La diplomacia secreta destranca juegos cerrados

 

He sido testigo de excepción de varias conversaciones de panadería en estos últimos días. A cualquiera de ellas donde llego el tema cuasi único que se trata es la situación política del país. La gente manifiesta extrema avidez por saber qué va a pasar en los próximos días. El nivel de angustia es tal que inclusive muchas personas con las que me he topado me dicen que están esperando algún desenlace en los próximos días o se marcharán del país. El nivel de estrés cotidiano se observa en los rostros tensos y poco sonrientes de la gente en la calle, en las oficinas, en los establecimientos comerciales. Es un clima-país en franco deterioro, con unos niveles de desesperanza en aumento progresivo. Es un cuadro complicado proclive a escenarios poco democráticos.

El juego político en Venezuela en las últimas semanas pareciera estar cerrado. El Gobierno y las vocerías del Psuv han endurecido su posición y descartan por completo la realización del referéndum revocatorio tanto para este año como para 2017. Desde la oposición se han ido profundizando las posiciones duras de exigencia masiva y popular de este instrumento de participación constitucional.

El inicio de septiembre ha marcado la pauta en esta disputa que los venezolanos ven sin fin ni posibilidades de resolución. El más grave indicador es que se quiere desconocer al otro como si no fuera parte del juego democrático. Desde el Gobierno se ignora olímpicamente a la gran mayoría de venezolanos que en este momento pide a gritos que se realice el referéndum este año (más del 70 por ciento según varias encuestadoras) técnicamente se trata de invisibilizar a esta parte del país que supera con creces a la porción que apoya al Gobierno y que en la actualidad está por debajo del tercio de la población.

Se pretende obviar el hecho que ya el país no son las dos mitades casi proporcionales, que fueron  el rasgo más evidente de la polarización durante la última década, y que ahora se ha despolarizado y concentrado en la asignación de las responsabilidades directamente al presidente Nicolás Maduro a quien más del 65 por ciento de los votantes quiere revocar.

Desde algunos sectores de la oposición se ha propagado la idea de tierra arrasada luego de la transición. Que el chavismo como tal debe desaparecer. Que el chavismo ya no existe o es una minoría muy escuálida. Que no se debe dialogar con el Gobierno bajo ninguna circunstancia. Que esto sería traición a la patria, vender los ideales de la oposición y hacerle el juego al gobierno.

Como vemos, la cosa a simple vista  no está nada fácil. Aparentemente el cuadro está cerrado y la llave la tiraron al río Guaire. Mientras tanto, la economía se sigue deteriorando y su impacto sobre la gente de a pie es bestial. El 85 por ciento de los venezolanos está por debajo de las posibilidades de adquirir las canastas básica y alimentaria y con ello, los indicadores se están deteriorando a una velocidad endemoniada. Ya no existen calles y avenidas del país donde no veamos a niños, jóvenes, adultos o ancianos mendigando, haciendo algo para sobrevivir o robando bienes materiales.

La agenda política sigue desconectada de la agenda social. La crisis sigue esperando ser atendida y no hay manera que ello ocurra sin un programa económico nuevo y serio respaldado por una amplia legitimidad. Ardua tarea tienen los estadistas de Venezuela y el resto del continente para destrancar el juego que públicamente luce imposible, pero que en secreto es deseado por la gran mayoría de los líderes políticos de este país y más del 70 por ciento de los venezolanos como solución política al clima-país.

La diplomacia secreta está activada. Sotto voce ha venido promoviendo el entendimiento sobre puntos mínimos que garanticen la paz y la fluidez democrática. Estos actores secretos cuya gestión está respaldada por la Unión Europea, la OEA, el departamento de Estado de los EEUU, el Vaticano y las potencias regionales como Brasil y Argentina son los que pueden destrancar el juego y devolver la sindéresis al cuadro político actual de Venezuela.

Demasiada inestabilidad política en Venezuela puede permear gravemente al continente en su economía y su política hemisférica. Veamos entonces que el juego no es solo local, sino glocal y globalizado, por ello mi optimismo es elevado en esta hora de desesperanza y radicalismos que aportan muy poco a las soluciones que el país requiere. Se está jugando ajedrez político en estos momentos, solo que se hace en forma privada para que los micrófonos no distorsionen los sonidos de las partes…