Intervención del Estado en Venezuela, la lógica invertida

Claudia Uzcátegui

Politóloga, Universidad de Los Andes. Máster Oficial en Gestión Pública. 2012-2013, Universidad Autónoma de Barcelona. Investigadora en planificación estratégica del sector público y en negociación y manejo de conflictos.

El Gobierno ha mostrado múltiples deficiencias para gobernar y administrar los recursos del país. Si consideramos las instituciones, los recursos económicos que han pasado por las arcas del Estado, empresas públicas, funcionarios y actores políticos de que dispone, cuesta entender por qué un gobierno que parece no tener problemas en esos aspectos se enfrenta a tantos otros en cuanto a la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos.

En mi opinión, porque para el gobierno la gobernabilidad ha estado enfrascada en estrategias para acumular y mantenerse en el poder (en algo que parece desempeñarse bien) y no en el orden, costo que por demás ha sido muy alto porque se han sacrificado las bases democráticas y la vigencia plena de los derechos fundamentales.

En ese afán de concentrar poder se crearon múltiples distorsiones que atentan contra las competencias del Estado, una de ellas que es la regulación de los fallos del mercado ha fracasado, porque lejos de solventarlos los ha puesto en práctica. Por ejemplo, la creación o fomento de monopolios y oligopolios (Agropatria, Sidor, empresa Venezolana de Cemento, empresas de producción de azúcar, café, etc.) que además terminan por no funcionar adecuadamente trayendo como consecuencia escasez de productos.

La solución a los problemas (muchos creados a partir de una intervención del Estado, como por ejemplo el control de precios) se enfocan en una intervención más aguda. Se crearon redes de distribución de alimentos del Estado: Mercal, Pdval, Abastos Bicentenario (ahora el programa CLAP), areperas socialistas (anunciaron crear panaderías) programas de agricultura urbana (teniendo tierras fértiles para el cultivo de extensión), o reproducir conejos de manera descontrolada, son algunos anuncios que develan el fracaso de las políticas que las antecedieron y que lejos de solucionar el problema real, lo empeoran.

La intervención del Estado en ciertos sectores ha sido dañina para el país, sin embargo, llama aún más la atención que con un Estado altamente centralizado y totalitario, en aspectos claves como la atención sanitaria, acceso a medicinas, sistema educativo público de calidad, posibilidad real de adquirir una vivienda, los ciudadanos hayan quedado más desplazados que en sistemas altamente liberales y donde la intervención del Estado en pro de los derechos de los ciudadanos es mínima.

No tiene sentido que un gobierno que se haga llamar “socialista” (o en pro de la igualdad social, económica y política) sea más salvaje y desfavorecedor con su pueblo que el sistema capitalista al que tanto critica. Quizás en esta lógica iba la declaración bastante criticada del diputado Julio Borges sobre la existencia de un capitalismo de estado en Venezuela, y que ahora pretenden señalar como el responsable de los errores que estamos todos pagando muy caro, literalmente, porque la inflación (considerada el impuesto más alto que los ciudadanos en especial los pobres deben pagar) está desbordada.

Es factible que algunas soluciones puedan encontrarse si se invierte la lógica en la toma de decisiones, intervenir para corregir los fallos del mercado: abrir y soltar el control estatal en los sectores que a gritos piden ser liberados, pero para ello se requiere un cambio en el modelo de gobierno, en la toma de decisiones, en la priorización de temas en la agenda política y es difícil pensar que bajo este Gobierno sucederá, cuando no se perciben las señales.

El discurso oficial parece agotado para unos ciudadanos que esperan respuestas, pese al control completo de las instituciones pretenden adjudicar los fallos y errores en la ejecución de las políticas públicas (sobre las que tienen total dominio) a otros.

Parecen tiempos de darle a quienes tengan propuestas distintas sobre cómo gobernar, la oportunidad.

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Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

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