Frutos extraños, hoy - Efecto Cocuyo

Frutos extraños, hoy

Strange fruit
Fedosy Santaella

Autor de libros publicados con Alfaguara, Ediciones B, Bid and Co, Oscar Todtmann y Pre-Textos. Premio del concurso de cuentos de El Nacional 2013, lista corta del concurso de novela Herralde 2013, Premio Internacional de novela corta Ciudad de Barbastro 2016

Pienso que uno de los temas más sobrecogedores contra el racismo es «Strange Fruit». Lo cantó, lo grabó, lo sufrió Billie Holiday. Fue una pieza que encontró su voz, una pieza afortunada que fue llevada a las alturas por una mujer inmortal que vivió la profunda miseria del odio.

 

«Strange Fruit» fue escrita por Abel Meeropol, un poeta y compositor nacido en el Bronx en 1903, hijo de inmigrantes judíos rusos que habían huido del terror de los pogromos antisemitas. Estudió literatura e hizo una maestría en Harvard, pero nunca tuvo suficiente dinero para realizar el doctorado. Se dedicó a dar clases en el bachillerato DeWitt Clinton del Bronx, y escribía poesía y la publicaba con seudónimo.

En 1934 llegó a sus manos un fotografía que lo dejó impresionado, sobre todo considerando por lo que habían pasado sus padres. Eran las imágenes del linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith, ocurrido en Marion, Indiana en 1930. Shipp y Smith habían sido arrestados como sospechosos de robo y asesinato contra un blanco de nombre Claude Deeter; también se les acusaba de violar a Mary Ball, novia de Deeter.

Ambos hombres habían sido apresados, pero la comunidad, más allá de querer que se les aplicara la ley, decidió que debían ser ejecutados; así que fueron sacados de la cárcel, golpeados salvajemente y colgados de un árbol de la plaza. Se dice que Smith trató de sacarse la soga, lo que llevó a que lo bajaran y le rompieran los brazos. Las autoridades no intervinieron en ningún momento, hasta colaboraron con la ejecución. El fotógrafo Lawrence Beitler tomó fotos de los cuerpos colgados; luego, empezó a sacar copias y a ofrecerlas como mercancía. Al cabo de diez días ya había vendido miles de ellas.

Abel Meeropol, como ya se ha dicho, conoció esas fotos un tiempo después. Tal fue su impresión que escribió un poema titulado, «Bitter Fruit», «Fruta amarga». Lo publicó en 1937 en el pasquín The New York Teacher, y ya para 1938 le puso música y le cambió el título a «Strange Fruit». Su esposa, Anne Shaffer, que además de maestra, era actriz y cantante, fue la primera en interpretarla. También le fue dada a la cantante negra Laura Duncan. Ella la cantaría en el Madison Square Garden ese año de 1938.

A partir de acá, todo se conjuga de un modo casi mágico. Por aquellos días, Billie Holiday era ya una cantante reconocida y había empezado a actuar en un club recién abierto con una característica muy particular: Cafe Society, en el Greenwich Village, era el primero en admitir tanto blancos como negros. Por aquellos días también, un hombre llamado Robert Gordon había sido contratado como director del espectáculo de Lady Day, que por supuesto era la estrella del club. Gordon se encontraba en el Madison Square Garden la noche en que Laura Duncan interpretó «Strange Fruit» y no dudó en manifestarle a Billie Holiday su interés en que ella también la cantara.

Otro versión, más sencilla, cuenta que fue el mismo Meeropol que le llevó el tema a Gordon y a Jersey Barney Josephson, el dueño del Café Society. Al parecer ella lo puso a prueba en una fiesta en Harlem: el resultado luego de terminarla fue un silencio absoluto cargado por el dolor y la belleza. Se dice que luego la cantó en el club Society como último tema de la noche. El resultado: el mismo, un silencio estupefacto y maravillado, y luego una gran ovación. Cuentan que Holiday corrió al baño a llorar o a vomitar, de lo afectada que estaba.

¿Qué era esa fruta extraña? Pues era la metáfora de los hombres negros colgados de los árboles. La letra, muy breve, dice así:

 

Los árboles del sur dan una fruta extraña

Sangre en las hojas y sangre en la raíz

Cuerpos negros se balancean en la brisa sureña

Fruta extraña que cuelga de los álamos.

 

Escena pastoral del corajudo sur

Los ojos salidos y la boca retorcida

Aroma de la magnolia, dulce y fresco

Y el repentino olor a carne quemada

 

Aquí la fruta para el placer de los cuervos

Para que la lluvia la tome y el viento la aspire

Para que el sol la pudra y el árbol la deje caer

Aquí una extraña y amarga cosecha.

 

Abel Meeropol, un tiempo después de que Billie Holiday grabara el tema, fue acusado por una comisión investigadora del gobierno de haber escrito aquel maravilloso tema por encargo del Partido Comunista (él había sido, en efecto, comunista, pero de allí a creer que había escrito la letra por encargo…). Ella, por su parte, padeció la crueldad del racismo con todas las de la ley. En el especial de HBO que recrea la obra de Broadway Lady Day at Emerson’s Bar & Grill (2016), la cantante (una magnífica Audra McDonald) cuenta una escena que la conocimos también, bastante más edulcorada, en Green Book, cinta ganadora del Oscar en 2018.

Recordemos que en Green Book, el panista Donald Shirley (Mahershala Ali) tiene necesidad de ir al baño en la casa donde ha sido invitado a tocar con su grupo. El mismo dueño de la casa le niega la posibilidad (porque los negros no entran a su baño) y Shirley opta por retirarse (siempre elegantemente). En el especial de HBO, Billie Holiday cuenta algo similar: ella también tuvo necesidad de ir al baño, esta vez en el bar de un hotel donde estaba cantando. La anfitriona del salón, prepotente y falsamente educada, le indicó que no tenían baños para negros y le sugirió que se aguantara las ganas. Lady Day, que no era tan delicada de maneras como Shirley, decidió que ella no se aguantaría y orinó allí mismo, sobre los zapatos de la anfitriona.

Holiday tenía ese temperamento explosivo, fuerte, y también lloraba y sufría cuando cantaba «Strange Fruit», que sin duda no era un tema fácil. Todavía hoy día no lo es. Menos cuando pensamos en los miles de venezolanos que cruzan fronteras y muchas veces son víctimas del odio, la ignorancia y el miedo de otros. Cuando los insultan y los rechazan, cuando les tumban sus tiendas o los amenazan con meterse en las casas y sacarlos para, justamente, lincharlos. «Strange Fruit» no es un tema fácil, claro que no, pero es momento idóneo para recordarlo, con todo lo que ocurre en la frontera de Estados Unidos, con los migrantes de Centroamérica y de México, con las palabras irresposables de Trump, con el aumento de los crímenes de odio en Estados Unidos, con la matanza de El Paso en Texas, con los que ocurre con los inmigrantes en Europa.

Las personas siempre anhelan crecer, vivir, estar bien, dar frutos en su propia tierra o en otra; en estos tiempos, ha tocado en otra. Pero el temor a ser frutas extrañas del odio está ahí, siempre. Creo así que no debemos olvidar lo que esa canción nos dice y tampoco a Billie Holiday, su vida, su sufrimiento.

 

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