La huelga, derecho humano violado - Efecto Cocuyo

La huelga, derecho humano violado

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Desde que el siglo XIX sirvió de terreno para que despertara la conciencia obrera, toda vez que los sindicatos comenzaron a desempeñar un papel preponderante en la vida política, económica y social de las naciones que, para entonces buscaban aferrarse a sistemas políticos democráticos, los derechos laborales, entre otros, fueron centro de importantes cuestionamientos. Tanto como de calurosos debates que terminaban en desencuentros. No sólo entre miembros de colectivos obreros o entre obreros y representantes patronales. También, entre quienes se arrogaban la defensa de tales derechos y libertades.

Muchos de dichas rivalidades, pretendieron reducir el papel protagónico del trabajo como condición de desarrollo y factor de crecimiento y progreso. Se inventaron excusas que intentaban minimizar la significación del trabajo. No obstante, cabe reconocer que el tiempo congeló algunos de aquellos pretextos toda vez que sus argumentos, continúan primando situaciones que, en la actualidad caracterizan realidades donde se circunscribe la huelga como instrumento de lucha. Y por asociación, el derecho de huelga.

Justamente, en el fragor de tan recurrentes polémicas, que además causaron muchas veces serios conflictos que terminaban en crudas batallas campales, vale preguntarse si acaso ¿el derecho de huelga es, efectivamente, un derecho humano? 

De ello no hay duda alguna. Desde luego. Sobre todo, si se reconoce que la huelga es una expresión de libertad. Y cualquier intento de conculcarla por vía de fuerza, es una flagrante violación al derecho de vivir. Más, al admitir que el mismo se halla sujeto a condiciones que garantizan el desarrollo y satisfacción de todo lo que exalta la vida. Sin interferencia a lo que constituye un proyecto de vida personal o colectivo. Y porque además, configura un reconocimiento de la dignidad. Siendo ésta un derecho inalienable de los seres humanos.

Pero también, porque según el conjunto de derechos humanos sancionados en 1948 por la ONU, se tienen los que refieren la libertad que tienen las personas para expresarse, reunirse y asociarse en torno a sus ideas y necesidades. Y es lo que resume el derecho a la huelga.

Bien puede inferirse que el derecho de huelga es entonces un derecho humano. Y que a decir de las circunstancias que han imperado en el curso de estos últimos siglos, períodos estos abatidos por mezquindades de gobernantes impúdicos, no es difícil dar cuenta de que el derecho de huelga ha sido repetida y sistemáticamente vulnerado. O sea, conculcado. Muy a pesar de consideraciones legales que así lo han determinado y sancionado.

La brecha entre el discurso y la praxis, hace ver cuán atropellado está el susodicho derecho. Por consiguiente, es fácil advertir la magnitud de la deuda que los estamentos de gobierno mantienen con este. Aunque también, con otros derechos laborales.

La huelga está conculcada

En la medida que el derecho de huelga se ve excesivamente intervenido por el gobierno, puede reconocerse cuán conculcado resulta su ejercicio. Particularmente, al momento de impedirse o controlarse desmedidamente el desarrollo de un hecho de huelga. Sobre todo, de aquellas  huelgas en las que se protesta situaciones que infringen  derechos relacionados con libertad de expresión y de reunión. Por supuesto, exentas de violencia.

Cada vez que se vulnera el derecho a la huelga, está transgrediéndose el estado de derecho pues al mismo tiempo, está quebrantándose la imperiosa necesidad de asentir la legalidad sobre la cual descansa el ordenamiento jurídico que da, teóricamente consistencia al derecho de huelga. Y asimismo, este problema afecta el sistema de valores afianzado sobre la legitimidad democrática. Tanto como el desajuste que se establece entre legalidad y legitimidad, agravándose toda situación que comprometa el ejercicio de cualquier derecho humano.

Entonces, si los derechos humanos constituyen la razón de ser del estado de derecho, esa misma realidad obliga a que se consoliden los mecanismos jurídicos y políticos bajo los cuales se cobija el derecho a huelga, que de violarse se resquebraja el estado de derecho. Así puede aseverarse el tamaño de problema que se da cada vez que el derecho de huelga se ve atropellado y vulnerado. De ahí se afirma: la huelga, derecho humano violado.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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