El país va por un lado y la patria por otro

Ranchos Yaguara

Piero Trepiccione

Politólogo con especialización en gerencia social. Actualmente es el coordinador general del Centro Gumilla en el Estado Lara. Profesor universitario de pre y postgrado. Analista político y de tendencias electorales. Columnista de opinión. Locutor y conductor de programas de radio.

El sacerdote jesuita y teólogo investigador Pedro Trigo señala que el concepto de país une mientras que el de patria divide. Son dos nociones que hoy más que nunca parecen entrar en franca contradicción en una Venezuela que vive algunas particularidades muy diferentes a lo que ocurre en América Latina y el resto del mundo. El país es una manera de identificar a la nación, es un cúmulo de elementos idiosincráticos que caracterizan a una población históricamente acoplada sobre unos rasgos culturales muy bien definidos. Es una noción que se asocia a una identidad clara: el ser venezolano. La patria por otra parte, es un concepto fundamentalmente ideológico y sesgado, con una orientación claramente reivindicativa de unos contra otros reflejándose así su carácter excluyente y divisorio.

Si queremos que en Venezuela se resuelvan las disputas políticas que actualmente dañan la convivencia ciudadana y con mayor impacto y profundidad la economía; es necesario agruparnos en torno al concepto de país. Este es el único que despolariza la opinión pública y apuntala los mayores niveles de identidad y respaldo popular. La empresa encuestadora Datincorp presidida por Jesús Seguías, ha realizado una extraordinaria investigación de campo donde se determinan que son muchísimas las razones que nos unen en torno al país y muy pocas –casi nulas- las que nos dividen aún.

En el análisis de cohesión política de Datincorp realizado en el mes de julio de este año en todo el territorio nacional se determina que el ochenta y tres por ciento de los chavistas apoyan las propuestas económicas esbozadas por los opositores, un noventa por ciento de los opositores mantiene esa línea de apoyo mientras que el ochenta y siete por ciento de los llamados ni-ni también se alinean en esa dirección. Lo paradójico del asunto es que a pesar de las coincidencias, éstas no se saben ni se manifiestan públicamente como para que sean canalizadas institucionalmente en esa dirección.

Pero hay muchas cosas más interesantes en este estudio llevado a cabo a mediados de julio. En lo que se refiere al respeto a la constitución y las leyes el ochenta y cuatro por ciento de los chavistas se mantienen firmes en relación a esta postura. Los opositores la respaldan con el ochenta y ocho por ciento y los ni-ni con un ochenta y tres por ciento. El respeto a la propiedad privada que es eje central de las propuestas opositoras nos muestra un respaldo de los chavistas de un setenta y ocho por ciento mientras que los opositores se alinean en ella con un noventa y siete por ciento y los ni-ni con un noventa y tres por ciento. Es decir, la noción de propiedad privada nos une ampliamente y en términos absolutamente despolarizados aún en las actuales circunstancias en las que la lucha política pareciera estar extremadamente polarizada.

En relación al apoyo a la producción nacional es contundente el respaldo masivo a esta propuesta. El noventa por ciento de los chavistas la apoya mientras que los opositores están ampliamente de acuerdo con ella en un ochenta y seis por ciento. Los ni-ni se aglutinan en un contundente noventa y dos por ciento. Vale decir entonces que el país entero y no la patria, respalda consensuadamente una propuesta de carácter económico que tiene que ver con la promoción de la producción nacional y el fortalecimiento de nuestra economía. En la misma direccionalidad nuestro país opina que se debe reducir la dependencia de la renta petrolera. Los chavistas en un sesenta y dos por ciento, los opositores en un setenta y siete por ciento y los ni-ni con un setenta y tres por ciento.

Como vemos, son muchas más las coincidencias que tenemos en Venezuela que las diferencias. No obstante esas coincidencias apuntalan a la venezolaneidad edificada como país y no como patria. El país está asociado al diario vivir, a la cotidianidad, al esfuerzo de la gente para afrontar las difíciles circunstancias que se viven hoy día. La patria por lo contrario es ideológica, excluyente y divisoria. El país convive con la realidad, la patria es etérea.

Desde las bases, desde la sociedad, desde las coincidencias se debe obligar a la unificación del país. La patria nos ha dividido mientras que el país nos mantiene firmes y unidos. La despolarización desde hace rato está cediendo terreno, quienes no lo comprendan ineludiblemente van a ser rebasados por los deseos de cambio. El noventa y cinco por ciento de la población ve negativamente la situación actual del país. Esto no tiene precedentes en nuestra historia contemporánea. Tenemos que aprender a leer las señales de la opinión pública para evitar colapsos y rupturas nada saludables.