El sofista Ricardo Molina: ¿Por qué eres madurista?

El cinismo de los voceros del gobierno ha llegado a configurarse en espacios de claroscuros. Ellos son la luz. Quienes les adversan son la oscuridad. Ellos son el bien. Quienes no estén con ellos representan el mal. Ellos son el único camino para ir al cielo. Cualquier otro camino significa ir al infierno.

Así, hemos visto y escuchado a voceras(os) del gobierno hablar superlativas de ignominia, desde frases inauditas y contradictorias, como aquellas relacionadas con “inflación y colas no existen”, o que esas mismas colas “son sabrosas”, hasta algunas citas que, convertidas en sofismas, nos dicen que la escasez de medicinas son “fallas puntuales” o que el gobierno de Maduro “ha reducido la pobreza” ¡Válgame Dios!

No obstante, el discurso ha pasado desde la esfera seudo-explicativa en la cual, al no tener una base sustantiva epistemológica que vaya en armonía con la realidad, se comienza a recurrir al discurso del chantaje. Verbigracia, “si te doy” (confundiendo lo que evidentemente significa un derecho) “tienes que rendirte a mis pies”. Algo así, como hacer sacrosanto a Maduro y todos sus congéneres políticos porque éstos tengan que hacer cumplir con lo establecido en la Constitución en términos de derechos sociales, aunque en la praxis, esos derechos se hayan convertido en entelequia.

Ahora bien, si lo anterior es parte de una bradifrenia política, al parecer el diputado del mal llamado “gran polo patriótico”, Ricardo Molina, quedó consumido con su éxtasis verbal cuando a través de las pantallas del canal del Estado dijo:

“Si te levantas a las 5 de la mañana, todos los días como yo, para ir a trabajar. Que tienes a tus hijos en una escuela bolivariana, gratuita y de calidad. Tú que tienes un CDI a la pata de tu casa, que tienes transporte público decente, que tienes a tu mamá, tu abuelo con una pensión digna. Tú que tienes un trabajo estable con la mejor ley del trabajo del mundo ¿Por qué carajos te confundes y crees que eres escuálido?”¹

Dejamos tácito, que ese “yo”, lo interpretó Molina en segunda persona, porque él exhortaba a los presentes en su acto proselitista para que con sus palabras se aplicara la misma receta de lavado cerebral sobre un pueblo, el cual, según entiende este “parlamentario”, estaría “confundido”. Y nos preguntamos:

¿El pueblo está confundido de qué? ¿De ver cómo debe levantarse a las 5 de la mañana o antes, no sólo para ir a trabajar, sino que incluso ha tenido que dormir en las calles para hacer una cola en un expendio de alimentos con el propósito de llevar algo qué comer para su casa? ¿Sabrá Molina que la educación vive el peor momento de su historia contemporánea con una planta física destruida aproximadamente en un 80%, con docentes sumidos en la pobreza y la miseria por malogrados salarios y anulación de sus beneficios sociales, y con un fracaso total del propio sistema educativo, entre ellos, el programa de alimentación escolar convertido en mendrugos?

¿En que más está confundido el pueblo?  ¿En ver cómo “Barrio Adentro”, así como todo el sistema público de salud está quebrado, cuando ni siquiera se consiguen medicinas básicas, pastillas anticonceptivas o aquellas para tratamientos de pacientes con mal de Parkinson, convulsivos,  diabéticos o hipertensivos?

¿A cuál transporte público “decente” se refiere el diputado? ¿Será aquel de que hemos sido víctimas tanto pasajeros como transportistas, cuando delincuentes nos atracan, nos hieren o hasta asesinan en tales unidades, después de haber esperado horas debajo del sol o la lluvia, para que aparezca ese ansiado carrito por puesto, jeep o autobús, porque muchas de tales unidades están fuera de servicio por falta de autopartes, baterías y cauchos?

¿Qué serán “pensiones dignas” para el diputado Ricardo Molina?  ¿Aquellas que están regidas por el salario “mínimo”, es decir, cinco cifras muy bajas, las cuales apenas representan ingresos por el orden del 5% del valor de la actual cesta básica, que no alcanzan ni siquiera para comer? ¿De cuál ley del trabajo nos habla este individuo? ¿De la misma ley que permite botar a los empleados públicos porque éstos firman contra Maduro ante la incapacidad que ha mostrado el gobierno para resolver los problemas de inflación, especulación,  escasez, corrupción, delincuencia, pranes, extorsión, secuestro, contrabando, y todo tipo de mafias enquistadas en la estructura del Estado?

Pero el colofón sobre lo que dijo tal “representante del pueblo” no podía cerrar con tan infelices palabras ¡No! Faltaba el veneno de su moralina cuando afirmó: “¡No hace falta tener plata!” ¡Claro! Que importa que tú, Ricardo, digas que el dinero no hace falta. Supongo que no tienes necesidad de levantarte a las 5 de la mañana. Tu horario está definido por las mieles del poder. No viajas en carrito, jeep, autobús o metro.  Te desplazas en potentes camionetas o aviones privados con “anillos de seguridad” o, para explicártelo mejor, viajas acompañado de funcionarios de seguridad que deberían custodiar a los ciudadanos en las calles. Nunca irás a hacer una cola con el pueblo durante horas para comprar una harina o un paquete de pañales ¡Qué va! Te los llevan a tu casa, y sí tienes el chance, los compras un fin de semana en alguna isla del Caribe al estilo de quien vocifera “familiaaaa”.

¡Tú, Ricardo! ¿Preocuparte porque el dinero no te alcance o sí tienes la nevera vacía como la mayoría de los venezolanos?  ¡No lo creo!  Otras fuentes de ingresos desconocidas tendrás ante el pueblo, cuando no te importa que a todos los diputados (a quienes no necesito defender, salvo por razones de humanidad) les suspendan sus salarios, siendo, tú,  parte de ese hemiciclo.

¡Ricardo! Es obvio, que no invocaste la máxima de Jesús sobre aquella prédica que “no sólo de pan vivirá el hombre”, porque evidentemente, no vives de ese pan. Vives de la burocracia, la conchupancia y los claroscuros del gobierno. Por ello, no te voy exigir que me respondas con algún sofisma: ¿Por qué eres madurista? A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

 

Dr. en Educación

Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar

@jvivassantana