En 10 años se le han quitado seis ceros a nuestra moneda

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

Transcurría diciembre de 2016, cuando el Presidente Maduro ordenó sacar de circulación los billetes de 100 bolívares en 72 horas. Aquella medida desató una ola de violencia en varios lugares del país con muchos casos que lamentar. Lo más penoso de estos acontecimientos es que ese billete todavía nos acompaña. Este ejemplo debe ser uno de los casos de estudio en primer año de un posgrado de políticas públicas al momento de explicar qué pasa cuando no tomas medidas razonadas y prudenciales.

Ahora bien, al considerar la conveniencia de la medida no hay mucha discusión, con fines de contabilidad es un acierto. Sin embargo, será transitorio; dado el ritmo de la aceleración de precios, en un año y medio este nuevo cono monetario deberá actualizarse debido a que perderá su poder de compra rápidamente.

Todos los analistas coinciden en que este proceso de reconversión monetaria era necesario, pero debía venir acompañado de reformas de fondo, siguiendo una política antiinflacionaria concreta y elaborada de tal manera que les diera un tiempo discreto dedicado a la información que oriente a la población y un lapso prudente para realizar las nuevas adecuaciones  que debe poner en práctica el sistema financiero.

Lo que ha ocurrido en el país en la última década es el mejor modelo de cómo se puede licuar el patrimonio de sus habitantes pues han pasado 10 años y se le han quitado 6 ceros a nuestra moneda. ¿Puede servir de evidencia para probar el fracaso en las políticas económicas?

Ahora bien,  otra pregunta central en esta cadena de improvisación sería: ¿Hay recursos para costear la emisión de nuevos billetes? Imprimirlos no es gratis y las adaptaciones que debe efectuar la banca y el sector comercio le suma costos significativos (la reconversión del 2007 le costó sólo a  la banca cerca de  40 millones de dólares).

Pese a todo, esperemos que la familia de billetes y monedas que vienen sí puedan cumplir con la cantidad óptima  que evite  mayores traumas al ciudadano al momento de disponer de efectivo. Esperemos que no persistan en el error de emitir billetes insuficientes y de denominaciones bajas que empeoran la realidad.

Aunque, a decir verdad, si a las pruebas nos remitimos, no sería difícil sospechar que después del 4 de junio los viejos y nuevos billetes estarán circulando juntos con prórrogas recurrentes e ilimitadamente.

Nada ha cambiado desde entonces. ¿Quién nos dice que no será igual a lo ocurrido en el 2016? Ahora los desafíos son mayores, puesto que son más piezas que reemplazar en dos meses y más ajustes operacionales, por lo cual, causará mucho caos y desconcierto implementar esta medida. Y, por supuesto, que se agudizarán los problemas de funcionamiento de todas las actividades económicas.

El gobierno debe prepararse, porque nadie ha salido sin rasguño de un proceso hiperinflacionario, y más aún, cuando se le añade una reconversión monetaria que pareciera planificada porque así se lo pidió una fase lunar o porque fue sugerida en la última conversación con un pajarito.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

 

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