El sistema interamericano

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La Organización de Estados Americanos, conocida mundialmente por sus siglas (OEA) fue fundada en 1948 en la ciudad de Bogotá, Colombia, por 21 países de la región. En abril de ese año fue suscrita la “carta de la organización de estados americanos” que dio origen a este ente hemisférico que se planteó desde el principio “fortalecer la cooperación mutua en torno a los valores de la democracia, defender los intereses comunes y debatir los grandes temas de la región y el mundo”. Hoy en día está integrada por 34 países miembros a saber: Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belize, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Grenada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, Suriname, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. Cuba fue excluida en 1962 en plena guerra fría por su alineamiento con la antigua Unión Soviética y por la influencia estadounidense en la región. En 2009 formalmente los países pidieron su reingreso, pero la isla aún no ha decidido su reincorporación. Con los cambios geopolíticos en el hemisferio, en 2010 se creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe que busca reorganizar el concepto de integración regional sin el peso preponderante de los Estados Unidos y Canadá. No obstante, esta iniciativa se ha visto lentificada a propósito de los gobiernos de nuevo signo ideológico en Argentina, Brasil, Paraguay y Chile; además de los esfuerzos diplomáticos de los EEUU, su acercamiento con Cuba y el relanzamiento de su imagen han provocado un potenciamiento de la OEA que ha actuado en varios eventos en el hemisferio en los últimos años. La llamada Carta Democrática Interamericana aprobada el 11 de septiembre de 2001, en sesión especial de la Asamblea  en Lima, Perú, es un instrumento que proclama como objetivo principal el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática, al establecer que la ruptura del orden democrático o su alteración, que afecte gravemente el orden democrático en un Estado (país) miembro, constituye “un obstáculo insuperable” para la participación de su gobierno en las diversas instancias de la OEA. implica en lo político, “el compromiso de los gobernantes de cada país con la democracia teniendo como base el reconocimiento de la dignidad humana.” También es muy importante recalcar que fue expedida “como herramienta de actualización e interpretación de la Carta Fundacional, dentro del espíritu del desarrollo progresivo del derecho internacional. Es decir, es un instrumento para afianzar el carácter democrático de los países de la región.

El sistema interamericano no ha estado exento de polémicas. Se le ha acusado de estar al servicio de los intereses de Estados Unidos exclusivamente. También de ser totalmente inoperativo para resolver las disputas regionales y los retrocesos en algunas democracias. Sin embargo, ha sido un largo proceso de construcción común en medio de las diversidades y pluralidades que siempre han coexistido en el continente americano. Recordemos que en esta parte del mundo hay países con influencia británica, hispánica, portuguesa, holandesa, francesa y aborigen en mayor o menor proporción según el caso. Esto ha dificultado los procesos de integración regional y subregional; no obstante, la suma de respuestas y actividades de promoción de la democracia y los derechos humanos en general llevados a cabo desde el sistema interamericano ha rendido frutos de enorme importancia a pesar del severo cuestionamiento que algunos voceros en particular han desatado en diversos momentos de la historia en contra de la OEA. Especialmente, voceros a los que no les interesa para nada el concepto de democracia.

La Carta Democrática Interamericana no es un instrumento para menoscabar democracias o intervenir en ellas. Todo lo contrario. Es un mecanismo que amplia las posibilidades de consolidar los procesos de democracia en el hemisferio. Su artículo 3 dictamina: “Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.” Por tanto debemos decir que es una herramienta extremadamente útil para tratar de corregir desviaciones con esquemas netamente diplomáticos…