La multiplicación de los sepulcros

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

 

El madurismo pasará a la historia como una secta apátrida y sin conciencia, integrada por quienes estando en el poder se apoderaron de una inmensa fortuna a través de empresas de maletín, o testaferros,  cuya lista se multiplica con cuentas millonarias en el exterior de quienes ayer siendo modestos trabajadores, aparecen como empresarios o dueños de costosos activos e inmuebles, pero con cercanas vinculaciones con altos funcionarios del Estado, lo cual evidencia hechos de corrupción, en virtud de que no existe manera de justificar inmensas fortunas en tan poco tiempo, y menos con actividades asalariadas.

Pero quizás el mayor de los crímenes del madurismo está en haber quebrado las esperanzas de un pueblo, porque la cúpula madurista finalmente está logrando concretar el más perverso de los planes políticos, que un grupo de individuos, desde lo más alto del poder, ha planificado en contra de la mayoría de ciudadanos de una nación, por el simple hecho de no entregar ese poder, que una vez y de manera legítima un pueblo les otorgó, pero que lamentablemente, en vez de ejercerlo por la senda del progreso y el bienestar, hizo todo lo contrario, sumiendo a Venezuela en el camino del atraso, el hambre, la pobreza, la miseria, y peor, por el camino de la violencia y la muerte de ciudadanos.

Es tal el desastre en que está sumido el país, que los pacientes no encuentran medicamentos ni en hospitales, ni en farmacias, para sus dolencias o enfermedades, es decir, están condenados al deterioro de su salud, inclusive la muerte, porque el gobierno abandonó sus funciones primordiales. Es más, hasta los niños dejaron de ser vacunados, razón por la cual enfermedades como paludismo, meningitis, poliomielitis, rubeola, sarampión, entre otras, que habían sido erradicadas, han regresado para ser parte de las cifras de mortalidad infantil.

El panorama es más desalentador cuando vemos el cuadro de desnutrición que presentan nuestras embarazadas, un 25% de ellas, con edades comprendidas entre 10 y 19 años, lo cual no sólo demuestra el alto nivel de pobreza que está afectando a una parte importante de la población, en este caso, la más vulnerable, sino que esos niños, desde el momento de su gestación, también se ven sumidos en graves casos de deficiencias nutricionales, lo cual les genera efectos irreversibles en su desarrollo tanto cognitivo, como físico, dejando secuelas biológicas que terminan por limitar sus potencialidades humanas.

Y ante todo ello, ¿Cuál es la respuesta del “Estado? Pues desde Miraflores han procedido con la destitución de quienes se atrevan a divulgar nuestra realidad asistencial, mediante la publicación de cifras oficiales por parte de quienes han llegado a ocupar la cartera de salud, en vez de aplicar planes y programas que permitan enfrentar semejante emergencia.

De hecho, sobre la alimentación, es común ver cómo muchos venezolanos, de todas las edades, tienen que estar consumiendo basura como única forma de supervivencia. Una situación de esa magnitud, que debería generar una renuncia masiva de los ministros y altos funcionarios del gobierno, éstos no sólo se atreven a negar tal realidad, sino que el cinismo los lleva a acusar de mentirosos a quienes se atrevan a denunciar que personas comen de los desechos sólidos, lo cual, tristemente nos comprueba, que tenemos un gobierno insensible, que no solamente perdió la sindéresis, sino que sus acciones desde el poder están orientadas hacia la destrucción de la sociedad; verbigracia, el madurismo sólo es bazofia histórica.

¿Para qué vamos a hacer referencia sobre la delincuencia que campea sobre toda la geografía nacional, en donde los robos, secuestros, violaciones y asesinatos están a la orden del día? ¿Para qué hacer mención sobre cuerpos policiales corrompidos, cuya confianza ciudadana sobre ellos, es prácticamente nula? ¿Cómo entender que la población en su mayoría, considera a nuestros “policías” como cómplices del delito y los abusos que se generan por parte de malandros y matones?

Y si lo anterior es grave, más condenable aún resulta, ver imágenes y videos, cuando esos mismos efectivos policiales, esta vez en compañía de militares adscritos a la mal llamada “guardia nacional”, reprimen y disparan a mansalva contra manifestantes opositores al gobierno madurista, lo que ha generado miles de heridos y más de una centena de venezolanos fallecidos en diversas protestas, sin que haya existido un mea culpa convincente por parte de la cúpula del poder.

O sea, cada vez que un “funcionario”, civil o militar, golpea, hiere o asesina a cualquier venezolano, sin distinción de sexo o edad, la respuesta de los altos mandos, consiste en decir que son hechos “aislados”, mientras detienen a miles de manifestantes que son convertidos en presos políticos, al ser juzgados por tribunales militares, lo cual violenta doctrinas nacionales e internacionales de leyes y acuerdos, así como referentes de derechos humanos. En síntesis, un “gobierno” que se autodenomina “democrático”, desconoce las mínimas normas y procedimientos  que se aplican universalmente en el plano de las protestas públicas, y actúa como el más acérrimo de los gobiernos autoritarios y  dictatoriales que han marcado la historia, cuando los ciudadanos reclaman por las acciones y hechos contra quienes en el uso del poder, sólo lo ejercen para destruir a la sociedad.

Venezuela es el espejo de un país carcomido por la corrupción, la violación de los derechos humanos, la pobreza y la muerte. El madurismo es el contubernio de un grupo de zascandiles, panegíricos y vacuos personajes que han acabado por completo con un país. Sólo la salida de semejante secta del poder, es la única esperanza que nos queda a los venezolanos para reconstruirnos como nación. Lo demás es la multiplicación de los sepulcros. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.