El síndrome de la abeja reina

Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

“Bella sin alma” es el título de una canción famosa por los 80s cantada por Ricardo Cocciante y escrita por Sergio Dalma… Dice en una estrofa: …”Y ahora siéntate, allí de frente a mí /escúchame muy bien y sin interrumpir / hace ya tiempo que, quería decírtelo…./ Tratar de convivir, inútil resultó, todo sin alegría, sin una lágrima/ nada para agregar, ni para dividir/ Tu trampa me atrapó y yo también caí/ que pase el próximo, le dejo mi lugar/ pobre diablo……qué pena me da / bella sin alma”…

Si ubicamos la letra fuera del contexto romántico de pareja y la cantamos pensando en una mujer jefa, aplica bastante bien. Una tipa sin corazón, incapaz de ser empática, que busca el poder a toda costa, con la cual es muy difícil trabajar.

Las he conocido. Técnica e intelectualmente sólidas, bien preparadas, dominio de sus tareas al 100%, competencias cognitivas a toda prueba. Voluntariosas, trabajadoras, esforzadas, proactivas. Hasta allí 20 puntos.

El problema es que no saben relacionarse con otros. Entienden que el ejercicio del poder es una competencia extrema. Quieren y logran reconocimiento de los más altos niveles. Son encantadoras con quienes pueden abrirle puertas, pero sanguinarias con los que se las pueden cerrar. Saben llegar, y lo que está en el camino les estorba.

Sufren de lo que se llama el “síndrome de la abeja reina”, marcan su territorio y no permiten que nadie, sobre todo otra mujer, les haga competencia. Este síndrome describe a una mujer en una posición de autoridad que trata con mayor dureza a sus subordinadas mujeres que a subordinados varones.

Ellas buscan entrar al club de los hombres que se encuentran en una posición de poder, haciendo suyos los sesgos de género existentes en el mundo laboral, mostrándose más machistas que los propios machos. Al distanciarse de las mujeres subordinadas, tienen la oportunidad de mostrar cualidades más masculinas, consideradas tradicionalmente como más deseadas en los puestos de trabajo. Haciendo esto, intentan legitimar su posición de poder y tratan de obtener una mayor seguridad laboral. Se convierten en las guapas y apoyadas de la oficina.

Al no tener modelos referenciales de jefas, directivas y propietarias femeninas, las mujeres de carrera han tenido que copiar el estilo de jefatura preponderantemente masculino lleno de testosterona, que entiende el poder como competencia pura y dura. El problema es que socialmente una mujer agresiva y altamente competitiva es mal vista tanto por sus pares mujeres como por los hombres. Es una amenaza evidente a la cual le surgen instantáneas resistencias.

Sumisión, flexibilidad y cooperación correlacionan positivamente con ser mujer. Asertividad, enfrentamiento y autoridad, no. Pero son justamente estas últimas competencias las que más se valoran en las organizaciones para obtener la tan deseada promoción. Por ello muchas nos vemos en la necesidad de caminar por una delicada línea para conseguir lo que queremos, pero sin pasar al lado abierto de la ambición por el poder, para no ser rechazadas.

Quizás por esa razón estamos tan pocas en posiciones altas en las organizaciones, porque siendo mujeres intentamos llegar con las mismas estrategias masculinas. La percepción del esfuerzo que hay que desplegar para lograrlo desanima a la mayoría. Otras nos masculinizamos bajo la premisa de que eso es lo que se necesita para llegar.

Un camino diferente y más pro igualdad de género, sería defender el derecho a liderar con nuestro propio estilo para acceder a posiciones en la cima. Tenemos un capital relacional disponible para explotar y apalancarnos desde allí para conducirnos de una manera diferente. Pero al mismo tiempo, es necesario lograr incidir en la mentalidad de los conductores de las empresas para que abracen la inclusión y valoren las competencias femeninas como válidas y deseables en el contexto laboral.

A los y las jefas nos miden por alcanzar resultados. Ese logro se produce por la sinergia y alineación de mucha gente, a quienes hay que saber cómo orquestar con más de seducción, motivación, acercamiento y coaching, que imposiciones y “chapeo” desde la autoridad. Más humildes que prepotentes, más líderes que jefas, más cercanas que distantes, sobre todo con las de nuestro propio género. Bellas, pero ojalá que con mucha alma.

Foto: managementejournal.net

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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