El plan de Cabello para salvarse del naufragio político de Maduro

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

El madurismo vive horas aciagas. En su interior sabe que la crisis económica va a terminar por tumbarlo. No existe aumento salarial ni mal llamados “bonos de protección” que puedan contener y menos tolerar una inflación tan desbocada como la que afecta el bolsillo de los venezolanos. En una economía importadora como la nuestra, que sufre los rigores de una tasa paralela que representa unas diez veces el valor de la tasa oficial, y sin tener divisas para afrontar las compras internacionales de alimentos y medicinas, este gobierno, por más que intente concluir su mandato, en algún momento todo lo que haga será inútil, es decir, sus ejecutores terminarán fuera del poder.

Que los precios de alimentos básicos, como por ejemplo, carne, pollo, atún, huevos, leche, verduras, legumbres, hortalizas, en sus diferentes medidas por kilo, litro o unidad, superen hasta las seis cifras altas en bolívares, nos coloca en una situación cada vez peor para las familias. El comer se ha hecho una lucha de supervivencia. El gobierno, por acabar con la escasez y desaparecer a juro las colas, terminó destrozando el poder adquisitivo de los venezolanos al permitir la importación de los productos con la llamada tasa libre ¿Cómo entender que un kilo de cualquier alimento supere en dos y tres veces el salario mínimo? Eso no es “socialismo”. Es barbarie económica.

Hemos llegado al nivel de ver a niños o adolescentes robando auyamas. Otros roban lo que encuentran en los conucos. Damas metiéndose sobres o productos en sus zonas intimas en un supermercado. El hambre no distingue pensamiento, sexo, edad ni pundonor. Cuando se tiene hambre y no existe dinero para mitigarla, nos encontramos con el dilema, entre robar o vernos desfallecidos y hasta en riesgo de morir. Esa es la verdad. Si te mantienes fiel a tus principios, y decides no robar por hambre, te queda el pedir comida, limosna o hurgar entre la basura. Es un dilema existencial que nos roba hasta la dignidad humana.

De manera irresponsable el madurismo nos ha lanzado hasta las arenas movedizas de la podredumbre social. Es una doctrina que sólo se aferra al poder. En ellos no existe interés por el pueblo, menos por resolver esta dramática situación. En ninguno de sus discursos Maduro dice cómo va a derrotar a la inflación. Sólo se limita a hablar en un discurso trasnochado de una “guerra económica” que sólo está enquistado en su mente y de quienes conforman su grupo de adláteres. Por el contrario, sólo se limitan a tratar de recuperar parte lo que nos devora la inflación con “aumentos” salariales basados en la creación de dinero inorgánico, muy apartados del aumento de la producción y la diversificación de la economía.

Maduro pretende “acabar” con el rentismo, pero sólo habla de buscar alternativas que defiendan los precios del petróleo y ha “creado” una ridícula “criptomoneda” que podemos decir: “murió al nacer”. Con tales argumentos, implícitamente reconoce que no tiene las herramientas para volver a importar y menos apuntalar el campo con semillas, maquinarias y producción agrícola en niveles aceptables. Igualmente, sus discursos, que han llegado al nivel de las “señas”, dejan entrever que no tiene alternativas para sacar a Venezuela de la crisis.

En consecuencia, Diosdado Cabello, al ser el individuo más radical en el seno del madurismo, irónicamente prepara el golpe ante una salida forzada del actual presidente por una explosión social, porque en definitiva a ellos jamás les ha importado el pueblo.

Diosdado Cabello sabe lo que hablo. Por ello, intenta evitar que Maduro sea pulverizado por las fuerzas sociales, pero ni aunque en la hipotética elección presidencial nos diga el Consejo Nacional Electoral (CNE) que el presidente fue “reelecto” con el 80% de la participación y más de “10 millones de sufragios”, será evidente, ante la opinión pública nacional e internacional, el fraude sobre la voluntad popular, máxime si la oposición decide no participar en tal proceso eleccionario con semejantes condiciones de ventajismo.

Cabello tiene preparado su plan golpista para intentar salvarse ante el naufragio político de Maduro. Esa es la razón por la cual se convirtió en el vocero de un llamado adelantado de “elecciones” por parte de la ilegítima e ilegal constituyente. Verbigracia, intuye que Maduro no tiene manera de seguir gobernando a Venezuela, y ante esa realidad, ejecutan como primer plan una elección totalmente violatoria de la Constitución y nuestras leyes, pensando que pueden sortear el presente político, pero la verdadera planificación la ejecuta con el ala más radical del madurismo a través de un golpe de Estado que lo coloque en la silla de Miraflores, cuando Maduro no tenga ninguna opción en el contexto político.

El golpe está montado, y no es precisamente el imperio, ni la oposición quienes lo tienen en agenda ¿Será capaz Diosdado Cabello en desmentir lo que digo, o espera que sigamos develando sus intenciones de poder corrompido? Estoy seguro de que jamás podrá desmentirnos. No en balde, Cabello acaba de anunciar una “propuesta” también de adelantar las elecciones de la Asamblea Nacional. El final de este gobierno, contradictoriamente, será rojo–rojito.

A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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