Gandhi y las captahuellas

Eloi Yagüe Jarque

Escritor, periodista y profesor universitario. Autor de novelas, libros de cuentos y guiones de cine. Ganador del premio de cuentos Juan Rulfo -Semana Negra de Gijón.

Cuenta la historia, que Gandhi logró la independencia de la India mediante un gesto sencillo, tan simple como recoger de la arena de una playa una pizca de sal. Sin duda alguna, los gestos sencillos son los que cambian la historia.

Gandhi, un hombre pequeño de estatura, flaco, semidesnudo, que iba con alpargatas, desarmado, se enfrentó al imperio británico, el más poderoso del momento, que armado hasta los dientes había colonizado a la India, un país milenario y de ancestral sabiduría. Pero él no estaba solo, sabía que detrás de él había todo un pueblo dispuesto a hacer un sacrificio por alcanzar la independencia.

La larga marcha comenzó un día desde un lugar distante del mar. Gandhi había anunciado que iría a la playa a hacer sal. Un gesto tan pequeño tenía un poderoso significado porque precisamente el imperio colonial tenía el monopolio de la sal: ningún indio podía producirla o comercalizarla. Así que Gandhi se echó a andar con su báculo y sus alpargatas. Las autoridades estaban alerta ante sus movimientos, pero no podían detenerlo de momento porque no había hecho nada ilegal. A medida que avanzaba se le iban sumando miles de personas que, como él, querían a la India independiente del imperio colonial y estaban dispuestas a afrontar las consecuencias de la lucha.

Finalmente llegaron al mar. La playa estaba custodiada por las feroces tropas coloniales. Gandhi sonrió al ver la belleza del Océano Índico. Se volteó hacia sus amigos e hizo algún comentario que registraron las cámaras (había periodistas de medio planeta). Entonces, se inclinó y tomó de la arena una pizca de sal y la mostró al mundo. Fue la señal para que empezara la represión: en ese mismo instante Gandhi era reo de la justicia porque había violado la injusta ley colonial. Pero la represión no pudo con la verdadera marea humana que se abalanzó a las playas de todo el país para hacer sal. La India había logrado su independencia. Y sin violencia.

Esta historia me viene a la memoria en estos momentos tan importantes que vive el país. Estamos al borde de cambios trascendentes, así se siente, así se huele en el aire. Hay un clamor colectivo por un cambio, algunos pensarán que es tan solo una petición de cambio de Gobierno. Yo pienso que va más allá de eso: es clamor por la necesidad que tenemos de vivir de manera digna, de que sean respetados los derechos humanos de todos por igual, no solamente de una parte de la población, la que está de acuerdo con el Gobierno. Y esa necesidad actualmente no está siendo atendida.

No sé si la gran mayoría de los venezolanos quiere hacer un cambio de Gobierno, mediante un referendo revocatorio. Lo que sí sé es que éste es un derecho constitucional y como tal debe ser respetado. De lo que se trata es de hacer valer este derecho, independientemente del resultado que arroje.

El Consejo Nacional Electoral acaba de anunciar unas condiciones para efectuar el referendo en verdad adversas. La reacción inmediata de la oposición agrupada en la MUD ha sido rechazar esas condiciones y denunciar lo que considera un manejo político-partidista para obstaculizar la celebración del referendo.

Yo pienso que el CNE no ha negado el referendo, solo ha puesto unas condiciones muy difìciles para realizarlo. Pero también eran difíciles las condiciones para recabar el 1% de las firmas necesarias para solicitarlo. Y sin embargo, asistimos a una verdadera movilización nacional para lograrlo. Vimos a gente de todas clases y condiciones, incluso personas de la tercera edad muy entusiastas, personas con discapacidad, gente que atravesó obstáculos, que fue a pie cuando les impidieron pasar en autobús, que hicieron rodeos, que rompieron cordones policiales, gente que hizo todo lo posible por hacer valer su derecho y éste al final se impuso: el CNE tuvo que aceptar que se había cumplido el requisito.

Ahora se trata de pasar a la segunda fase: alcanzar un 20% de firmas para finalmente convocar el referendo a nivel nacional. Para ello han aprobado habilitar un número de máquinas captahuellas menor al solicitado, ha ubicado los centros de recolección en lugares inadecuados o de difícil acceso y además ha puesto un horario, de 8 a 12 y de 1 a 4 para recoger las voluntades.

Hay personas que se están desanimando por esto y es comprensible; a ellas quiero recordarles que si fue posible recabar el 1% nada impide que se cumpla el objetivo del 20%. Nadie dijo que sería fácil dar este paso tan importante por la justicia. Es difícil y requiere un sacrificio. Es probable que los días señalados no se pueda trabajar, que haya que caminar muchísimo, que haya que pasar hambre, sueño, cansancio, fastidio. Es probable que haya que hacer colas interminables, discutir con las autoridades, soportar humillaciones, vejaciones y malos tratos como hasta ahora ha ocurrido. Todo esto es posible pero, ¿se va a echar por la borda todo el esfuerzo que hasta ahora se ha hecho por alcanzar un cambio de Gobierno como primer paso para llegar al país más justo y democrático que queremos?

Estoy convencido de que sería un tremendo error abandonar la lucha justamente ahora. El reto está servido, solo hace falta asumirlo, de manera pacífica, democrática y participativa. Hará falta mucha madurez, mucha paciencia, mucha tolerancia, mucha fuerza moral, mucha resistencia para cumplir el objetivo. Pero si la gente lo asume, nada podrá detenerla, pues nada puede detener a todo un pueblo cuando decide levantarse y marchar en pos de un objetivo. El momento histórico es para saber de qué madera fina está hecho el corazón del venezolano. Ojalá que la dirigencia esté a la altura de este pueblo, que puede lograr un cambio con un gesto tan sencillo como poner su huella en una máquina y su firma en un papel.