Genocidio en Venezuela: Un grito que no debe ser silenciado

Ángel Ruiz | @angelruizoro

Licenciado en Filosofía. Profesor de la Universidad Nacional Abierta. Investigador social.

En distintos lugares escucho hablar de genocidios en el mundo entero, pareciera que la comunidad internacional tiene una mayor conciencia de la gravedad para la humanidad de estos hechos abominables. Pero, sin embargo, en muchos países del mundo se siguen cometiendo genocidios amparados en la autodeterminación de los pueblos. Tal es el caso de Venezuela, en donde se desarrolla la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de la población por motivos políticos. Se trata pues de eliminar cualquier vestigio de oposición al régimen y el sometimiento ideológico de una población.

En la historia se han perpetrado muchos genocidios, pero se ha tomado conciencia de ello a partir de 1944 cuando el jurista judeo-polaco Raphael Lemkin, en su libro El poder del Eje en la Europa ocupada acuñó el término definiéndolo como “La puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento”.
Desde entonces se han presentado muchos casos.

Por ejemplo, en Ruanda, país africano, Habyarimana instauró un régimen de partido único, el del Movimiento Revolucionario Nacional para el Desarrollo (MRND), que consolidó las políticas de exclusión étnica y los discursos de odio en contra de la población tutsi, hasta el final de su régimen el 6 de abril de 1994; en el marco de una guerra civil, detonada en 1990, encabezada por el Frente Patriótico Ruandés (FPR).

En Guatemala, la desigualdad económica y política llevó a la población civil a manifestarse en protestas contra el régimen que consideraban opresivo. En 1980 el Ejército de Guatemala llevó a cabo la Operación Sofía, una serie de acciones que tenían el objetivo de crear una política de tierra arrasada en ciertas comunidades mayas para eliminar la resistencia de la guerrilla. Los registros demuestran que esta operación fue parte de la estrategia del presidente de facto de Guatemala, Efraín Ríos Montt, bajo el mando y control de altos oficiales militares del país. Durante tres años, las acciones de esta operación resultaron en la destrucción de más de 600 poblados, con más de 200.000 personas desaparecidas y 1,5 millones más desplazadas.

La lista de genocidios es larga, en muchos de ellos ni siquiera se ha llegado a sentenciar los culpables en tribunales internacionales y la intervención de la Organización de las Naciones Unidas ha sido muy lenta.

En el caso de Venezuela, desde hace años se viene denunciando violaciones a los derechos humanos, masacres a la población civil que manifiesta contra el régimen, y, además, el control sobre la salud y la alimentación de la población que son usadas como herramienta de control político, ya que el grupo que gobierna mantiene un férreo control sobre la distribución de alimentos y medicinas, discriminando a quienes no le son afectos. Esto ha traído como consecuencia miles de muertes y desnutrición de la población, en especial infantil.

Ya es hora de que la comunidad internacional tome acciones frente al genocidio que se desarrolla en Venezuela. La población clama con gritos espeluznantes auxilio, sus voces no deben ser silenciadas. Debe llegar a Venezuela ayuda humanitaria para quienes mueren lentamente de hambre y por la falta de medicinas.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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