En el medio de la nada - Efecto Cocuyo

En el medio de la nada

Nada funciona
Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

La medida de la civilización, suele manifestarse a través de la capacidad de trabajo de la cual da cuenta el desenvolvimiento de una nación. Pero entendida la misma desde el desarrollo económico, evidencia la movilidad de una sociedad. Con ella, la teoría económica destaca la cuantificación de los bienes y servicios que ésta produce en un período determinado. O sea, el PIB o Producto Interno Bruto. Aunque también, se estilan indicadores relacionados con el Ingreso per cápita, el índice de desarrollo humano. Así como el indicador que cuantifica la población económicamente activa y los niveles de educación, salud y vivienda.

Cabe este comentario de cara a buena parte de los acontecimientos que tienen atrapada a Venezuela en medio de la nada. El país, dejó de ser lo que había sido hasta finales de la última década del siglo XX. Al extremo, que el régimen desistió (adrede o por incompetencia) de la capacidad de gobierno para crear la riqueza requerida para mantener la prosperidad o bienestar económico y social de los venezolanos.

El ocio entendido como inactividad en un tiempo infructuoso, caracterizado por la desidia que como condición inhabilitó al venezolano en su desempeño y lo excusó para producir, se asumió como criterio del régimen usurpador para hacer un proselitismo de mala calaña y oscura ralea. Así decretó el no-trabajo, o días de inactividad, como resultado de la inercia convocada por el ideario revolucionario. Y hasta bien representada por un presidente sin formación ni preparación. Sin discurso. Equivocadamente señalado como presidente “obrero”.

La apatía que tiene ocupado al país, lo ha llevado a no hacer nada. Peor aún, ha sido la consagración de la nulidad que hoy muestra (sin vergüenza alguna) Venezuela ante el resto del mundo. Tan miserable modo de vida, horadó distintas razones alegadas por el régimen para justificar la presumida misión de “refundar la República para establecer una sociedad…democrática …que asegure el derecho al trabajo” de la sociedad venezolana. Obra ésta que terminó revirtiéndose al convertirse en el mejor trabajo de desarreglo, descomposición y deterioro de Venezuela. Como nunca, había sido expuesto por la historia política, social y económica del país.

Ser capaz de arrasar con la poca cuota de “humus” sobre la cual procuró conciliarse el desarrollo nacional con las exigencias de la dinámica económica, social, cultural y tecnológica presionada desde el entorno, fue el primer y último, y más acabado, producto erigido por el sistema político empobrecedor venezolano. Y aunque muy eficiente el régimen al momento de destrozar al país a instancia de su vulgar revolución socialista, no obstante organizada a nivel logístico para arruinarlo mediante novedosos modos de practicar la corrupción a todo nivel, Venezuela terminó fracturada, escindida y vapuleada en todos sus manifestaciones y dimensiones.

No sólo este régimen bandolero logró subyugar drásticamente la calidad de vida del venezolano. Por consiguiente, el desgobierno bolivariano hizo que calificadas instituciones reventaran en pleno funcionamiento. Por ejemplo, se dio una abismal caída del ahorro, pérdidas en compras de inmuebles, vehículos y otras tantas efectos. Las prestaciones sociales y de lo que representaba el valor monetario de una jubilación, se vieron arrasadas por la hiperinflación en el fragor de una economía entumecida en el espacio mercantil.

Vivir de no hacer nada

Tampoco se respetó la institucionalidad. Tampoco la constitucionalidad. Menos la legalidad. Así como tampoco, el “Estado de Derecho y de Justicia” ni el “debido proceso”. Todo esto fue saltado al mejor estilo de una valla de competencia. Cuando no, asaltado o embestido a fuerza de amenazas, violencia y sin desparpajo alguno. Más cuando en la mitad de toda esta secuencia de avatares, siempre figuraron cuerpos regulares de “seguridad” del Estado. Y hasta de carácter “irregular”. Por supuesto, comandados mediante medidas coercitivas por altos mandos militares y policiales groseramente atenuados. Pero igualmente, atemperados por el influjo de una descomunal corrupción. Además, enmascarados por una impúdica y efectiva impunidad de la que se valieron para imponer sus propios criterios políticos y hacer de las suyas lo que le viniera en gana.

Así fue Venezuela dejando de ser lo que en otrora la distinguió favorablemente entre tantas naciones, para reducirse a lo que actual y tristemente es. O se un país que vive de no hacer nada. Donde multiplicar algo por nada, no da todo. Y lo que da, cuando da, resulta ser de valor negativo.

Sus ilegítimos gobernantes, por usurpadores, ilegales e inconstitucionales, son vividores del pueblo pues actúan como buitres del pasado. Siempre a la espera de la muerte de la memoria. Hasta lograron lo que determina su pírrico proyecto de gobierno: es decir, hacer que Venezuela nazca, se desarrolle y viva en medio de la nada

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