El regreso de la oposición al tablero electoral

Leopoldo Puchi

Sociólogo. Secretario General del MAS 1996-2006. Ex diputado al Congreso y a la Asamblea Nacional. Miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999. Ex Ministro del Trabajo y de la Familia. Premio nacional de periodismo de opinión. Analista. Columnista

En una medida considerable, el debate político venezolano se ha traslado al exterior. La explicación principal de que esto sea así tiene que ver con el hecho de que Venezuela se ha desplazado fuera de su eje tradicional geopolítico, el estadounidense, lo que ha generado una reacción destinada a contener dicha separación. Hay, por supuesto, consideraciones ideológicas relacionadas con el modelo de sociedad, pero sobre todo cuenta la nueva dinámica de la multipolaridad mundial.

Otro elemento que también ha influido en el peso que ha tomado el escenario internacional en el debate político nacional ha sido el debilitamiento de la dirigencia de la oposición interna, luego de los serios errores cometidos al abandonar, a partir de 2016, la estrategia electoral construida a pulso durante casi una década y que le había brindado éxitos significativos y una indiscutible opción de triunfo. La consecuencia ha sido el eclipse de la vocería, el desaliento de los seguidores y el descontento de estos con la dirigencia.

En estas circunstancias, el cuadro internacional ha cobrado mayor relieve, e incluso se llegó a pensar que el escalamiento del bloqueo económico o una intervención armada sería el factor decisivo. Sin embargo, el escenario de la política internacional no ha permanecido estático y se han desinflado las condiciones que alimentaban estas expectativas. Vale señalar que, luego del freno a los planteamientos más radicales en la sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos celebrada en mayo, el peso político del senador Marco Rubio –un factor muy activo en la política hacia Venezuela– ha disminuido, al menos transitoriamente.

Del mismo modo, la gira del vicepresidente estadounidenses Mike Pence por varios países latinoamericanos ha respondido más a una planificación previa y no ha tenido el impacto buscado. Por lo demás, no era una idea acertada la visita a un campo de migrantes en Brasil sin antes haber ido a visitar los campos de migrantes en la frontera con México, en particular en medio del escándalo por la separación de los niños de sus padres. El contraste es visible entre la conducta de Washington y de Brasilia, más atenta y respetuosa de los cánones sobre el trato a los inmigrantes.

Por otra parte, habría que destacar que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en México modifica fuertemente la correlación en relación con Venezuela, porque se alejaría de la posición beligerante asumida por Enrique Peña Nieto. A esto se le debe añadir el debilitamiento interno del peruano Martín Vizcarra, lo que afecta directamente al Grupo de Lima. Y en la Unión Europea, la designación de Pedro Sánchez conduce a España a una actitud más moderada, cercana a Portugal y Grecia. En cuanto a Colombia, sería difícil que pudiera liderar una coalición para intervenir directamente en territorio venezolano.Estas circunstancias pudieran hacer que el debate sobre Venezuela se concentre de nuevo al interior del país.

Para ello sería necesario que los partidos de oposición retomen la iniciativa interna desde el campo de sus fortalezas: el electoral, y reconstruyan el piso sociopolítico que se les ha ido diluyendo. En esta dirección, la decisión crucial es si participarán o no en la elección de concejales prevista para diciembre y en el referendo referente a los cambios en la Constitución.

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