La consulta es popular y legítima

Ana Julia Niño Gamboa

Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela con experiencia en derecho constitucional y derecho administrativo. Asesora en la Oficina del ex Rector Vicente Díaz (Consejo Nacional Electoral). Profesora universitaria en las áreas de Ética y Legislación de la Comunicación (ECS-UCV).

El acto del 16 de julio tiene toda la fuerza ciudadana que deben tener los procesos democráticos en Venezuela. Se trata de un acto civil que no necesita del consentimiento si no del mismo ciudadano, de ese ciudadano que fue ignorado por Maduro que pretende transformarlo todo y hacerse una Constitución a su medida. Maduro sí necesita del consentimiento del pueblo, pero el pueblo no necesita del consentimiento de Maduro para defender la Constitución vigente.

Este domingo la ciudadanía cobra el protagonismo en el ejercicio de su soberanía, esa misma que le ha sido arrebatada por el presidente de la República, por el Tribunal Supremo de Justicia y por las señoras del Consejo Nacional Electoral.

Estos tres órganos del Poder Público han incurrido en lo que la ley llama concierto para delinquir y, en lugar de respetar las leyes, los derechos y las garantías de las personas, se han empeñado en desconocer los valores de libertad, justicia y democracia. Son ellos quienes impiden que cada venezolano pueda materializar su plan de vida, tener una vida digna, contar con medicinas, con hospitales, con comida, empleo, seguridad en las calles y carreteras, etc.

La consulta popular nos permitirá manifestarnos pacíficamente, cada ciudadano le dirá al resto del país, al gobierno y al mundo entero que Venezuela quiere democracia, les responderemos a la falta de democracia del gobierno, con más actos democráticos. Es la única forma que conocemos, es la única que queremos.

Todos los actos ciudadanos en contra de las omisiones del gobierno, en contra de su política abusiva y autoritaria, han estado cubiertos por la Constitución. El derecho a protestar, a exigir elecciones libres, el derecho a la alimentación, la educación, salud no son inventos, son conquistas que aparecen en la vigente Constitución. En este caso, la consulta popular también forma parte de derechos del pueblo, así aparece registrado en el artículo 70 como un medio de participación y protagonismo del pueblo. Y casualmente aparece al lado de otros derechos que fueron arrebatados por el CNE: la elección de cargos públicos, el referendo y la revocación de mandatos.

El acto de este domingo 16 es, además, una oportunidad de ejercer esa frase que tanto escuchamos: la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, incluso la ocasión para probar si es cierto eso de que “el pueblo no se equivoca”; pero para probar eso al pueblo hay que dejarlo elegir, hay que garantizarle que pueda manifestar su opinión, y debe respetarse su derecho a decidir. Que no se equivoque depende de otros factores, por ejemplo, de educar para el ejercicio de ciudadanía.

Vale decir que en las actuales circunstancias que se viven en Venezuela, la consulta popular es una obligación democrática que acompaña al deber que tiene todo ciudadano de “desconocer a cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”, en términos legos esto es lo que llamamos desobediencia civil, y es un ejercicio obligante para todos, tal como lo establece el artículo 350, y que no se agota con la sola desobediencia, sino que la obligación se extiende a colaborar con el restablecimiento de la amenazada vigencia constitucional, como lo indica el artículo 333.

Ojalá todos podamos ver que el esfuerzo propio y del resto de la ciudadanía ha valido la pena, porque no se trata de oponerse al gobierno y armar una pataleta. Se trata de activar todos los canales que la Constitución tiene para hacerse respetar. Por eso, la consulta popular tiene toda la legitimidad requerida para ser tomada en cuenta.

El ciudadano se ha comprometido con su ciudadanía, de modo que la participación en esta consulta debe ser muy alta y representativa del descontento popular, del rechazo a la constituyente del gobierno, del repudio por la militarización del país. Es un respaldo a la Asamblea Nacional que se eligió en diciembre de 2015, es una ratificación de esos votos que le dieron la mayoría calificada en el parlamento y una condena a las espurias acciones del TSJ para arrebatar ese logro popular.

La masiva participación hablará y le dará voz al referéndum del que fuimos despojados ilegalmente.

Participar el domingo 16 de julio es una gran oportunidad de protagonizar una de las protestas pacíficas más importantes y marcar un hito en nuestra historia ciudadana. Incluso, si la participación es como se espera, esta puede llegar a ser la última oportunidad que tiene Maduro de retirar dignamente su propuesta inconstitucional.

¡Vamos, la consulta popular es democracia y es protesta ciudadana!