Finales de 2016: geopolítica interna y externa de Venezuela

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Han transcurrido muchos acontecimientos en los últimos tres años en Venezuela que nos han llevado a ocupar la atención permanente del continente. En un momento dado la influencia del peso del petróleo en los organismos hemisféricos era extremadamente considerable. Nuestro país llegó a tener alrededor de treinta votos en la OEA y un apoyo sustantivo en la nueva arquitectura continental configurada en la Celac y la Unasur. Esto aunado al signo ideológico de muchos gobiernos en la región, que viraron abiertamente hacia una posición más favorable a la política exterior desarrollada desde Caracas. Pero esa geopolítica continental se ha movido a un paso muy apresurado en los últimos tiempos, precisamente en dirección contraria a los intereses del gobierno venezolano. Hoy en día la correlación de votos en la OEA, la Celac, Unasur y el propio Mercosur (que hasta ha aprobado un ultimátum a Venezuela) es abiertamente desfavorable al país. Esto se ha evidenciado en las últimas decisiones continentales con relación a nuestro caso. Solo Nicaragua, Bolivia y Ecuador han respaldado con sus votos duros la posición venezolana. Cuba mantiene su alineamiento pero al no ser miembro de la OEA no cuenta en sus votaciones. Esto nos da un nuevo cuadro geopolítico continental que va a tener mucho peso en lo que se refiere al caso venezolano en los próximos meses.

En lo relativo a la geopolítica interna las cosas no han evolucionado de manera diferente. El Psuv y el gran polo patriótico de tener alrededor de un cuarenta por ciento (y en algunas regiones un poco más) del electorado nacional, en los últimos tres años ha visto mermado sustancialmente su caudal de apoyo popular hacia un veinte por ciento; es decir, la mitad,  al menos de su base de apoyo, se deslizó hacia posiciones de crítica y voto castigo en los últimos meses. A esto le sumamos la evaluación que hacen los venezolanos de la gestión de gobierno presidencial, que se ha deteriorado a extremos nunca vistos en los últimos quince años, con una desaprobación superior al sesenta y cinco por ciento de la población, según cifras de Datincorp, Venebarómetro, Ivad y Datanálisis, entre otras encuestadoras. Y con el ingrediente más complicado relacionado con la responsabilidad que los venezolanos asignan en las actuales circunstancias, al presidente Nicolás Maduro Moros. Este cuadro de deslizamientos en la opinión pública nacional ha trastocado totalmente la geopolítica interna del país de cara a la conformación de los vectores del poder.

Con los cambios generados en la geopolítica interna y externa de Venezuela, el presidente Nicolás Maduro Moros ha anunciado que no presentará el proyecto de ley de presupuesto de la nación a la Asamblea Nacional. Un procedimiento que está contemplado en la constitución sin aristas para interpretaciones jurídicas contrarias. Y, al propio tiempo, ha anunciado que por –razones económicas– no se celebrarán elecciones en el país hasta 2018. Estos anuncios, sin ninguna duda, son un desafío abierto a la opinión pública venezolana que en alrededor del ochenta por ciento ve al referéndum revocatorio presidencial como la vía más expedita para zanjar la difícil situación económica y política actual. Pero además el presidente pareciera subestimar que tanto Mercosur como el resto de los organismos hemisféricos a los cuales estamos suscritos mediante convenios internacionales, que a su vez son leyes de la República, contienen cláusulas de exigencia de procedimientos democráticos que, al no ser respetadas o cumplidas por algún país miembro, se expone abiertamente a sanciones. Quizás esto pueda ser tomado a la ligera por nuestro gobierno actual, sin embargo una medida de suspensión de Mercosur o aplicación plena de la Carta Democrática Interamericana por parte de la OEA, le traería consecuencias políticas y económicas muy duras a nuestra nación que agravarían la actual situación económica.

A finales de 2016 el gobierno de Venezuela pareciera estar actuando como si estuviéramos en 2012 o 2013. Definitivamente no parecieran estar leyéndose correctamente las incidencias de los cambios continentales en la correlación de fuerzas ni los locales en la opinión pública venezolana. La posición del gobierno venezolano en las actuales circunstancias es de abierta debilidad, aún contando con todos los poderes públicos excepto el legislativo. Este escenario es proclive a abrir el compás para una negociación política de alto nivel con acompañamiento internacional. No hacerlo puede significar sacrificar un capital político importante y el sufrimiento mayor de una población altamente afectada por la crisis del modelo.

Foto: www.panorama.com