El posicionamiento ante el conflicto en Venezuela

Francisco Alfaro Pareja |@franciscojoseap

Analista político. Doctor en estudios de paz, conflictos y desarrollo. Investigador externo del Instituto de Desarrollo Social y Paz de la Universitat Jaume I.

Venezuela está en una noche larga, entre el nostálgico atardecer de un régimen imperfecto de libertades que se perdió y un nuevo amanecer que todos esperamos, donde aprendamos de nuestros errores para construir una democracia más sólida y fortalecida. Todos sabemos que lo que viene en el país va a ser complejo. Más aún de lo que es hoy. El gobierno cruzó nuevas líneas rojas en detrimento de las pocas instancias democráticas que quedaban en el país. La instalación de la nueva Asamblea Nacional Constituyente, sin haber sido convocada por el soberano y bajo bases comiciales no universales, abrió este nuevo capítulo en un año en donde más de un centenar de personas perdieron la vida en defensa de los derechos políticos, miles fueron heridos y otros cuantos continúan presos por razones políticas. Por otra parte, no hay que ser un economista para darse cuenta de que el tsunami que viene en los próximos meses será devastador. Finalmente, la destrucción del tejido social y la pérdida de talento humano en los últimos años, prevén a corto y mediano plazo consecuencias nunca vistas en Venezuela. Ante este panorama difícil, que plantea dilemas existenciales a todos los habitantes del país, sólo está en nuestras manos decidir dónde y cómo nos posicionamos, tanto a nivel macro como micro.

El primer elemento tiene que ver con procesos de maduración y aceptación a nivel macro. En Venezuela la democracia liberal, que ya en los años 90 estaba en crisis por violencias estructurales no resueltas, fue progresivamente socavada a partir de la primera década del siglo XXI. Específicamente, a partir del año 2007 cuando se buscó imponer el modelo del Socialismo del Siglo XXI por vías supra constitucionales y supra institucionales. Sin embargo, es a finales del año 2015 cuando dicho proceso se acelera debido a la pérdida de apoyo popular por parte de la coalición gobernante. Pasamos en pocos meses de un autoritarismo competitivo a otro más cerrado y con vocación totalitaria.

Todo túnel tiene una luz al final. Lo importante es saber qué tan largo es ese túnel, en qué tramo nos encontramos y qué factores pueden retrasar o adelantar nuestra salida. El regreso a una democracia liberal, es un camino largo y lleno de obstáculos. La ineptitud en materia económica y financiera mostrada por el gobierno (deliberada o no), así como la presión internacional, puede acelerar una situación desencadenante que podría, por una parte, adelantar el cambio de Maduro en el poder por algún otro grupo o, dependiendo de su nivel de intensidad, una cohabitación con algunos factores de la oposición o incluso una fractura de la coalición gobernante que arrastre al país a un conflicto de mayor violencia. Quizá la vuelta al autoritarismo competitivo, previo al 31 de marzo, sea el primer y desagradable paso para un lento retorno a un sistema democrático.

Es importante ser franco con los ciudadanos sobre lo que vendrá en el futuro. Las experiencias de transición a nivel mundial muestran que estos procesos suelen ser largos y complejos, que mucho dependen de la coalición gobernante, de la maduración de su fracaso, de su comprensión sobre la necesidad de cambios para sobrevivir o, en última instancia, de su ruina ante la incapacidad de cambiar. Por parte de la oposición, mucho depende del nivel de corporatividad que posea, de los apoyos que vaya logrando (incluso dentro de la propia coalición gobernante), del aprovechamiento de las coyunturas y de la identificación de sus fortalezas y debilidades en torno a una estrategia realista. El tema de la conjugación entre aplicación de justicia, transición hacia la democracia y el mantenimiento de cierta estabilidad es uno de los más complejos. En todo caso, mucho de lo que viene dependerá de estos factores y del manejo de la impaciencia que de los que quieran llegar al poder y del miedo de los que se van. No todos llegarán, ni todos se irán.
Por otra parte, a nivel micro, el posicionamiento personal del ciudadano de a pie ante el conflicto es crucial en estas circunstancias y las que vienen.

Recientemente estuve en un evento denominado Pasión País, donde se presentaron experiencias interdisciplinarias de venezolanos que, a contracorriente y bajo todas las dificultades, emprenden de manera exitosa diversos proyectos a nivel nacional. Sin desconocer que el contexto es muy duro y el futuro es incierto, mostraron que en la actual situación mucho depende de cómo nos posicionamos. Hay factores externos y otros que dependen directamente de nosotros. La actitud y la voluntad son dos elementos claves. Venezuela vive una especie de quema que avanza devorando todo a su paso. La violencia estructural, directa y cultural, nos ha tocado a todos de alguna manera. Sin embargo, después de la quema florecen los árboles que resistieron, fortalecen sus raíces, crecen o les dan paso a los más pequeños. Al igual que la paz, que es masiva pero silenciosa, los venezolanos que se levantan día a día desarrollando actividades ingeniosas, emprendedoras y de franca voluntad contra todo pronóstico, son una mayoría que lamentablemente pasa desapercibida. Los venezolanos no somos sólo petróleo, bellos paisajes y mujeres, una gastronomía propia, un clima envidiable, sino también mérito, trabajo, esfuerzo y pasión. Los aportes de Venezuela al mundo a lo largo de sus 200 años de historia republicana son importantes en diversas áreas. La reserva moral de este país es aún fuerte y su sociedad civil es resistente y proactiva.

Posicionarse implica saber también qué puedo aportar yo en medio de este contexto. Todos somos parte de una red, de una telaraña, de un microcosmos. Tenemos familia, amigos, compañeros de trabajo, del deporte, de una afición, de un chat. Nuestra posición varía a nivel jerárquico en cada uno de esos ámbitos. Identificar esa capacidad que ya tenemos nos permite empoderarnos de una herramienta en la que podemos tener grados de influencia para promocionar de ideas, contagiar de optimismo, ser pedagogos políticos, crear o afianzar puentes, impulsar proyectos, crear alianzas. En fin, nosotros decidimos si somos un simple nudo pasivo en la telaraña de la vida o somos la araña que la refuerza, la amplía y la transita con el propósito de fortalecer lazos de unión en pro del país. Volviendo a la analogía del túnel, podemos decidir ser simplemente objetos pasivos de un tránsito o sujetos activos, pequeños bombillos de luz que ayuden a iluminar el camino hasta su salida.

Finalmente, y no menos importante, es la característica Homo Convivialis de nuestro pueblo, categoría que es desarrollada por el padre Alejandro Moreno a lo largo de sus estudios en medio de comunidades populares y carcelarias. Esta consiste en la preponderancia que los venezolanos damos a la convivencia por encima de otras dinámicas. César Gaviria, ex Secretario General de la OEA y ex mediador en el conflicto venezolano, identificó esta peculiar característica que, a puertas cerradas, siempre le despertó curiosidad y admiración. Por mucho menos de lo que había pasado entre 2002 y 2003 en Venezuela otros países ya se estaban matando por causas políticas. Han pasado tres lustros y, aunque los muertos por causas políticas son cada vez mayores, los venezolanos todavía evitamos a toda costa llegar a consecuencia mayores que puedan implicar un conflicto intra estatal de gran escala. Esta característica sociocultural, unida a la capacidad antropológica de los seres humanos quienes mayoritariamente regulamos nuestros conflictos por vías pacíficas, es un valiosísimo activo, una ventaja comparativa importante para contrarrestar la deliberada intención de polarizar a la sociedad y desnaturalizar al otro en un conflicto violento y que tanto daño ha hecho al tejido y la paz social.

Lo que viene no es fácil. Churchill dijo una vez a sus conciudadanos que sólo podía prometerles sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor ante lo que se venía sobre Gran Bretaña por la avanzada nazi en Europa. Sincerar la situación, ser franco ante lo que es ya evidente, es un primer paso para la aceptación y para avanzar en la superación de un conflicto. No obstante, tanto o más importante es reconocer y empoderarnos de las capacidades y ventajas de las cuales disponemos ante la situación actual: cómo me posiciono, qué actitud asumo, de qué redes formo parte, qué alianzas puedo generar, cómo puedo aportar a mi entorno y a mi país. Asumir la situación por dolorosa que esta sea y decidir voluntariamente cómo me posiciono para avanzar, contribuir al cambio es la clave. Esto es lo único que está en nuestras manos. Y, aunque parezca poco, puede ser el paso más importante para empezar a salir del túnel y amanecer de la noche larga.

Foto: Cortesía del blog Agenda Política

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  • Don Periñon

    No es aceptable que un régimen comunistoide cubanoide siga expoliando a todo un pueblo en nombre de una falsa revolución. Estamos en el siglo xxi.