La disidencia y el derecho a existir - Efecto Cocuyo

La disidencia y el derecho a existir

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

¿Puede evitarse una guerra? En la actual coyuntura venezolana no es una pregunta de respuesta fácil. Nunca en la historia lo ha sido. Con los datos que uno se encuentra, la realidad apunta en la dirección de los actores políticos; estos tienen intenciones muy diferentes. El chavismo transita el camino de la violencia y la oposición va por la resistencia pacífica. A todas estas, el pueblo, los sectores populares, no compran la idea del enfrentamiento, pero ¿será inevitable? El régimen promueve la guerra mientras que la oposición crea mecanismos que potencian la convivencia para mantener activo lo que nos define como pueblo: la solidaridad.

En este sentido, el sistema político dominante juega a la guerra, es el único recurso que le queda. La violencia está en su naturaleza, la lucha de clase es el motor de la historia que ellos conciben, por tanto, producen discursos y prácticas que los consolidan. Promover la guerra no es un mensaje de fortaleza, en este momento para el régimen político venezolano es un mensaje de debilidad. Hacer hermenéutica en estos momentos es fundamental.

Esto tiene una explicación, ya no estamos en democracia, el régimen tiene que jugar en el tablero de la minoría sin que eso implique la pérdida del poder. Las guerras no las ganan las mayorías, la ganan quienes tienen el poder de las armas y las estrategias de dominación-obediencia necesarias para consolidar el control de quienes tienen el poder. En este sentido, el régimen está montado sobre la idea de un enemigo que aglutine fuerzas en torno ellos: “el imperialismo que busca recolonizar”, dicho en sus palabras.

En la historia reciente se han producido unos aparatos de control efectivos que se centran en los de abajo, en las comunidades, en el “poder comunal”, de vecino a vecino, de sectores a sectores, del partido a la comuna a través de la Unión de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH). Ha aparecido en Venezuela bajo la estructura denominada  “Red de Articulación y Acción Sociopolítica (RAAS)” que busca consolidar el control social. El poder comunal con el elemento militar que hacía falta para completar el círculo de la dominación.

El RAAS es la versión venezolana de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR) cubanos. A lo largo de esta revolución chavista, ellos han venido experimentando con estructuras similares pero hasta ahora no se habían atrevido a plantear una plataforma integral en la que incorporan los ámbitos: ideológicos, culturales, político, social, económico, electoral y militar. Las UBCH constituyen el brazo operativo de tal propósito. Buscan un punto de información relevante, la “caracterización socio-política de los habitantes de la zona”, eso lo irán logrando, según su propósito, con información vecinal de boca a boca, alineados en un operador político como la UBCH.

El camino que el régimen va marcando se concreta en el establecimiento del Estado Comunal y la creación de estructuras de dominación que minimicen la acción política de la oposición. El régimen ha dado el paso gigante de descentrarse de la oposición para centrarse en la disidencia. Esto último no es un detalle menor: pasamos de ser oposición a ser disidentes. La oposición es una noción propia de las democracias, de los grupos políticos organizados, de los partidos, por tanto, es un movimiento que se opone a un determinado modo de organizar el país y la política. La oposición es externalidad; no se produce una mirada desde dentro sino entre opuestos, eso hace difícil que desde esta mentalidad se pueda llegar a la noción de totalitarismo.

Ser distintos

En cambio la disidencia nos ubica en la distinción; es acción y efecto de ser distintos. Podemos resumirlo en la noción que implica ser la otra esencia. Nos enfrenta de entrada al totalitarismo como sistema no solo político sino cultural, antropológico, que va a la esencia humana. Desde los sistemas totalitarios se busca la construcción de un solo modo de ser y vivir, esto supone la eliminación de cualquier distinción interna. Frente a la eliminación la disidencia es una posición ética que apuesta por la vida y se enfrenta al poder que tiene como objetivo la aniquilación. La acción disidente nos lleva a una lucha por la vida y por el derecho mismo a existir. Esto último es muy sugerente, lo dejo a la libre interpretación. ¿Cuáles son los caminos que se abren cuando nos centramos en la disidencia?

El totalitarismo pone la realidad en blanco y negro. En la disidencia tenemos que pintar de colores esa misma realidad, no hay caminos únicos. Debe haber un mismo horizontes pero estrategias diversas. Estamos frente a una nueva realidad que da un enorme paso hacia adelante: el establecimiento del estado comunal. Eso implica unas nuevas relaciones de poder. El totalitarismo sigue avanzando y se nos instala en la casa, en la familia, en la vecindad. Es el momento de la verdad, no de negociar.

¿Podemos resistir y existir al mismo tiempo?

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