflexionar, no ha reflexionado. Porque quien ha reflexionado, resulta transformado y se da cuenta.

“Para reflexionar hay que colocar todo lo que uno sabe en cuestión”, creo haber escuchado decir del profesor Humberto Maturana. Para reflexionar es menester soltar las certezas, si usted sabe mucho y desea reflexionar, está bueno que comience a separarse del empeño de tener siempre la razón.

La transformación es una constante de todo lo vivo. Usted no es la misma que comenzó a leer este artículo. Si no puede darse cuenta, usted demanda afinar sus dotes de observador, que es otro asunto que tocaremos en posteriores artículos.

En todo caso, si busca transformarse de modo consciente y en conjunto con su comunidad, su organización, su manada, su tribu, es menester reflexionar, acción que, además, está vinculada al aprendizaje. Esto para comenzar.

Foto: Archivo Efecto Cocuyo

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