La investigación venezolana necesita una nueva narrativa

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

Los seres humanos no hacemos preguntas por capricho: las hacemos porque la realidad nos produce asombro, porque la existencia no nos deja indiferentes. “La filosofía nace del asombro”, decía Aristóteles; con ello quería decir que todo el conocimiento del que somos capaces solo puede desarrollarse porque la realidad, al suscitar nuestra admiración, al despertar nuestra curiosidad, nos genera inquietudes y preguntas. La investigación tiene que ver con hacer preguntas. La etimología indica que “investigar” es “seguir las huellas” de un problema. No existe una diferencia esencial entre los problemas de la vida diaria y los de la investigación científica. Lo que define una investigación de excelencia es la calidad y la naturaleza de la pregunta que se formula. ¿Qué impulsa a los investigadores? ¿Qué origina sus preguntas? En las dos última décadas, el entorno de investigación en Venezuela ha presentado un debate sobre el impacto de la investigación que hacemos y lo que se puede hacer para enmendar el relativamente pobre compromiso entre nuestras industrias y universidades, tal como se infiere de los cuadernillos del ONCTI y de organismos internacionales.

Hay una suposición subyacente de que si fuéramos capaces de conducir la comercialización de nuestra investigación y de conectar mejor los mundos del negocio y de la academia, estaríamos en la posibilidad de beneficiarnos como nación con el crecimiento económico impulsado por la innovación y la creación de trabajos bien remunerados para nuestros jóvenes. Pero esto nos genera una “batalla” entre la investigación pura y la aplicada, entre la resolución de problemas a corto plazo y la creación de conocimiento impulsada por la curiosidad a largo plazo. Una batalla que, con algunas notables excepciones, ve un abismo insalvable entre la mayoría de nuestros académicos de investigación y las comunidades e industrias que potencialmente podrían beneficiarse de sus conocimientos.

La mejor investigación de Venezuela es transformadora, impactante y fundamentalmente impulsada por la curiosidad. Se basa en una profunda creatividad y sólidas asociaciones a largo plazo con los usuarios finales de la investigación que modelan las direcciones en las que viaja y las preguntas que los investigadores enmarcan y persiguen. En muchas de las disciplinas fundamentales -desde la física y la química hasta las artes creativas- los investigadores de Venezuela están muy por encima del estándar mundial.

Responder a las preguntas planteadas por la investigación es la parte relativamente fácil. El proceso de responder a las preguntas de investigación bien planteadas es la parte del esfuerzo de investigación que se aproxima más a reflejar a opinión estereotipada que la mayoría de las personas tienen de los científicos: personas en bata blanca que, paso a paso, siguen una receta, aplican herramientas y metodologías de la disciplina en la que han recibido entrenamiento intensivo hasta que se convierten en el experto en una pequeña porción del conocimiento. Cuando se pone de esta manera, la experiencia disciplinaria profunda parece una carga aislada y potencialmente irrelevante. Afortunadamente, esto está lejos de la verdad, ya que la excelencia basada en la disciplina está en el centro del esfuerzo de investigación.

La investigación es, en su corazón, una industria creativa que atrae a las comunidades, la industria y las universidades, enriqueciendo inmensamente la sociedad en la que vivimos. La mayoría de las universidades de nuestra Venezuela tienen muchos ejemplos ricos de investigación de alta calidad y dedicados investigadores, con historias poderosas y atractivas para contar sobre su investigación.

No tengo duda de que como sector tenemos que mejorar en contar estas historias, con el fin de disipar los conceptos erróneos que han salido a la superficie en el debate actual sobre la participación de la industria y su impacto. También es importante como una manera de animar a nuestros jóvenes más brillantes a la investigación. Al considerar solamente el valor que se puede incorporar a los productos y los servicios que la investigación genera, podemos tener una visión limitada y estrecha del valor de nuestra investigación.

Indudablemente, el mayor impacto de nuestra investigación está incrustado en las experiencias y aprendizaje de nuestros estudiantes de pregrado. El ser enseñado por investigadores activos que son líderes del pensamiento en sus campos a nivel nacional e internacional es inspirador y cuando esto se combina con las contribuciones de los profesionales en ejercicio, crea una oferta educativa que no sólo es actual y aplicable, sino que también inspira los elementos innovadores críticos para el futuro desarrollo profesional y la evolución en un mundo donde el trabajo está cambiando rápidamente.

¿Entonces, qué nos dice esto? No hay duda de que debemos alentar e incentivar las asociaciones entre los investigadores y los potenciales usuarios finales de sus investigaciones. Pero antes de hacerlo necesitamos mejorar mucho como nación al fomentar la investigación interdisciplinaria, porque los desafíos del mundo real no respetan los límites de la disciplina. También tenemos que crear una masa crítica en las áreas de prioridad de investigación nacional. Esto claramente fortalecerá la capacidad de nuestra nación para hacer frente a retos globales significativos y fortalecerá nuestra resiliencia económica y social, al tiempo que aumentará los resultados educativos para nuestros graduados.

Nuevas realidades exigen un lenguaje fresco. Estamos en una etapa transicional que precisa nuevas maneras de concebirnos como nación, recrear nuestro rol, redefinir las relaciones entre el ciudadano y el Estado. Un nuevo discurso hace una nueva narrativa que reformule nuestra manera de entender y rehacer nuestra realidad. Necesitamos cambiar nuestra narrativa de carencia, donde hablamos de crisis, a una de un rico tapiz donde la investigación es inseparable de las comunidades a las que se beneficia.

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