La mentira como poder

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

“Mi dulce país tiene un punto de amargura, no ha sido siempre así, se ha puesto. Mejor dicho: lo han puesto…”.

Estas palabras son expresión de múltiples voces con las que me voy encontrando en una cotidianidad cada vez más difícil. A pesar de esta dificultad, queda claro en estas palabras que nuestro fondo no es amargo, al contrario, es dulce, solidario y convivial. En este sentido apostamos por lo que nos define como pueblo, no por el accidente que hoy estamos obligados a vivir. Y esto, a pesar de un sistema político basado en la tiranía, que abarca todos los aspectos de la vida y somete a la población a los sufrimientos más extremos y que nos va dejando sin salidas.

¿Qué tenemos hoy? Capas sobrepuestas en la fuerza efímera de la mentira. En el punto en que nos encontramos ya no hay instituciones que funcionen aunque el gobierno diga lo contrario. Estamos en un país casi devastado.

Leí por curiosidad lo que el “presidente” tuiteaba en estos días: “si algo ha hecho la revolución es construir un poderoso sistema educativo…”. Como educadora cada palabra de este mensaje me supo a vinagre, a hiel. Lo que constato a diario es que nuestros niños, profesores y maestros no van a la escuela porque tienen hambre, no pueden desplazarse porque el transporte público está totalmente colapsado, en las universidades añoramos el tiempo en el que nuestros estudiantes tenían sus “guías” (copia de los textos para estudiar), asistían a clase porque tenían transporte, comida y unos padres sin emergencia económica que favorecían su asistencia, hoy por la crisis están obligados a trabajar y a dejar de estudiar. Estudiar es hoy un lujo.

Extrañamos una universidad concurrida, con la algarabía propia del estudiante inquieto en busca de discusión, lectura, nuevos libros, preocupados por vivir un espacio amable para la convivencia como lo es (¿era?) el campus universitario.

¿Dónde está el poderoso sistema educativo? Será poderosa la mentira con la que se construye una falsa realidad, pero su poder es efímero porque lo que va quedando en nosotros no es la palabra vacía sino la verdad de una situación que nos muestra un sistema educativo menguado y frágil. El abandono de la infraestructura, de los trabajadores, de los niños y jóvenes quienes deberían estar formándose en sus aulas cada vez más vacías.

La mentira se proyecta y entra a ocupar la argumentación de cualquier estructura de este sistema. Dicen: “soberanía alimentaria” y en la realidad lo que ocurre es que vivimos a diario la muerte, desnutrición y enfermedades de nuestros hermanos.

Si la mentira se redujera a ser sólo parte del argumento político del poder, no sería tanto el problema, la desenmascaramos y presentamos la estructura real que terminara imponiéndose; pero este supuesto ocurre sólo en democracia. En las tiranías no, es inevitable que nos veamos en algunos espejos que no reflejan la imagen que queremos ver. Por los puntos coincidentes le reproduzco a continuación un episodio de cómo funcionó la mentira en el régimen socialista soviético:

“Lo que diferencia a los campos de concentración soviéticos de todos los otros lugares de detención del mundo, no son solo sus enormes extensiones, inimaginables, ni sus homicidas condiciones vitales, sino también la necesidad de los prisioneros de mentir constantemente para salvar la vida, mentir siempre, llevar una máscara durante años y no poder decir nunca lo que se piensa. En la Rusia soviética, los ciudadanos “libres” se ven también obligados a mentir. (…) El disimulo y la mentira se convierten también en el único medio de autodefensa. Los mítines, las reuniones, los encuentros, las conversaciones y los periódicos murales se hallan repletos de una fraseología oficial, empalagosa, en la que no hay ni una sola palabra de verdad.” (Stéphane Courtois et alt, 1997, p. 248)

Dejando de lado las atrocidades propias del sistema, las muertes y sufrimientos que produce, la maldad que está en su naturaleza, me permitiré destacar cómo hace que el ciudadano “libre” esté obligado a mentir en autodefensa y sobrevivencia. Es decir, la dominación nos va llegando a todos de distintas maneras. ¿Será que el sistema electoral “robusto” de la revolución chavista nos estará obligando a mentir a los venezolanos comunes? ¿Ir a votar en las actuales condiciones no nos coloca en la mentira que implica pensar que podemos imponernos si no tenemos maquinaria electoral?

Los mecanismos de la mentira, nada sutiles en estos regímenes, logran construir “realidades” a su medida, implicando la integridad del otro. Nos toca un escenario duro en el que las soluciones más convencionales no valen de mucho. Las claves comienzan a prefigurarse: decisión y constancia. No hay salidas mágicas, el poder está en la gente común. Punto de esperanza: la solidaridad nos acerca al otro, eso quiebra la voluntad totalitaria del régimen.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.

 

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