El tiempo que vivimos en peligro - Efecto Cocuyo

El tiempo que vivimos en peligro

Miguel Ángel Latouche | @miglatouche

Internacionalista. Director de la Escuela de Comunicación Social - UCV. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en la Universidad Central de Venezuela. Consultor.

La escena se desarrolla a orillas del río Guaire. Esa cloaca pestilente que cruza la ciudad y que se ha convertido en un homenaje a la desidia y el olvido. Los hombres se encuentran reunidos en el lugar exacto en el cual las fuerzas gubernamentales lanzaron a las aguas infectadas a quienes, días atrás, manifestaban en su contra. Les parecía propicio reflexionar alrededor de la imagen que quedaría para siempre grabada en nuestra memoria colectiva: La gente horrorizada, tratando de escapar del humo lacrimógeno, cruza, como puede, entre las enfermedades diversas y potencialmente mortales que germinan en las oscuras y turbulentas aguas del río. Entendían su reunión como un acto de descargo en contra de quienes, desde el poder, se burlaron de las víctimas de los excesos gubernamentales, de los tuits en los cuales se les humilló, de los discursos que los sometieron al escarnio público de manera inmisericorde.

– ¿Qué debe hacer el gobierno para mantenerse en el poder? -pregunto.

-Todo aquello que sea necesario -me responde mi interlocutor.

-¿Pero no te parece que plantearlo de esa manera deja por fuera consideraciones importantes acerca de la legitimidad del ejercicio de ese poder? Es decir, no basta con la legitimidad de origen. Se supone que el ejercicio del gobierno requiere que el apoyo de la ciudadanía y que la ciudadanía apoya al gobierno por convicción democrática pero también en razón de sus capacidades para dar respuestas a las necesidades de la población, para generar bienestar. Es claro que un mal gobierno perderá legitimidad en su desempeño.

-¡Es claro que te pones exquisito! Una vez que el gobierno ha sido electo, lleva adelante su proyecto aún a contrapelo de quienes lo adversan. La utilización de la fuerza es necesaria para garantizar la Razón de Estado, que en este caso se traduce en la permanencia de quienes gobiernan en el poder. 

-Entiendo tu argumento: aquellos que detentan el poder quieren permanecer en su ejercicio. A fin de cuentas esa es la única manera de garantizar la continuidad del proyecto que representan. Sin embargo, convendrás conmigo que en una democracia es necesario que la supervivencia política esté asociada a la obtención de los votos que sean necesarios para garantizar que la soberanía popular sea trasladada al gobernante para que la represente. Esto no es necesario en un sistema autoritario, basta con que se cuente con el apoyo de una coalición que detente suficientes elementos del poder (simbólicos y tangibles) como para imponer la voluntad de un grupo sobre la mayoría. En el primer caso se gobierna sobre la base de una legitimidad construida por consenso, en el segundo se gobierna por imposición. En el primer caso la Razón Pública se construye mediante la participación de los ciudadanos en la discusión pública, en la deliberación de las ideas, en la construcción de la opinión pública democrática. En el segundo se pierden los espacios para el funcionamiento de la ciudadanía, el sujeto se convierte en un cliente, pierde su capacidad para actuar por su propia cuenta mediante un proceso de aniñamiento cívico que lo despoja del dominio de sí mismo y lo obliga a someterse por vía de esa imposición a los designios del poder.

-Hay aspectos culturales e históricos que no entiendes bien, acá de lo que se trata es de una reivindicación de los pobres, de los olvidados, de los excluidos.

-Se trata de un objetivo noble aquel de atender bien a quien menos tiene, de sacar a la gente de la pobreza, de reivindicar a los olvidados, de proporcionarles identidad. Lo malo es que se use a los pobres para mantenerse en el poder mediante medidas populistas que nada resuelven en el largo plazo, que desprecian el factor trabajo como un elemento de socialización, que reduce las empresas a su mínima expresión, que nos somete a los vaivenes de la renta ¿Sabías que, en general, los sistemas autoritarios y dictatoriales se fundamentan en la economía rentista y que las democracias tienden a desarrollan economías productivas?

– ¡Acá siempre ha habido pobres y siempre hemos vivido del petróleo¡ (el tono es imperativo).

– Cierto y eso explica la llegada de la izquierda, lo malo es que desde esa mirada no se ha resuelto, después de tantos años y pesar de los muchos recursos que ha manejado, el problema estructural de la pobreza. Pero peor aún, se ha limitado la capacidad de la gente de expresarse libremente, de acceder a información pública de su interés y lo más grave del asunto es que se ha limitado la posibilidad de que la gente elija a sus representantes en procesos electorales competitivos, abiertos e imparciales. Tanto como se ha limitado la posibilidad de protestar constitucionalmente o de organizarse políticamente con fines específicos.

El sol empezaba a descender sobre la ciudad y los hombres tuvieron que terminar abruptamente la discusión, no fueran a ser víctimas del hampa que no descansa, que nunca duerme en este tiempo que vivimos en peligro.

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