La memoria como alarma

23-de-enero-1958-2

Ana Julia Niño Gamboa

Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela con experiencia en derecho constitucional y derecho administrativo. Asesora en la Oficina del ex Rector Vicente Díaz (Consejo Nacional Electoral). Profesora universitaria en las áreas de Ética y Legislación de la Comunicación (ECS-UCV).

El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, lo dijo Santayana, aunque con parafraseo se le ha atribuido a Cicerón, ya, incluso esa frase forma parte de los dichos populares. Lo importante y grave es que la velocidad de los acontecimientos en Venezuela hace que pasemos de un tema a otro almacenando en el olvido hechos, casos y personas que merecen ser recordados, porque ellos le dan contexto a una serie de eventos que hoy explicarían porqué estamos donde estamos y afianzaría al menos la esperanza de no repetir cosas que ya nos hicieron mucho daño.

Se hable de memoria o de historia, o de recuperar la memoria histórica, creo vital que nos dediquemos a documentar las acciones y decisiones; también hay que documentar el silencio cómplice: el del gobierno y demás instituciones, porque el silencio también hace historia.

También se ha dicho que la historia oficial generalmente anda divorciada de los hechos reales, que una cosa es lo que dice esa versión y otra muy distinta fue la padecida por familias, vecinos y por cada ciudadano. Aunque, en un sentido amplio, seguramente habrá que admitir que la historia oficial es historia referencial también, porque frente a ella se planta la memoria responsable de quien deja espacio para evaluar y contrastar. Pero vale aclarar que evaluar y contrastar son tareas que ameritan constancia, seriedad y compromiso para que se teja la necesaria red del trabajo ciudadano en colectivo que forja esa otra historia, la que no escriben los medios de propaganda oficial.

Es duro pedir en este momento que hagamos esta tarea porque una gran mayoría se desgasta cargando la pesada carga que significa vivir en Venezuela: no es fácil, incluso, tratar de resolver las cosas más elementales; se traduce generalmente en un esfuerzo injusto, que bien podría invertirse en cosas más productivas. No pretendo hacer una lista de ellas, al fin y al cabo cada quien sabe lo que padece cada día. El punto es que en ese estado es poco lo que puede pedirse al ciudadano pero es también inevitable que se intenten hacer. Y lo digo porque pese a la diáspora que ahora nos agobia y entristece, aún hay opción y tiempo para hacer lo que toca hacer. Y lo bueno es que hay gente haciéndolo, hay organizaciones poniendo todo su esfuerzo para documentar y difundir elementos para la memoria.

Cada vez que el gobierno habla de su supuesto esfuerzo por dar alimento al pueblo, estalla de inmediato el recuerdo de aquellas 120 toneladas de alimentos del caso PDVAL, traducidas en más o menos 2.200 millones de dólares, sin que se investigara, sin responsables y el gobierno engavetó a “pudreval”. Y qué decir de la desaparición de 500 millones de dólares del Fondo de pensiones de PDVSA, sólo por mencionar dos casos ocurridos en el gobierno de Chávez.

Maduro se ha encargado de perfeccionar la técnica de corrupción que caracteriza a este gobierno, y todos esos casos están documentados aunque la Fiscalía General de la República no se dé por aludida. Nótese que hablamos de dólares, esa moneda diabólica que tanto atrae a los empresarios de maletín del gobierno, a sobrinos, a militares y ministros. Pero es a usted a quien le niegan el acceso a la divisa para que atienda la salud de un familiar.

Quizás si antes hubiéramos atendido a la historia documentada de varios gobiernos autoritarios del mundo, nuestras alarmas se hubieran disparado hasta y muchas decepciones y dolores que se padecen hoy quizás, solo quizás, se hubieran evitado. Pero el pasado solo es útil si ayuda a atender al presente, y aunque la memoria traiciona y se vuelve selectiva, habrá que hacer un esfuerzo grande para desechar todo aquello que prometa el rezo colectivo para pedir que dios provea.

Hablo de aprender, de entender, de dar contexto. De pronto, así se siembra el germen de la ciudadanía responsable, y le pondríamos difícil el trabajo a los populistas y retaríamos a los tiempos perfectos de dios. No es la panacea, pero creo que aquellas sociedades que han vivido tiempos amargos y convulsos se alarman cuando aparecen la escena actores que evocan tiempos pasados que se han documentado y que, a pesar de seguir adelante, las experiencias pasadas quedan dimensionadas en su justo contexto.

Entonces hacer memoria, administrar los datos, documentar los hechos es una tarea que involucra no sólo al político o al partido político, allí entramos todos: los ciudadanos, los periodistas y los medios de comunicación, las Universidades, las escuelas, porque la memoria colectiva hace visible lo que el poder quiere ocultar siempre. Afortunadamente en Venezuela ese trabajo se está haciendo, no es todo lo visible que anhelamos pero existe. El compromiso pendiente es que lo documentado sirva para sensibilizar y educar.  Para no repetir. Incluso para vincularnos como país y entender que aunque nos identifican los elementos de nuestra historia común como pueblo, también hay historias particulares, que los ahora de cada quien no siempre son coincidentes con los de otros.

Foto: 23 de enero de 1958, Caracas

  • sara

    ustwd se refiere solo a la historia reciente, pero ¨´olvida´´ lo hechos anteriores a los 17 años de este gobierno, que también contribuyeron a este presente…… esto también es historia . memoria